Cantando Victoria Anticipadamente

Patricio Navia

La Tercera, Diciembre 13, 2003

 

Aunque la reciente crisis en la Alianza ha dañado las opciones presidenciales de Joaquín Lavín, equivocan el camino aquellos en la Concertación que celebran anticipadamente una victoria presidencial el 2005. Joaquín Lavín sigue siendo el candidato favorito para esas elecciones. Aunque las debilidades de la Alianza son evidentes, la Concertación necesita articular un mensaje de renovación y cambio para sacar ventaja de esta oportunidad. No debieran cantar victoria anticipadamente aquellos que necesitan convencer a la opinión pública que es positivo y conveniente mantener a la misma coalición en el poder por 22 años. 

 

Aunque su decisión de distanciarse de la Alianza evidencia problemas estructurales, la estrategia de Lavín fue diseñada para subrayar su innegable fortaleza en los sondeos de opinión pública. Lavín sigue siendo el hombre al que se debe derrotar para poder llegar a la presidencia. Es cierto que ahora es más vulnerable y ha demostrado ser mucho más débil de lo que muchos en la Concertación creían a mediados del 2003. Pero suponer que Lavín perdió la elección por el caso Spiniak es no entender que las elecciones las gana el que convenza a la mayoría de los votantes moderados.  Y esa carrera dista mucho de haber terminado.

 

La Concertación tiene fortalezas evidentes, pero también desafíos gigantescos que hacen que hacen difícil una victoria en diciembre del 2005. Después de tres gobiernos y 16 años en el poder, las ideas no abundan. Sus principales candidatos parecieran querer construir sus plataformas más sobre logros anteriores que sobre proyectos de futuro. Después de haberse ganado el reconocimiento por la Reforma Procesal Penal y los acuerdos de libre comercio, Soledad Alvear necesita articular un mensaje que convoque la imaginación y el entusiasmo del electorado. De lo contrario no logrará entrar triunfante a La Moneda. Eduardo Frei necesita convencer que lo suyo no es un capricho personal ni un intento de volver al pasado de su exitoso sexenio. En 1999, Ricardo Lagos estuvo cerca de perder porque creyó que la elección se decidiría por un análisis retrospectivo. Pero los electores tienen también consideraciones prospectivas. La victoria el 2005 será del que logre presentar un mensaje de futuro más cautivante.

 

La debilidad de Lavín ha generado tal exceso de confianza que algunos dirigentes concertacionistas, ignorando que su fortaleza es el apoyo ciudadano, quieren eliminar las primarias abiertas y vinculantes como el mecanismo para la elección del candidato. Una imposición de la elite concertacionista incitará a moderados a ignorar las debilidades de la Alianza y apoyar el concepto de cambio y renovación que todavía representa Lavín. La obsesión por privilegiar los intereses partidistas crece en la medida que se hacen evidentes las debilidades de Lavín. Pero mientras más se evidencie la tensión entre la DC y la izquierda concertacionista por la disputa para escoger su candidato único, menor importancia relativa tendrá, en ojos del electorado, las disputas entre RN y la UDI.

 

Para los partidos de la Concertación, el legítimo derecho a querer la nominación para uno de los suyos no se satisface con las primarias abiertas. La DC entiende que no puede pretender ser un partido viable si no presenta candidato presidencial. Pero la izquierda comprensiblemente alega que de nada sirven las primarias si se sabe de antemano que el candidato DC tiene que resultar victorioso. Aunque el argumento a favor de un centrista es poderoso—un izquierdista difícilmente conseguirá más votos moderados que Lavín—las primarias abiertas transparentes implican aceptar el riesgo que el candidato DC quede fuera de la carrera antes de tiempo.  Pese a haber amenazado en múltiples ocasiones en convertirse en el nuevo partido de centro, el PPD sigue en desesperada búsqueda de identidad política. El PS parece sólo interesado en agradar a sus militantes más izquierdistas y no en salir a conquistar también el voto moderado. Por las razones equivocadas, la izquierda insistirá en la celebración de primarias abiertas. Más para defender una candidatura inviable que para legitimar el proceso de legitimación ciudadana, la defensa izquierdista de primarias abiertas y la soterrada oposición del liderazgo DC a esa instancia podrían hacer que el conflicto Longueira-Piñera parezca pelea de niños al lado de las discrepancias que surgirán en la Concertación después de las municipales del 2004.

 

Después de un par de años en que la expectativa de un triunfo de Joaquín Lavín era avasalladora, la Concertación siente tener una posibilidad real de ganar el 2005. La ambición partidista desmedida que se ha observado en el liderazgo DC, PS y PPD, que ya empiezan a pelearse la leche de La Moneda antes de ordeñar la vaca electoral, pudiera terminar siendo la salvación para Joaquín Lavín. Así como hace unos meses el entorno de lavínista pecada de soberbia al olvidar que las elecciones se ganan en las urnas, una fiebre de injustificado exitismo se ha apoderado de una Concertación que, al celebrar la viga en el ojo ajeno, desconoce las enormes dificultades que involucra el desafío de lograr una cuarta victoria presidencial consecutiva.