El presente vergonzante

Patricio Navia

La Tercera, agosto 23, 2003

 

No se puede ser partido oficialista y apoyar a la vez un paro nacional que, de ser exitoso, necesariamente debilitará al gobierno. El incomprensible apoyo brindado por el Partido Socialista al reciente paro organizado por la CUT demostró la vocación opositora del partido cuyo himno reza ‘contra el presente vergonzante, el socialismo vencerá.’ Después de trece años en el poder, el PS también es responsable del presente. Aunque le duela reconocerlo a muchos, el país debería sentirse orgulloso de haber transitado por el camino correcto durante los últimos tres gobiernos de la Concertación.

 

Al apoyar la manifestación, que dejó en evidencia el débil liderazgo del movimiento sindical, el PS innecesariamente envió una señal de incoherencia e irresponsabilidad política. Para un partido que carga con el deshonor de haber sido insensato la última vez que uno de sus militantes ocupó la primera magistratura, la lealtad con Lagos debe ser la más importante de sus prioridades. La insensatez del PS la aprovecharon otros. Después de meses de venir manifestando más ganas de hacer oposición que de forjar acuerdos, la DC terminó demostrando más lealtad con el presidente Lagos que el partido donde éste milita desde los 70. Incluso el PPD, que viene saliendo de la unidad de tratamiento intensivo, sin curarse aún del virus de ingobernabilidad, liviandad y caudillismo, fue más coherente que el PS a la hora de dar su opinión sobre el frustrado paro nacional. Incluso los socialistas que ocupan cargos de gobierno criticaron duramente al inexperto liderazgo de Gonzalo Martner que, enfrentado a una situación delicada, se excedió en su protagonismo y evidenció incapacidad comunicacional y falta de habilidad política. Al intentar congraciarse con los militantes PS de la CUT e hicieron el llamado al paro y responder a la vez a la molestia del presidente Lagos y el ministro del Interior, Martner demostró que su débil legitimidad proviene de un acuerdo entre barones PS y no de un liderazgo construido desde las bases con planteamientos sólidos y posturas claras.

 

Por cierto, la CUT, obsesionada con su liderazgo durante la dictadura, pretende resucitar las urgencias de hace 15 años en vez de hacerse cargo de los desafíos sindicales de hoy. Al protestar contra 30 años de dictadura económica, la CUT sólo evidencia su incapacidad para representar los sueños y demandas de los trabajadores chilenos hoy. Al hablar de obreros más que de empleados, la CUT no entiende los profundos cambios que han ocurrido bajo los gobiernos concertacionistas.  En vez de apoyar paros, el PS debiera ayudar a los sindicatos a adquirir un papel relevante en el nuevo Chile, enfatizando temas de productividad laboral y diálogo con empresarios y gobierno. Es evidente la necesidad de mejor y mayor inversión en capital humano. Sin ella, Chile no podrá convertirse en una nación desarrollada. Pero la incapacidad por entender que los desafíos de hoy no son los mismos que a fines de los 80 dan cuenta de una CUT y de un PS que mira más hacia atrás que hacia delante. La obsesión por conmemorar el trigésimo aniversario del golpe sin celebrar con igual entusiasmo el decimoquinto aniversario del triunfo del No evidencian dónde está el corazón de muchos en la izquierda chilena.

 

Ya es conocida la poca preocupación que el presidente ha demostrado por el buen funcionamiento de los partidos. Ricardo Lagos cree que llegó a La Moneda pese a los partidos y que su éxito como presidente se medirá en forma independiente al éxito electoral de su coalición de gobierno el 2005. Obsesionado con la modernización, Lagos parece no entender que un país moderno con un sistema de partidos anacrónico es una receta para la inestabilidad a mediano plazo. La gran debilidad de su legado será su falta de voluntad para fortalecer a los partidos de la Concertación y para refundar esa exitosa coalición de gobierno con un mensaje que se haga cargo de los profundos cambios sociales y culturales producidos gracias a los buenos gobiernos de la Concertación. Pero no se puede pedirle a los presidentes que lo hagan todo bien. Pese a sus errores y obsesión por lo mediático y por el manejo de la cotidianeidad, Lagos ha sido un gran presidente y cuenta con el respaldo de la ciudadanía. 

 

Precisamente dado el poco interés de La Moneda por la construcción de partidos políticos modernos, ágiles y responsables, el desafío del PS era reconstituirse como un partido capaz de dar garantías de gobernabilidad, buena gestión, construcción de consensos y visión de futuro. El sexenio de Lagos representaba una oportunidad inmejorable para que el PS se convirtiera en el principal partido de Chile y se perfilara como una alternativa de izquierda moderada después del periodo Lagos. Hay señales que apuntan en esa dirección, como el liderazgo responsable y con visión de estado de Camilo Escalona, el brillante desempeño de los ministros Insulza, Bachelet y Solari y el trabajo de los senadores Gazmuri, Ominami, Núñez y Viera Gallo. Pero las recientes actitudes propias de un partido de oposición, dan razón de un PS que ha cedido a la autodestructiva tentación de retroceder sin transar.