La campaña del terror

Patricio Navia

La Tercera, enero 10, 2004

 

Así como en el plebiscito de 1988 aquellos que intentaron recurrir al fantasma del pasado fracasaron en su intento por cautivar la imaginación de un país preocupado más del futuro que de la historia, aquellos en la Concertación pretenden diseñar una estrategia electoral basada en la campaña del terror están destinados a una derrota en diciembre del 2005.

 

Aunque desde La Moneda insisten en que es demasiado temprano para iniciar la carrera presidencial, los 18 meses que nos separan del vencimiento del plazo para inscribir las candidaturas para las próximas presidenciales han llevado a los aspirantes concertacionistas a la primera magistratura a mover sus piezas. En enero de 1998, Ricardo Lagos ya era candidato presidencial y actuaba como tal. Hoy, desde La Moneda, el presidente mira con la misma preocupación que entonces evidenciaba su antecesor respecto al fin de su sexenio.

 

Comprensiblemente la principal preocupación de los presidenciables oficialistas es lograr posicionarse para asegurar su nominación. Al no existir un proceso formal dentro de la Concertación, los diferentes partidos y los varios aspirantes se han dedicado también a promover los mecanismos que potencian sus fortalezas y minimizan sus debilidades. Los más populares insisten en dirimir la nominación a través de primarias abiertas. Otros subrayan la necesidad de escoger a alguien que pueda derrotar a Lavín como la principal prioridad que se debiera tener en cuenta a la hora de escoger un nombre. No pocos han sugerido que la Concertación se presente con dos candidatos presidenciales.

 

Como en todas las cosas, cada alternativa soluciona algunos problemas y crea otros. Las primarias legitiman al ganador, que no es necesariamente alguien que pueda derrotar a Lavín. Al escoger el nombre en forma elitista, la Concertación convertiría a Lavín en el candidato de la gente.  Presentar dos candidatos satisface la comprensible obsesión DC por tener abanderado presidencial propio, pero no maximiza las posibilidades de triunfo de la Concertación. Al contrario, sólo eleva los costos de la necesaria reconciliación después de una descarnada batalla por la misma base electoral.

 

Al tener prácticamente definida su candidata, el PS insiste en la celebración de primarias. Evidenciando las mismas debilidades de gestión y realizaciones duraderas y significativas que el abanderado aliancista, Bachelet basa su popularidad en su inigualable simpatía y gestos simbólicos. Lavín la prefiere como contrincante porque una disputa entre los dos devendría en un concurso de simpatía. Lavín sabe que tendría muchos más recursos financieros para promoverse como el más simpático y cordial.

 

La DC no ha concordado en qué mecanismo prefiere debido a la soterrada pero crecientemente descarnada disputa entre sus tres presidenciables. Alvear y Frei preferirían imponer el nominado DC a sus compañeros de coalición. Pero si la nominación queda en manos de la DC, Adolfo Zaldívar ocuparía el control de la máquina del partido para imponer su propio nombre. Para parar al colorín, los únicos dos presidenciables DC con opciones reales han subrayado la necesidad de primarias.

 

Aunque inicialmente construyó su legitimidad sobre su popularidad en las encuestas, Soledad Alvear ahora debe esgrimir argumentos de mejor gestión para imponerse a la popular Bachelet. Para evitar ser una versión nacional de Winston Churchill, que después de ganar la guerra perdió las elecciones de 1945, Alvear debe articular un proyecto de futuro que complemente su exitosa gestión. Pero en recientes críticas a Lavín, Alvear ha demostrado una tendencia a querer revivir la división Si-No del plebiscito de 1988 que ya se demostró inefectiva en las últimas presidenciales.

 

Sabiendo que sus fortalezas son las debilidades de Lavín, Eduardo Frei debe combinar un discurso de gobernabilidad y experiencia con una imagen de innovación y cambio. Anticipando que el discurso aliancista de la alternancia en el poder es solo efectivo frente a Frei—¿qué más alternancia que escoger a una mujer presidenta?—el ex presidente debe ser lo suficientemente creativo para convertir su nombre asociado al pasado en sinónimo de futuro.

 

Así como frente al plebiscito de 1988 la derecha equivocó el camino electoral al argumentar que la recuperación económica experimentada a partir de 1985 era razón suficiente para otorgar a Pinochet un nuevo periodo al mando del país, la Concertación corre el riesgo de creer que la recuperación económica de los próximos años será suficiente para derrotar a Lavín el 2005. Desconociendo la urgencia de establecer un mecanismo que permita dirimir de la forma más electoralmente inteligente, transparente y democrática posible al candidato de ese sector, muchos en la Concertación creen que bastará combinar buen desempeño económico con una campaña del terror para ganar el 2005. El patético recuerdo de un desconcertado Pinochet en el ocaso de su mandato acusando de “desagradecidos” a vociferantes detractores en Valparaíso debiera ser suficiente para recordarle a la Concertación que el inicio de su exitoso periodo en el gobierno se basó en su capacidad de articular una mejor y más cautivante visión de futuro para Chile.