Cambio de gabinete

Patricio Navia

La Tercera, febrero 7, 2004

 

La incipiente carrera presidencial en la Concertación es el desafío pendiente más importante del presidente Lagos. La necesidad de enfrentar los conflictos que se incrementarán hacia el fin de su mandato hará inevitable un cambio de gabinete. Mientras más lo retrase, más logrará evitar que se opaque su propia imagen presidencial. Pero mientras antes lo realice, mayor será la influencia que podrá ejercer sobre la nominación presidencial concertacionista.

 

El agotamiento después de tres periodos consecutivos en el poder también ha complicado la sucesión presidencial concertacionista. En 1989, la candidatura de Aylwin se consolidó rápidamente después que éste se impusiera en un cuestionado e irregular proceso interno DC. En 1993, aunque la popularidad de Frei Ruiz-Tagle era avasalladora, la Concertación sentó el precedente de primarias. En 1999, la fortaleza de Lagos permitió profundizar el mecanismo con primarias abiertas y vinculantes. Tan exitoso fue el proceso que, después de ganar las primarias del 31 de mayo de 1999 con el 70%, Lagos equivocadamente pensó que la contienda presidencial ya estaba ganada. Su tardía reacción a la popularidad de Lavín lo terminó obligando a una difícil y costosa segunda vuelta. 

 

Para las presidenciales del 2005, ni la Concertación ha ratificado primarias abiertas y vinculantes, ni hay liderazgos indiscutidos DC y PS-PPD. Reina el desorden en la Concertación. Mientras algunos sugieren abolir las primarias, otros abogan por la descabellada tesis de tener dos candidatos presidenciales. Hasta el momento, Lagos ha evitado referirse públicamente al proceso de nominación. Pero si mantiene su tendencia a no involucrarse en las negociaciones partidistas, Lagos será un espectador más de una negociación que se anticipa fratricida, donde los intereses partidistas desplazarán la prioridad de encontrar un candidato capaz ganar y reinventar a la coalición política más exitosa y estable de los últimos 100 años. 

 

Arguyendo que si algo no está dañado, no hay que mandarlo a arreglar, Lagos aparentemente no tiene intención de ajustar su gabinete antes de las municipales de octubre. Después de haber estimulado la candidatura de su Ministro del Interior a la Secretaria General de la OEA, Lagos decidió bajarla por razones estrictamente domésticas. Pese a nuestra reconocidamente complicada posición actual en América Latina, las considerables posibilidades de Insulza hubieran aumentado si el ex canciller hubiera podido visitar los países electores. Pero en actitud timorata, Lagos reculó en su idea inicial de lograr un (reconocidamente cuestionado) liderazgo regional, privilegiando la estabilidad de un gabinete que en el mejor de los casos tiene 9 meses de vida.

 

Es cierto que un cambio de gabinete hubiera desatado una carrera presidencial que La Moneda se esmera en detener. Pero resulta inverosímil suponer que Lagos logrará evitar que la disputa presidencial en cada partido alcance a sus ministros presidenciables. Mientras más se profundice la disputa, menor será la influencia que pueda ejercer sobre los presidenciables de su gabinete. Aunque Lagos comprensiblemente se niegue a asumir el comienzo del final de su sexenio, su popularidad en las encuestas y su evidente liderazgo político constituyen formidables herramientas para forzar a los partidos a establecer un mecanismo de primarias abiertas, vinculantes y transparentes.

 

En 1998, el presidente Frei realizó un ajuste ministerial el 1 de agosto para facilitar la salida de Lagos, entonces Ministro de Obras Públicas. Las especulaciones sobre el cambio de gabinete se habían iniciado después de las parlamentarias de 1997. Aunque Frei intentó atrasar la crisis ministerial, la salida de Lagos dio inició formal a una campaña presidencial que se venía gestando desde la impresionante votación de Lavín en las municipales de 1996. Pero el calendario electoral actual se parece más al de 1993 que al del fin del sexenio de Frei. En 1992, las municipales se realizaron el 28 de junio y Aylwin realizó el ajuste de gabinete el 28 de octubre. Allí, además del presidenciable Lagos, salieron ministros que buscaban llegar al Senado. Lagos inmediatamente inició una campaña presidencial que culminó en su honorable derrota ante Frei en las primarias del 23 de mayo de 1993.

 

Este año, Lagos ha optado por esperar hasta después de octubre para realizar el ajuste de gabinete. Con eso, ha amarrado las manos de los presidenciables en su gabinete que tendrán que observar como el senador vitalicio Eduardo Frei corre sólo durante el 2004, intentando obtener un liderazgo que haga inevitable su nominación. Si Frei no lo logra, la campaña presidencial igual se desatará con furia después de las municipales y Lagos será un observador más de las rencillas que amenazarán con devastar a la propia Concertación y manchar su legado histórico. Si en cambio Frei logra legitimar su liderazgo en las encuestas y entre las poderosas elites chilenas, Lagos habrá perdido la oportunidad que hoy posee de influir en forma determinante tanto en el proceso como en el nombre del abanderado que deberá cosechar electoralmente las victorias y fracasos del tercer gobierno de la Concertación.