Vida después de La Moneda

Patricio Navia

La Tercera, Reportajes, marzo 7, 2004

 

De los tres presidentes en democracia, Ricardo Lagos es el que mejor se desenvuelve en las grandes ligas de la política exterior. Ahora que se acerca el final de su mandato, comprensiblemente aumentan las especulaciones sobre su posibilidad de asumir un liderazgo internacional institucional.

 

Es difícil ser ex presidente. Las alternativas laborales académicas, intelectuales o empresariales no siempre están disponibles ni resultan atractivas. En las naciones desarrolladas, la tradición o las restricciones constitucionales a menudo obligan al retiro político definitivo. Para poder ejercer influencia y contribuir a sus causas favoritas, los ex presidentes deben buscar espacios que les permitan relevancia sin convertirse en obstáculos para sus sucesores.

 

En la democráticamente inestable América Latina, muchos ex presidentes abrigan impacientes esperanzas por volver al poder. Y en algunos casos, son aglutinadores de conspiraciones y esfuerzos para derribar gobiernos débiles. En las democracias más consolidadas, a menudo son potenciales candidatos presidenciales o líderes de la oposición en la sombra.

 

En Chile, los ex gobernantes también han sido fuente ocasional de conflictos. Pinochet fue una piedra en el zapato para Aylwin y Frei, pero también para la propia derecha. Fue sólo después de su arresto en Londres que se lograron consolidar liderazgos alternativos creíbles en la derecha. Pese a que Aylwin expresó su inconformidad por no poder ser senador vitalicio, esa prohibición terminó favoreciendo al venerado ex presidente. Aunque ocasionalmente sale en defensa de su gobierno o actúa como reserva moral de su partido, la Concertación y el país, Aylwin exitosamente resistió la tentación de volver a la política activa.

 

La decisión de Frei de lanzar una nueva campaña presidencial ha generado tensiones en la Concertación. Frei ha decidido poner en juego su exitoso legado en una apuesta que le significará enormes costos en caso de no salir airoso.

 

Para evitar la tentación de poner en juego su legado, Lagos pudiera querer buscar terminar su carrera fuera de Chile. A diferencia de sus antecesores, Lagos habla fluidamente el inglés. Su trayectoria académica y sus reconocidas preocupaciones intelectuales lo convierten en uno de los líderes más globalizados de América Latina. Es común ver a Lagos más entusiasmado en sus giras al exterior que enfrentando las rencillas políticas que caracterizan nuestra cotidianeidad. Incluso cuando habla en provincia, Lagos nunca deja de pensar en la audiencia internacional.

 

Por otro lado, para un líder solitario acostumbrado a mandar y un político que consolidó su carrera en puestos ejecutivos, la alternativa de llegar al Senado como vitalicio es poco atractiva. Lagos nunca ha brillado en el trabajo en equipo. Aun si albergara la esperanza de volver a competir por la Presidencia en diciembre del 2009 (después de la reforma constitucional que reduzca el período presidencial), Lagos sabe que una presencia activa en la Cámara Alta le haría más daño que bien. Si además entiende lo improbable que resulta volver a la Presidencia a los 72 años, sus planes post Moneda necesariamente tienen que tener un aire más internacional que doméstico.

 

A dos años de que entregue la banda presidencial, es el propio Lagos quien empieza a pensar en algún importante organismo internacional como su siguiente objetivo en la vida, después de haber logrado ser el primer socialista que entra y sale triunfante del Palacio de La Moneda.

 

De lograr hacerlo, produciría muchos beneficios adicionales. Su decisión de alejarse de la política doméstica permitirá la nuevamente necesaria renovación y actualización de la izquierda nacional. Por otro lado, si logra retirarse definitivamente de la política doméstica, Lagos consolidará una tradición iniciada por Aylwin, ayudando a consolidar una democracia donde la fortaleza de las instituciones es mucho más importante que los nombres de los que ejercen los cargos.