Presidenciables Activos

Patricio Navia

La Tercera, noviembre 15, 2003

 

 

Cuando los aletazos del affaire Spiniak comienzan a alejarse lentamente del ambiente político, los esfuerzos por posicionarse de cara a las elecciones presidenciales de 2005 comienzan a hacerse más públicos. Los presidenciables de la Concertación entienden que en Chile, el que no se mueve, no sale en la foto. Un líder sindical del PRI enunció una regla de oro para los presidenciables: el que se mueve no sale en la foto. En la lógica política mexicana, la decisión sobre el candidato presidencial del PRI recaía en el presidente saliente. Para evitar que su gobierno se desordenara antes de tiempo, los presidentes esperaban lo que más podían antes de destapar a su candidato. Pero en Chile, la elección del candidato oficialista no depende del mandatario saliente.

 

Independientemente de su popularidad, Ricardo Lagos no tendrá injerencia sobre quién será el abanderado concertacionista. Los partidos decidirán si realizar primarias o seleccionar al candidato sin participación popular, emulando la tradición derechista.

 

Sabiendo que para ser candidato hay que primero asegurar la nominación del partido, los presidenciables concertacionistas hacen campaña abiertamente. En la Democracia Cristiana, mientras más lo niegan, más queda en evidencia que los cuatro presidenciables están en campaña.

 

El senador Eduardo Frei no oculta sus deseos de volver. Aunque el país terminó mucho mejor después de Frei, el ex Presidente debe comunicar por qué quiere volver a La Moneda. No basta con decir "elíjanme de nuevo porque fui bueno". Las segundas presidencias en América Latina no han sido exitosas porque los mandatarios gobiernan corrigiendo errores del pasado o buscando revivir viejos tiempos. Para subir en las encuestas, Frei necesita un mensaje de futuro. De lo contrario lo suyo no pasará de ser capricho personal.

 

Hace una semana, el ministro Jaime Ravinet zamarreó a un activista que intentó interrumpirlo. Es cierto que el hippie trasnochado, como lo llamó el titular de Vivienda, sólo buscaba molestar. Pero cuando uno tiene a los carabineros, al público y a la razón de su parte, no hay para qué tomarse la justicia en las manos. Un hombre cuya debilidad ha sido la falta de empatía no puede reaccionar como un patrón de fundo prepotente si quiere ser invitado a la casa de los chilenos todos los días, por seis años, a la hora de las noticias. Con dificultades para generar apoyos incluso en su propio partido, Ravinet tendrá que imponerse desde las encuestas. Pero para subir en los sondeos de opinión, deberá distinguirse como un líder cercano, cordial y comprensivo, no como un impulsivo mal genio.

 

Después de declararla muerta, el presidente de la DC, Adolfo Zaldívar, ha redescubierto la Concertación y quiere  ser amigo de Lagos. Aunque convenció a sus camaradas DC con la tesis del reposicionamiento DC versus Lagos y la izquierda, la popularidad de Lagos lo obligó a recular. Ahora, Zaldívar se quedó sin agenda ni plataforma para construir una opción presidencial.

 

El sorpresivo escándalo de espionaje que golpeó al Ejército podría haberles costado caro a las dos ministras presidenciables. Tanto así que no faltaron los que, aprovechando un ambiente afín a tesis conspirativas, insistieron en que todo era un montaje (los verdaderos espías no andan con sus documentos en el bolsillo) para debilitarlas. Al final, Soledad Alvear y Michelle Bachelet salieron bien paradas, incluso fortalecidas. Pero la estrategia de ambas de subirse al tren de la candidatura presidencial en el último minuto es riesgosa. Si el tren no se llena antes, cualquier error de cálculo también las puede dejar fuera. Una candidatura femenina necesita tiempo para ser procesada adecuadamente en un país machista. Mientras no declaren abiertamente sus intenciones, nadie sabrá el apoyo real que poseen las dos mujeres más populares de Chile. Mientras el Partido Socialista demuestra entusiasmo por Bachelet, los peores enemigos de Alvear parecen estar en la DC. Su candidatura sólo será creíble cuando la canciller empiece a imponer su nombre en su partido.

 

Mientras más poder ejerce, es más difícil creer que José Miguel Insulza no quiera ser candidato. Pero su poder depende fundamentalmente de su insistencia en que no lo será. Sergio Bitar y Fernando Flores tienen aspiraciones y méritos. Pero aunque el ministro de Educación sería la mejor carta del partido, algunos PPD han insistido en apoyar al senador por Arica, sin entender que para ser candidato primero hay que ser conocido.

 

En la derecha, Joaquín Lavín se ha logrado mantener como único candidato mucho mejor de lo que ha podido hacer para que la Alianza parezca unida. Después que el caso Spiniak debilitó a su partido, la UDI, y a su principal escudero, Pablo Longueira, el alcalde ha personalizado aún más su liderazgo.

 

El candidato del cambio se ha encerrado en un castillo de marfil desde donde tendrá que vender una imagen de líder valiente e incluyente. Cuando el barco derechista enfrenta la peor tormenta, el capitán se recluye esperando tomar el timón justo antes de llegar a puerto. De no mediar nuevas revelaciones sobre el caso Spiniak, la clase política vuelve a concentrarse en una carrera presidencial, donde en menos de un año sólo habrá tres aspirantes en carrera, uno por cada uno de los tercios en que tradicionalmente se ha dividido la política chilena.