Presidente contra presidente

Patricio Navia

La Tercera, Julio 12, 2003

 

Una gran falencia de nuestro diseño institucional es el rol protagónico de los ex presidentes. A diferencias de las democracias presidenciales consolidadas, nuestros ex presidentes tienen una tentación institucional para seguir activamente involucrados en política coyuntural. La reciente confrontación entre Eduardo Frei y el presidente Lagos demuestra que la existencia de los senadores vitalicios genera mucho más problemas que beneficios al sano funcionamiento de las instituciones.

 

La incorporación de senadores vitalicios a la Constitución de 1980 respondió exclusivamente a la obsesión de Pinochet por asegurar su impunidad y garantizarse un espacio para seguir influyendo de por vida.  Pero irónicamente, la figura de Senador vitalicio terminó favoreciendo, pero también creándole problemas, al único presidente post 1973 que no estuvo directamente involucrado en la transición a la democracia. Pinochet  ejerció como vitalicio solo por 7 meses. Desde marzo de 1998 hasta su arresto en Londres, Pinochet buscó aprovechar la oportunidad que le brindaba el Senado para seguir siendo un actor de la política nacional. Pero su arresto y caída evitó que pudiéramos experimentar lo dañino que resulta para la institucionalidad democrática tener a los ex presidentes como senadores vitalicios.

 

Un error técnico en la Reforma Constitucional de 1989 no le permitió a Patricio Aylwin ser senador vitalicio. Aunque pudo haber resentido esa omisión, su ausencia del Senado han facilitado que la imagen y estatura de Aylwin sigan creciendo con el pasar de los años. Él no necesita hacer públicas sus posturas sobre temas de tan poca importancia en el largo plazo como el aumento de los impuestos a los cigarrillos y alcoholes. Su ausencia del Senado le ha permitido consolidarse como una reserva espiritual de la nación, como una autoridad moral que puede aconsejarnos sin despertar sospechas de aspiraciones políticas personales.

 

Frei Ruiz-Tagle, en cambio, siendo mucho más joven que Aylwin, e incluso tres años más joven que Ricardo Lagos, llegó a ser senador vitalicio a los 58 años. Dadas sus comprensibles aspiraciones políticas futuras, su presencia en el Senado le auguró más problemas que ventajas. Pero Frei sabía que podía sumar votos para la Concertación en un cuerpo colegiado donde los designados votan mayoritariamente con la derecha y donde el sistema binominal convierte a los votantes en meros ratificadores de decisiones de elite. Diseñado como un seguro contra la derrota, el sistema binominal genera un duopolio político. De las 47 elecciones a senatoriales celebradas desde 1989, solo en cuatro casos se ha roto el empate, tres en 1989 y una en 1997. Sabiendo que el binominal se burla del principio que los electores deciden quién gana y quién pierde, Frei asumió como senador vitalicio para apoyar las iniciativas legislativas de la Concertación. Sabiendo que era mejor para sus aspiraciones políticas futuras retirarse de la coyuntura para volver a aparecer antes de las próximas elecciones, Frei sacrificó sus propios intereses para contrarrestar los efectos nocivos del sistema electoral.

 

Pese a que Frei se la había jugado a fondo para que Lagos pudiera salir electo en 1999, los nuevos habitantes de La Moneda necesariamente tuvieron que marcar distancia de la administración anterior y ocasionalmente culparon a ciertas políticas adoptadas durante el sexenio Frei por los problemas económicos y conflictos sociales que enfrentó Lagos durante sus primeros años. Es inevitable que en las transiciones, aún las democráticas, se produzcan roces entre los que se van y los que llegan. Pero la decisión de Frei de asumir su puesto de Senador vitalicio no facilitó las cosas. Inevitablemente, Frei se convirtió en el principal defensor de su propio legado en el Senado, obstaculizando ocasionalmente algunas de las iniciativas legislativas de La Moneda.  Pero la sangre llegó al río cuando Frei se distanció incluso de su propio partido al abstenerse primero y después oponerse al aumento de impuestos al tabaco en los últimos días.

 

Ahora que el gobierno decidió dar vuelta la hoja, todos evaluarán sus costos y beneficios.  Frei analizará sus aspiraciones presidenciales. Temiendo que la segunda vez nunca es mejor que la primera, y considerando que tiene más que perder que los otros precandidatos de la Concertación, Frei evaluará cuidadosamente sus aspiraciones presidenciales. Pero el presidente Lagos también debiera evaluar los costos que involucra para la consolidación democrática del país la existencia de senadores vitalicios. Comprensiblemente, el primer mandatario insiste con la idea de mantenerlos a menos que la derecha acepte una reforma al sistema electoral. Con la calculadora en la mano, la derecha defiende el indefendible sistema. Los electores poco cuentan en el debate. Pero el presidente Lagos hizo carrera política como un hombre que trabajó por recuperar la democracia y consolidarla con instituciones adecuadas y modernas. Así como es hora de cambiar el sistema electoral, es hora de terminar con la institución de los senadores vitalicios. Sería bueno para el país, para los gobiernos de turno y para los propios ex presidentes.