Misión Imposible

Patricio Navia

La Tercera, Reportajes, enero 25, 2004

 

Aunque será muy difícil evitar que George W. Bush obtenga la reelección, nueve demócratas optaron por buscar la nominación presidencial de su partido. Si bien al combinar las fortalezas de cada uno se lograría crear un candidato formidable, ninguno de los demócratas en carrera pareciera tener lo que se necesita para derrotar al presidente republicano.

 

Así y todo, el arduo y complejo proceso de selección del candidato permite que el ganador salga mejor preparado para la despiadada campaña que oficialmente se inicia con las convenciones demócratas y republicanas del 26 de julio y 30 de agosto, respectivamente. Si bien es cierto que las primarias no siempre seleccionan al candidato con más posibilidades de éxito, el engorroso proceso que obliga a los aspirantes a otorgarle dedicación exclusiva a la campaña por al menos un año antes de la elección el primer martes de noviembre de cada año bisiesto, los convierte en avezados y diestros candidatos.

 

El proceso iniciado en Iowa el lunes 19 de enero ya ha provocado el retiro de dos contendientes. El ex líder de la minoría demócrata en la Cámara de Representantes, Dick Gephardt, anunció su retiro al terminar en cuarto lugar. La ex senadora por Illinois Carol Moseley Braun se había retirado días antes. Otros dos mantienen candidaturas simbólicas: el reverendo Al Sharpton y el representante Dennis J. Kucinich. De los cinco restantes, al menos uno debiera quedar fuera de carrera después de las primarias de New Hampshire el lunes 27.

 

Más que decidir el ganador, las primarias estaduales eliminan a los más débiles. Sólo aquellos que obtienen resultados satisfactorios logran nuevos recursos monetarios. Los donantes que aportan con sumas que llegan hasta el máximo legal de US$ 2.000 por persona, dosifican sus contribuciones para apoyar a los candidatos que se van fortaleciendo. Por eso que sobrevivir a Iowa y New Hampshire resulta esencial.

 

De ahí que el efecto de la sorpresiva victoria del senador John Kerry en Iowa no debiera ser exagerado. Si bien es cierto que el favorito era el ex gobernador de Vermont Howard Dean, Kerry y el senador por Carolina del Sur John Edwards, que terminó segundo, saben que ese resultado sólo les permite mantenerse en contienda para la siguiente etapa.

 

Junto a Dean, verán entrar oficialmente a competir en New Hampshire al senador por Connecticut Joe Liberman y al general retirado Wesley Clark. Aunque el ex candidato vicepresidencial insista que tiene mejores opciones para derrotar a Bush, la obsesión de Lieberman por asumir posturas a la derecha de la mayoría de los demócratas probablemente termine con sus aspiraciones presidenciales el martes 27. Aunque el que resulte ganador insistirá que New Hampshire sienta un poderoso precedente nacional, todos saben que la única victoria posible es obtener un resultado tal que permita mantener viva la candidatura. Además de Lieberman, uno de los otros cuatro debiera quedar herido de muerte este martes. Los otros tres pasarán a la siguiente etapa sabiendo que cualquier error les podrá costar la nominación.

 

Aunque tradicionalmente la política doméstica ha dominado las campañas presidenciales, la invasión a Irak y la guerra contra el terrorismo declarada después de los ataques del 11 de septiembre inevitablemente entrarán en la agenda. Pero los demócratas creen que Bush es vulnerable por su política doméstica.

 

Pese a experimentar recuperación económica, Estados Unidos ha perdido 2,5 millones de trabajo desde que Bush llegó al poder. El déficit fiscal va en aumento y las propuestas presidenciales incluyen más gastos y cortes de impuestos. Si los demócratas logran convertir la disciplina fiscal y la creación de empleos en los grandes temas de la campaña, sus posibilidades de triunfar aumentan considerablemente.

 

Aunque el ganador en Iowa a menudo termina fuera de carrera, Kerry ha elaborado un mensaje que busca combinar balanceadamente una crítica al unilateralismo de Bush en su lucha contra el terrorismo con una preocupación por la disciplina fiscal y la generación de empleos. Su impecable récord como veterano de guerra le otorga legitimidad en Defensa, donde los republicanos tradicionalmente llevan ventaja. Pero su posición marcadamente liberal en temas sociales y su oposición a la reducción de impuestos impulsada por Bush lo convierten en flanco fácil de ataques republicanos. Aunque una victoria en New Hampshire lo convertiría en el favorito para ganar la nominación demócrata, Kerry sabe que debe evitar adoptar posiciones que -pese a ser populares entre los demócratas- dañen sus posibilidades de convencer a los independientes moderados en las elecciones de noviembre.

 

La apuesta del general Wesley Clark es que los estadounidenses buscarán alguien que los pueda proteger mejor contra la amenaza terrorista. Veterano de Vietnam y jefe de las fuerzas de la Otan, Clark lideró la liberación de Kosovo. Aunque ha evidenciado debilidades en temas domésticos, como la salud y las pensiones, y carece de experiencia política previa, Clark ha buscado reproducir el espíritu de advenedizo que adquirió la campaña de Clinton en 1992. Para ganar credibilidad, Clark necesita ocupar uno de los tres primeros lugares en New Hampshire.

 

El senador Edwards, en cambio, espera sobrevivir a New Hampshire para aprovechar su condición de sureño e imponerse en las primarias del 3 de febrero. Pese a ser el más apuesto y joven de los candidatos, su limitada experiencia y su inseguridad le han restado posibilidades. Muchos creen que sigue en carrera sólo para asegurar una nominación vicepresidencial.

 

Después de su decepcionante tercer lugar en Iowa, Howard Dean ha intentado reinventar su campaña antisistema. Intuyendo que los demócratas ansían derrotar a Bush, Dean entiende que necesita apelar a los votantes más moderados para otorgarle viabilidad a su candidatura. A menos que obtenga uno de los dos primeros lugares en New Hampshire, su favoritismo inicial terminará por costarle la cabeza.

 

Sin embargo, sea quien fuera que resulte proclamado candidato demócrata en la convención del 26 de julio, el desafío de derrotar a un popular presidente en ejercicio en un país en evidente recuperación económica y con mejores resultados cada día en su cuestionada política internacional representa casi una misión imposible. Pero el entusiasmo desplegado por los aspirantes demócratas en las primarias pareciera indicar no faltarán osados voluntarios.

 

New Hampshire y el “súper martes”

Este martes 27, los demócratas del pequeño estado de New Hampshire tendrán la oportunidad de eliminar algún otro contendiente demócrata. Aunque los 54 y 27 delegados que escogen Iowa y New Hampshire, respectivamente, representan un ínfimo número de los 4.315 delegados que elegirán al nominado demócrata, los resultados en esos estados marcan una tendencia difícil de revertir en los estados más poblados. Los candidatos que sobrevivan a Iowa y New Hampshire volverán a luchar por su vida en el llamado "súper martes". El 3 de febrero, los demócratas de Missouri, Oklahoma, North Dakota, Arizona, Delaware, Carolina del Sur y Nuevo México escogerán 290 delegados, ayudando a reducir el número de contendientes aún más. Otros 10 estados celebraran sus primarias durante febrero, permitiendo establecer con bastante certeza quién se quedará con la nominación demócrata. Cuando California y otros 10 estados escojan 1.529 delegados en las primarias el 2 de marzo, la identidad del demócrata que tendrá la difícil tarea de oponerse a George W. Bush en las presidenciales del 2 de noviembre ya debiera ser conocida.

 

 

John Forbes Kerry, el héroe de guerra

Nacido el 11 de diciembre de 1943 en Colorado, John Kerry creció en el estado natal de sus padres, Massachussets, donde cultivó amistad con la familia Kennedy. A los 22 años se graduó de la Universidad de Yale e inmediatamente se enlistó en la Armada estadounidense. Veterano de guerra de Vietnam, Kerry recibió medalla de bronce, plata y tres corazones de púrpura por su heroísmo en combate en el delta de Mekong.  Después de lograr cierta notoriedad nacional por un testimonio ante el Senado en 1971 -donde expresó su rechazo a la guerra en Vietnam que calificó como un  error-, Kerry fracasó en un intento por llegar a la Cámara de Representantes en 1972.

 

Apenas obtuvo su título de abogado en la Escuela de Derecho del Boston College en 1976, se convirtió en fiscal del condado de Middlesex en Massachussets. Su siguiente aventura electoral resultó exitosa. En 1982 fue electo vicegobernador. Dos años más tarde logró un escaño en el Senado, acompañando al legendario Edward Kennedy, que representa a Massachussets desde 1962. Reelecto en forma consecutiva cuatro veces, Kerry anunció su candidatura presidencial el 2003, aunque su nombre ya había comenzado a sonar como posible contendiente desde que se verificara la derrota de Al Gore en las presidenciales del 2000. Divorciado de su primera esposa en 1990,  contrajo matrimonio con Teresa Heinz en 1995. Kerry tiene dos hijas de su primer matrimonio, Alexandra y Vanessa, que lo acompañan activamente en su campaña. Aunque sus detractores se apuran en señalar su relación con la elite social y política liberal de Massachussets, las credenciales militares de Kerry y su impecable desempeño en el Senado lo convierten en un contrincante formidable. Aprovechando la animosidad tradicional que existe en Estados Unidos hacia los franceses, especialmente después de la militante oposición del Presidente Jacques Chirac a la guerra en Irak, algunos estrategas republicanos se han animado a sugerir que Kerry parece demasiado francés como para ser considerado un candidato viable en las presidenciales de noviembre.