Cabezas calientes

Patricio Navia

La Tercera, octubre 18, 2003

 

La competencia de acusaciones y especulaciones diversas sobre pedofilia, complots, conspiraciones y montajes en que se ha enfrascado la Alianza por Chile y no pocos en la Concertación irónicamente subraya la necesidad imperante de cuidar nuestras instituciones democráticas y privilegiar liderazgos responsables. Este infeliz escándalo político nos reitera lo importante que resulta tener líderes que ejercitando un saludable grado de autocontrol sean capaces de apagar incendios sin recurrir en el proceso a destruirlo todo lo que encuentran a su alrededor.  

 

Haciendo cálculos de corto plazo, la UDI ha intentado apagar el irresponsable incendio desatado por la diputada Pía Guzmán con parafina. Con la misma ausencia de evidencia y basándose en rumores igualmente cuestionables a los esgrimidos por la diputada RN, el presidente UDI Pablo Longueira comenzó por acusar a un reconocidamente controversial, polémico y cuestionado periodista de un complot contra Joaquín Lavín. La UDI decidió utilizar rumores infundados para intentar que la horda enfurecida de periodistas y opinión pública desviara su atención de sus parlamentarios injustamente acusados de pedofilia hacia los supuestos responsables de este alegado complot siguiendo una impecable lógica oportunista. Como la calle creyó las acusaciones de Pía Guzmán pese a la ausencia de evidencia, Longueira previó que la gente también aceptaría la tesis del complot. Aprovechando de la misma predisposición de la gente a dudar de la ética de los políticos, Longueira denunció una infundada conspiración. El cálculo de la UDI parece ser el siguiente, como en el peor de los casos la gente terminará creyendo que todos los políticos son igualmente indignos de confianza, los costos políticos de la irresponsable acusación de Pía Guzmán serán compartidos por todos los partidos políticos.

 

Pero hasta ahora, la UDI solo ha logrado involucrar en el lodazal de acusaciones, habladurías y complots a algunos parlamentarios del PPD que, en su afán por capturar atención periodística, fueron por lana mediática y terminaron saliendo trasquilados. Porque Adolfo Zaldívar magistralmente ordenó a su gente, la UDI no logró involucrar a la DC en este escándalo. Pese a que la acusación inicial de Pía Guzmán incluía a un parlamentario DC, la DC se retiró antes de caer en una trifulca reminiscente de pelea de bar de película Western. Lamentablemente para la Concertación, y evidenciando la torpeza de su liderazgo, el PPD se involucró de tal forma, que ahora es acusado de cómplice en un montaje para destruir a la UDI. El PPD está haciendo grandes esfuerzos para disputarle a Pía Guzmán el título de campeón en esta comedia de errores y malos cálculos en que devino el caso Spiniak. Felizmente para la Concertación, La Moneda no solo se ha mantenido al margen del debate, sino que se ha convertido en la voz razonable que llama a la calma e insiste en la necesidad de no perder el rumbo. Tanto  el presidente Lagos como su ministro Insulza han dejado en evidencia que pese a la seguidilla de inverosimilitudes, el país está en orden. 

 

Lo importante ahora es volver a centrar la atención en la investigación judicial sobre la pedofilia. Se deben desarticular definitivamente todas las redes de pedofilia que pudieran existir en el país. También es el momento para retomar la búsqueda del pedófilo más buscado, el jerarca de Colonia Dignidad Paul Schäfer, cuya red de protección le ha permitido burlar a la justicia por más de 6 años. Mientras la Alianza y algunos exaltados en la Concertación sigan compitiendo para ver quién realiza las acusaciones más descabelladas, infundadas y extravagantes, la justicia debe tratar a los pedófilos con el máximo rigor de la ley y aquellos que los protegen y ayudan sean también objeto de repudio y rechazo de la ciudadanía.  Por cierto, los políticos que, con sus acusaciones sobre complots, han caído en la absurda competencia mediática por desplazar a los menores victimizados del centro de atención merecen también una sanción moral. 

 

Las instituciones se debilitan cuando sus líderes anteponen sus reacciones viscerales a la necesaria calma y racionalidad que se precisa para salvar las coyunturas difíciles. En nada contribuye caer en el discurso de guerras santas, de acusaciones de complots de exterminio político y trifulcas mediáticas casi tan irresponsables como las acusaciones con que la diputada RN inició todo el escándalo. Al final se arriesga que la opinión pública sea incapaz de separar el polvo de la paja o que, indiferente, termine por restarle todavía más credibilidad a la clase política. Con la experiencia adquirida al control de La Moneda durante 3 de los últimos 5 gobiernos democráticamente electos, la DC ha demostrado loable responsabilidad política. Atravesando por su mejor momento, el presidente Lagos ha vuelto a demostrar su liderazgo republicano y su preocupación por el bienestar de la nación. Distinto hubiera sido el efecto en el país de este vergonzoso incidente si las cabezas calientas irrazonables y apresuradas de varios de los que terminaron voluntaria o involuntariamente involucrados en este deplorable escándalo hubieran estado en control de La Moneda.