Cumbre Borrascosa

Patricio Navia

La Tercera, enero 18, 2004

 

Aunque el efecto inmediato de la intervención y la actitud del presidente en la cumbre de Monterrey hayan consolidado su popularidad en Chile, su liderazgo regional no se fortaleció con su defensa inequívoca de la posición chilena. Más que convencer a los países participantes, la estrategia de Lagos fue vencer la influencia que la petición boliviana había estado ganando en la región. La actitud de Lagos mereció admiración y respeto en Chile, incluso entre los líderes de la oposición. Nuestro presidente dejó en claro que la soberanía no se transa. Pero en un contexto internacional de creciente animosidad hacia Chile, lo suyo puede ser entendido como una actitud propia de un país exitoso prepotente.

 

Respecto a Bolivia, la oferta presidencial de reanudar relaciones diplomáticas tuvo efectos importantes. Además de pasar de una postura defensiva a una ofensiva, la propuesta subraya, ante la comunidad internacional, la voluntad de encontrar una salida satisfactoria a este problema sin comprometer la soberanía chilena. Los países democráticos, interesados en el respeto al estado de derecho y preocupados por evitar cuestionamientos a sus propios intereses soberanos no pueden sino aplaudir la actitud de Lagos. El rechazo boliviano a reanudar las relaciones diplomáticas es comprensible pero injustificado. La débil administración actual se sostiene por un obcecado discurso nacionalista. Pero la simpatía internacional que había despertado la aspiración marítima boliviana se debilitó con el rechazo del presidente Mesa. Si antes de Monterrey Chile parecía intransigente, hoy Bolivia ha quedado ante la comunidad internacional como la nación injustificadamente terca.

 

Pero la oferta de reestablecer relaciones diplomáticas no pone término al problema. La inestabilidad política y social de Bolivia representa un desafío permanente para Chile. La estrategia de la elite boliviana de relacionar el subdesarrollo con la ausencia de mar convierte a Chile en actor obligado en la política doméstica de ese país. Por cierto, un país que optó por liderar la integración económica de la región no puede ignorar la cuestión marítima boliviana. La consolidación como el país más exitoso política, social y económicamente en la región en los últimos quince años conlleva obligaciones y responsabilidades que no podemos ignorar.  Pero para ejercer un liderazgo positivo y efectivo, Chile debe evitar imponer sus ideas y argumentos por la razón o la fuerza. Hay que convencer también con afecto y amistad.

 

La ofensiva desplegada en Monterrey ha permitido ganar tiempo. Ahora el gobierno dispone de varios meses para elaborar una estrategia de integración social y económica con Bolivia que permita consolidar la cuestión marítima como un asunto de mejor y mayor acceso y evitar que se vuelva a plantear en términos de soberanía. Ahora que la comunidad internacional ha entendido nuestra posición, se precisa que los bolivianos crean que pese a contar con la razón y la fuerza, Chile quiere relaciones basadas también en la amistad y el respeto.

 

La voluntad de demostrar una voluntad de diálogo desde una equivoca, e incluso prepotente, firmeza del presidente Lagos también tendrá inevitables efectos en la no-oficialmente-declarada aspiración de lograr la elección del Ministro José Miguel Insulza como Secretario General de la OEA. Mientras el ex presidente costarricense Miguel Ángel Rodríguez realizaba una activa campaña en Monterrey, Insulza oficiaba de Vicepresidente de la República ante la ausencia del presidente Lagos. Sus moderadas posibilidades de victoria se incrementarían significativamente si se oficializa su candidatura. Pero la necesidad de dedicarse tiempo completo a hacer campaña en todo el continente haría inviable su permanencia en el Ministerio del Interior. Como Lagos no quiere desordenar un gabinete que le ha permitido terminar con sustancial éxito el mejor de sus cuatro años en la Moneda, la candidatura de Insulza no se puede oficializar. Pero mientras la candidatura no se oficialice, será difícil que se haga viable.

 

En Monterrey, el presidente también ganó tiempo para la candidatura de Insulza. Aunque no recibió suficientes muestras de apoyo irrestricto como para asegurar la elección de su candidato a la OEA, el presidente Lagos tampoco se encontró con el rechazo de Estados Unidos. Ahora Lagos tendrá que decidir si quiere arriesgar a su eficiente Ministro del Interior en una disputa donde las posibilidades de nuestro país se ven debilitadas por la demanda boliviana pero, irónicamente, fortalecidas por la confrontación con el venezolano Chávez. O por el contrario, Lagos querrá privilegiar la política doméstica y mantener inalterado a un gabinete que ha funcionado bien y donde han podido convivir varios aspirantes a sucederlo en la primera magistratura. Si se mantiene el énfasis demostrado en Monterrey en privilegiar la popularidad presidencial en Chile en vez de buscar consolidar un liderazgo regional basado más en la amistad y el respeto que en la razón y la fuerza, el presidente Lagos optará por no oficializar la candidatura de Insulza en la OEA y en intentar olvidar el affaire boliviano hasta que no se suscite una nueva crisis en ese país.