JFK II, las copias nunca son como el original

Patricio Navia

La Tercera, domingo, febrero 15, 2004

 

 

John F. Kerry gusta de las comparaciones que se realizan con la más simbólica de las figuras demócratas recientes: John F. Kennedy. Pero ni Kerry representa una nueva versión de JFK ni Estados Unidos es el mismo país que lo convirtió en una de sus figuras más veneradas. Para obtener una sorpresiva victoria este noviembre, Kerry tendrá que resaltar su integridad moral y experiencia gubernativa más que su condición de predilecto demócrata e ilustre político del elitista Massachussets.

 

Cuando John Forbes Kerry nació el 11 de diciembre de 1943, JFK se convertía en héroe de la Segunda Guerra Mundial a los 26 años. Cuando Kerry cumplió 10 años, JFK ya era senador por Massachussets. Poco antes de cumplir los 20 años de edad, mientras estudiaba en Yale, Kerry sufrió junto a millones de otros americanos del asesinato de JFK el 23 de noviembre de 1963. Tres años más tarde, Kerry se enlistó en la Armada para combatir en Vietnam. Después de convertirse en héroe de guerra y estudiar Derecho, Kerry ganó un escaño senatorial por Massachussets en 1984. Este año, JFK II espera seguir los pasos del JFK original y convertirse también en Presidente de Estados Unidos.

 

Pero aunque JFK sea uno de los presidentes mejor recordados, su desempeño electoral distó mucho de ser avasallador. En 1960 derrotó a Nixon por 115 mil votos (0,2%). Su catolicismo en un país mayoritariamente protestante, su pertenencia a la elite financiera y cultural demócrata, que lo distanciaba del americano promedio, y su incapacidad para ganar estados clave en la contienda hicieron de su victoria la más ajustada hasta las presidenciales de 2000. De hecho, en lo que más se parecen Kerry y JFK es que todos los analistas anticipan que una victoria del demócrata, además de sorpresiva, sería inevitablemente ajustada.

 

Como comprensiblemente los estrategas de Bush no gastarán demasiado dinero en los estados donde tienen la victoria o la derrota asegurada, el énfasis electoral y los cuantiosos recursos financieros de la campaña republicana se centrarán en los estados más disputados. El predominio republicano en un número superior de estados, la inevitable ventaja de ser el presidente en ejercicio y la abrumadora cantidad de dinero ya recaudada para su campaña convierten a Bush en un gigante electoral casi invencible.

 

Ahora bien, la candidatura demócrata no está inevitablemente destinada al fracaso. Las  recientes revelaciones sobre la ausencia de armas de destrucción masiva en Irak y las complicaciones de esa aventura bélica han devuelto la incertidumbre a la contienda. La impecable carrera militar de Kerry y los cuestionamientos sobre el historial militar de Bush pudieran terminar fortaleciendo al demócrata. El creciente déficit fiscal, la recuperación económica sin nuevos empleos y la obstinación por seguir bajando impuestos en tiempos de guerra también han mermado la popularidad y la credibilidad del presidente. Pero hasta ahora, estos problemas representan sólo potenciales amenazas para las aspiraciones re-eleccionarias de Bush. Si Kerry logra la nominación, su selección de un candidato vicepresidencial representará la primera gran decisión estratégica que tendrá que tomar. De esa elección y de su capacidad para evitar errores en la campaña dependerá el éxito que tenga Kerry al intentar convertir las debilidades actuales de Bush en fortalezas demócratas.

 

Pero aún así, para ganar, Bush sólo necesita seguir disciplinadamente un bien diseñado plan. Kerry en cambio necesita de una difícil combinación de circunstancias favorables y de un desempeño impecable en la campaña. Sólo así podrá igualar la hazaña de JFK. Cualquier error o cualquier golpe de suerte que favorezca a Bush convertirán a Kerry en un segundo Michael Dukakis, el ex gobernador de Massachussets que cayó estrepitosamente derrotado ante George H. Bush en 1988.