Hay vacantes en Washington

Patricio Navia

La Tercera, Reportajes, 28 de septiembre de 2003

 

De haber podido, la Casa Blanca hace tiempo habría colgado un letrero que diga “se buscan amigos en América Latina”. Aunque históricamente prefirió tener satélites a tener aliados, la reciente ola de liderazgos contestatarios en el continente ha dejado a Estados Unidos sin aliados latinoamericanos. El gobierno de Bush, heredero de una tradición republicana interesada en apoyar gobiernos anticomunistas más que en la consolidación democrática, busca afanosamente un nuevo paradigma para su estrategia regional. El modelo electoral y político que exitosamente ha implementado en Chile, convierte a la UDI en candidato natural para aliado estratégico de Bush en América Latina.

 

Los liderazgos presidenciales de América Latina, por diferentes motivos y con distintos estilos, se han distanciado de Washington. La popularidad del presidente Clinton en América Latina ha sido reemplazada por la creciente impopularidad de Bush. Incluso el conservador mexicano Vicente Fox se ha distanciado de la Casa Blanca. Durante meses, mientras América Latina culpaba a la administración Bush de haberla dejado abandonada, la Casa Blanca expresaba su desilusión por el rechazo que percibe en la región a su cruzada contra el terrorismo.

 

Últimamente ha habido señales de mejora. Además del acuerdo de libre comercio con Chile, Washington parece más preocupado del sur de su frontera. El 13 de septiembre, Roger Noriega asumió como Secretario de Estado Asistente para el Hemisferio Occidental, el puesto más importante en Washington para América Latina. Aunque su intención inicial era lograr la ratificación del cubano-americano de extrema derecha Otto Reich, la oposición de senadores demócratas y algunos republicanos forzó a Bush a buscar un candidato alternativo. Noriega es un México-americano de 44 años nacido en Kansas, licenciado en Washburn University, sin estudios de posgrado, cuya carrera política comenzó como asistente legislativo republicano en 1983. Durante el periodo de Bush padre, trabajó en la embajada estadounidense ante la OEA. Durante la era Clinton, Noriega volvió a ser asesor legislativo. Nombrado embajador ante la OEA el 2001, ayudó a transformar la crisis política del Perú en una reafirmación de valores democráticos. Pero Noriega carece de contactos y aliados en la región. Como su prioridad número uno es granjearse amigos, incluso antes de asumir comenzó a dar algunos pasos. En su toma de poder había solo un chileno invitado, el presidente UDI Pablo Longueira.

 

Aunque los Chicago Boys se entrenaron en Chicago, la UDI no ha tenido una buena relación con Estados Unidos. Percibidos como demasiado tolerante y liberal como para ser buen ejemplo, Estados Unidos nunca concitó en la derecha el entusiasmo que despertó Cuba para la extrema izquierda. La UDI nunca le perdonó a Reagan haber terminado apoyando a la oposición democrática a Pinochet. Hasta que G.W. Bush llegó a la Casa Blanca, la derecha chilena no había tenido contrapartes ideológicas en el mundo. Pero la nueva derecha republicana, cuyo componente libremercadista y antiestado se combina con un fuerte ingrediente religioso, ofrece una alianza atractiva para la UDI. El celo religioso de los nuevos paladines republicanos como el líder de la mayoría en la Cámara Tom Delay (republicano de Texas) y del propio Bush, que se reencontró con el evangelio en su adultez, encuentra eco en la militancia católica activa del liderazgo UDI. Si el gremialismo ve en Jaime Guzmán a su faro ideológico, los republicanos reconocen en Ronald Reagan a su líder espiritual. La amistad construida entre Reagan y el Papa ayuda a la UDI a no desconfiar de los protestantes republicanos. Las similitudes entre la UDI y los republicanos de hoy abundan. El desprecio por el papel del estado para garantizar una sociedad más igualitaria es compartido por ambos. También comparten una marcada tendencia pro-negocios más que pro-mercado, un discurso donde se combina el populismo con el nacionalismo y un sentido de misión casi religiosa para participar en la política y la tendencia a distinguir entre el bien y el mal. 

 

La presencia de Longueira en la toma de poder de Noriega avanza la consolidación de una relación carnal entre republicanos y la UDI. Longueira espera que la UDI coseche los beneficios políticos del acuerdo de libre comercio. Después de desfavorables aventuras internacionales en Cuba, en Perú con Fujimori y en Bolivia con Manfred Reyes y de inútiles disputas por la militancia en la democracia cristiana internacional, la UDI intenta nuevamente un posicionamiento internacional. Pero esta vez el candidato a socio es más importante y controversial. El desprecio que la aristocrática derecha ha tenido por ese país sin historia ni abolengo, multicultural, multirracial y tolerante en lo religioso, pretende ahora ser reemplazado por una relación de amistad y afinidad ideológica impulsada por el visionario Longueira. Si logra convencer a los suyos, la UDI finalmente habrá descubierto una nueva forma de demostrar que ha dejado dejar atrás su pasado dictatorial para convertirse en un partido de derecha moderno y electoralmente exitoso, como los republicanos de Bush.