TVN, el canal del cuoteo

Patricio Navia

La Tercera, enero 24, 2004

 

Nadie se sorprendió demasiado con la renuncia del director ejecutivo de TVN. El modelo diseñado para garantizar el pluralismo en TVN sólo funciona cuando los miembros del directorio son efectivamente pluralistas. Pero en tanto el sistema de cuoteo partidista que existe para la nominación del directorio continúe haciendo inevitable la elección de directores sectarios, cualquier director ejecutivo del canal de todos se terminará enfrentando a los mismos infranqueables desafíos que motivaron la renunciar de Pablo Piñera.

 

Pese a ser una de las pocas empresas estatales no privatizadas durante la dictadura o en democracia, es erróneo sugerir que TVN lo controla el gobierno de turno. A diferencia de CODELCO, por ejemplo, donde la autoridad para nombrar al directorio recae exclusivamente en el presidente de la república, en TVN se buscó un sistema que permitiera garantizar el pluralismo y la diversidad de visiones en la junta directiva. Pese a constituir un loable y necesario objetivo, el mecanismo que se estableció difícilmente podría haber sido más contraproducente. El presidente nomina seis miembros del directorio que deben ser ratificados por el Senado. Pero más que juzgar a los nominados por sus méritos, los senadores han optado por preocuparse exclusivamente que los nominados representen en partes iguales a representantes de la Concertación y la Alianza. El cuoteo es tan flagrante, que desde legisladores hasta medios de comunicación hablan de los cupos que le corresponden al PS, PPD, PDC, UDI y RN. Además de ser vergonzosas en si mismas, las cuotas ni siquiera representan el peso electoral relativo de cada partido: RN es el único partido con dos sillones en el directorio.  La discusión actual para reemplazar a tres directores cuyos periodos están por expirar reproduce el cuoteo que tanto se critica en las campañas políticas pero que todos los partidos defienden con ahínco en el Senado.

 

Por cierto, pese a tener un candidato presidencial que repite la necesidad de gobernar con los mejores independientemente de su afiliación política, la UDI ha utilizado una estrategia patentemente partidista en la nominación de los candidatos al directorio de TVN. Además de demostrar poco entusiasmo por la alternancia en el poder del aparentemente inamovible representante gremialista, el partido UDI descaradamente defiende el cuoteo político ante el cómplice silencio de su abanderado presidencial. Pero desde los partidos de la Concertación tampoco se escuchan críticas a este desacertado mecanismo de promoción del pluralismo. En el PPD y en el PDC están demasiado preocupados por encontrar reemplazantes, para a sus directores salientes, lo suficientemente hábiles para defender sus intereses partidistas en el directorio empresarial más balcanizado del país.

 

Al igual que lo que ocurre con las nominaciones al Consejo del Banco Central o las que próximamente ocurrirán para el Consejo de Alta Dirección Pública (el nuevo Servicio Civil), el cuoteo político está consagrado en la legislación. Si bien es cierto para el Banco Central se nombra un Consejero cada dos años, lo que ha facilitado al presidente Lagos a negarse a honrar el cuoteo, para el nuevo Consejo de Alta Dirección Pública se nombrarán dos consejeros cada tres años. El presidente estará obligado a nombrar uno por cada sector para lograr la aprobación mayoritaria del Senado. No se trata de buscar a los más capacitados, sino de mantener la cuota política para la Alianza y para la Concertación. Aunque el sistema de nominación para el Banco Central se negoció durante la transición de 1989, el acuerdo entre el presidente Lagos y Pablo Longueira en enero del 2003, celebrado por políticos de la Concertación y la Alianza, y sacramentado en vistoso cóctel en el Centro de Estudios Públicos, estableció este descarado cuoteo en el directorio de lo que debería convertirse en una institución donde los puestos de trabajo en el sector público se asignen por mérito profesional.

 

La crisis actual de TVN responde a la excesiva intromisión del Directorio en temas propios de la dirección ejecutiva. Preocupados de los más ínfimos detalles de programación y obsesionados con la cantidad de desnudos, groserías o mensajes antagónicos a sus concepciones morales, los miembros del directorio olvidaron que su tarea es velar por el cumplimiento de la misión de pluralismo y diversidad que la sociedad encomienda a TVN. Más allá de sus virtudes y defectos personales, al querer ejercer de directores ejecutivos de facto, los miembros del directorio hicieron imposible el trabajo de Pablo Piñera. A menos que el nuevo director ejecutivo logre imponer una autoridad y liderazgo que legalmente no posee, su desempeño estará inevitablemente destinado al fracaso. Una alternativa razonable sería que en un acto de coraje y consecuencia política, el presidente Lagos se niegue a honrar el cuoteo en la nominación de los nuevos miembros del directorio de TVN y opte por proponer nombres de chilenos de cualquier posición política comprometidos con el pluralismo y la diversidad.  En un año de elecciones políticas, los defensores del cuoteo pagarán costos altos si intentan bloquear la iniciativa presidencial.