¿Y por qué sí?

Patricio Navia

La Tercera, marzo 6, 2004

 

La polémica suscitada en torno al lema de la reciente campaña del gobierno para celebrar el día internacional de la mujer (¿Y por qué no?) refleja tanto los temores de una derecha poco acostumbrada a llegar al poder en elecciones democráticas como la tentación de promover un cambio de forma más que de fondo que seduce a muchos en la Concertación.

 

Al denunciar una supuesta intencionalidad política en la campaña, la UDI cometió dos errores. Primero, ayudó a muchas personas a hacer una lectura política de lo debía ser una campaña optimista que celebra los avances de la mujer. Segundo, demostró demasiada preocupación con evitar contendientes capaces de competir en popularidad con Joaquín Lavín. Aunque la estrategia ha funcionado con el pasado con los presidenciables de RN, la intención de debilitar los liderazgos de la Concertación refleja la desconfianza que genera en la propia UDI el liderazgo ausente del alcalde de Santiago (que finalmente no se atrevió a presentarse a la re-elección pese a haber anunciado su intención de hacerlo.) La preocupación excesiva de la UDI sobre el candidato de la Concertación también refleja la difícil relación del gremialismo con la democracia. Demostrado en su favoritismo por el sistema binominal (donde casi en forma independiente de cómo vote la gente, terminan siendo elegidos uno por cada coalición), la UDI prefería que el nombre del presidente se negociara también a puertas cerradas. El discurso derechista de alternancia en el poder refleja la carencia de ideas y la debilidad de su propuesta de cambio. Al invitar a ‘votar por mi porque ellos ya llevan mucho tiempo en el poder’, Lavín sólo evidencia la inocuidad del ¡viva el cambio! Más que subrayar las fortalezas de su candidato, y demostrar su compromiso con la transparencia haciendo públicas las fuentes de financiamiento de la que ha sido la campaña electoral más cara y larga de la historia nacional, la UDI ha optado por ocultar las evidentes debilidades de su candidato denunciando supuestas intenciones electorales en la campaña del SERNAM.

           

Por su parte, la tentación de enarbolar el ¿y por qué no? como lema electoral de la Concertación demuestra que la escasez de ideas no es privativa de la derecha. Peor aún, después de llegar al poder dotada de ideas, proyectos y sueños, algunos en la Concertación sólo demuestran su agotamiento intelectual al seducirse por la tentación de articular un mensaje electoral basado simplemente en un cambio de viejos pantalones por nuevas faldas. Pero ante la ausencia de ideas y proyectos, lo meramente estético es pésimo sustituto.

 

A la vez que se fortalece la oposición a primarias abiertas y vinculantes para escoger al presidenciable, los partidos de la Concertación están más preocupados de posicionar nombres que de discutir ideas. En parte esto se debe a que las divisiones ideológicas y programáticas entre el centro y la izquierda, entre conservadores y liberales, y entre estatistas y libre-mercadistas superan con creces los acuerdos entre los diversos grupos que conforman la coalición de gobierno. Hasta que se retiró forzadamente de la vida pública, la Concertación se mantuvo unida gracias a la presencia amenazante de Pinochet y su legado autoritario. En la medida que dicho legado se debilita y tiende a desaparecer, la propia unidad de la Concertación se ve amenazada. Al insistir en un mito fundacional que ya no entusiasma a nadie, la Concertación sólo cavaría su propia tumba.

 

Los partidos políticos en el gobierno generalmente son capaces de mantener la unidad si se trata de conservar el poder. Pero cuando la decisión sobre quién gobernará queda en manos del electorado, y hay ofertas alternativas aceptablemente atractivas, no basta con disfrazar estéticamente un mensaje otrora exitoso y ahora agotado. El presidente Lagos está hoy más preocupado de su legado personal que del futuro de su coalición. Después de cuatro años en el poder, no ha buscado la unificación de su sector que, de ser un solo partido, sería el más grande del país. Lagos parece más preocupado de su popularidad que de aprovechar la oportunidad de reemplazar a Allende como el referente político de la izquierda chilena. Porque ni el presidente ni los partidos demuestran interés, los presidenciables que pudieran ayudar a refundar a la Concertación no están recibiendo el apoyo logístico ni de propuestas necesarias para complementar su reconocida popularidad con propuestas concretas de gobierno.

 

Para ganar el 2005 no basta con hacer las cosas bien, tener crecimiento saludable y bajas tasas de desempleo. Se precisa un mensaje de futuro y una visión de país que convoquen y entusiasmen a los de siempre y atraigan nuevos adherentes. Hay que adoptar una estrategia ofensiva con una respuesta sólida, concreta, entusiasta e incluyente para la pregunta verdaderamente importante: ¿y por qué sí? Es cierto que Chile necesita fuerza de mujer. Pero para ganar el próximo año, la Concertación necesitará la fuerza de las ideas, el entusiasmo de la renovación y una mezcla equilibrada de cambio y continuidad que convenzan al electorado que vale la pena tener a la misma coalición de gobierno, con faldas o pantalones, por 6 años más en el poder.