No se va a atrever

Patricio Navia

La Tercera, julio 26, 2003

 

La polémica sobre la posible re-elección de Joaquín Lavín ha adelantado el inicio de las elecciones municipales. Aunque faltan dos años para la inscripción de candidaturas presidenciales, las especulaciones sobre cómo una candidatura de Lavín el 2004 afectaría la contienda presidencial del 2005 no se han hecho esperar. Lavín es la única carta presidencial de la derecha. Desoyendo razonables consejos, la UDI puso todos sus huevos en una sola canasta electoral. Del éxito de Lavín depende que la derecha llegue al poder  democráticamente por primera vez en 45 años.

 

Su futuro político acusaría un fuerte golpe si su votación es inferior al 61% del 2000. Si pierde, sus aspiraciones presidenciales sufrirían una herida mortal. Es mucho lo que arriesgaría al buscar la re-elección. Y es poco lo que ganaría en caso de éxito. Lavín ya es el favorito para el 2005. Una victoria en Santiago no aumentaría sus bonos. Al contrario, su excesiva preocupación por lo mediático, que una re-postulación dejaría en evidencia, aumentaría las dudas entre los que quieren un estadista capaz de dirigir adecuadamente los destinos del país. Para tipos simpáticos, los programas nocturnos de televisión. Para La Moneda, una persona capaz de identificar los verdaderos intereses del país. 

 

Pero como Lavín olvidó trabajar para instalar un sucesor (dejando en evidencia un compromiso con su sector supeditado a su carrera política personal), si no se presenta, será más fácil para la Concertación recuperar Santiago. Eso sería una pésima señal un año antes de la contienda presidencial. Además de devolverle el alma al cuerpo a la Concertación, sembraría dudas sobre la capacidad de liderazgo de Lavín.  Incómodos entre la espada y la pared, sus estrategas han buscado una salida que disminuya los riesgos. Una solución es presentarse sin presentarse. Para ello, han especulado con ir como candidato a concejal. Si lo hace, el ahora alcalde demostrará un preocupante desprecio por el correcto funcionamiento de las instituciones, al transformar una elección de un consejo deliberante de líderes comunales en una frívola contienda de popularidad personal. 

 

Por lo pronto, Lavín ha respondido a las especulaciones sobre su posible re-elección con respuestas erráticas: “Quieren competir conmigo, más que interesarse propiamente en Santiago”. Pero como correctamente señaló el senador Alberto Espina, no es bueno postular “a un cargo que en los hechos no va a ejercer por más de seis meses... a la gente no le gusta que se juegue con los cargos.” El candidato de la Concertación fácilmente podrá convertir sus conocidas aspiraciones presidenciales en argumento para debilitar la campaña electoral de Lavín. Además, la controvertida gestión del edil sería sometida a un cuestionamiento mucho mayor. Después de cuidarse de no entrar en polémicas por 4 años, el alcalde torpemente se ha convertido en el centro mismo de una trifulca que tiene más costos que beneficios.

 

El debate sobre la re-postulación del alcalde también evidencia el inevitable debilitamiento de la figura del presidente Lagos. En la medida que se comienza a acercar las presidenciales del 2005, los precandidatos de los partidos de la Concertación opacarán la figura emblemática de Ricardo Lagos. Como un sol que se empieza a esconder, la autoridad e influencia del presidente irán perdiendo fuerza en los meses que vienen.

 

Por cierto, si Lavín se decide a entrar a la contienda, los 147 mil inscritos en Santiago aumentarán considerablemente. Sus partidarios y detractores se apresurarán a inscribirse en Santiago y convertirán la contienda en la peor demostración de cómo una clase política irresponsable puede distorsionar procesos democráticos para dirimir disputas de elite. Si Lavín se presenta, la elección municipal será sobre cualquier cosa, menos sobre cómo mejorar la calidad de vida de los residentes de la comuna capital.

 

Por todas esas razones, la polémica sobre qué hacer el 2004 representa un punto de quiebre con el discurso populista del político que más veces ha sido candidato en el Chile post dictadura. De presentarse a la re-elección para un cargo que no tiene intenciones de ocupar por más de 9 meses, Lavín revelaría una preocupación excesiva por su carrera política personal más que por los problemas reales de la gente.  Cuando señala que “mi responsabilidad principal va más allá de Santiago y es ser la alternativa a la Concertación en el gobierno,” Lavín insinúa el principal motivo por el que preferiría no buscar la re-elección. Lo suyo es Chile, no Santiago. Pero las dinámicas políticas adquieren vida propia y son a menudo incontrolables para los que en ellas están involucrados, por eso Lavín necesita parar la polémica pronto. Hace 15 años Pinochet perdió el control en un plebiscito originalmente diseñado como mera ratificación simbólica  de su permanencia en el poder. Aunque Lavín prefería no tener que enfrentar esta coyuntura, al final del día demostrará haber aprendido la lección del último presidente de derecha y evitará correr el riesgo de que se le derrita la nieve electoral antes de tiempo. Como bien dijera Adolfo Zaldívar, “Lavín no se va a atrever.”