Como después del atentado

Patricio Navia

La Tercera, junio 14,2003

Después del fallido atentado contra su vida en septiembre de 1986, el liderazgo de Pinochet se vio fortalecido. La oposición democrática se convenció que la única alternativa para lograr el fin de la dictadura era a través del plebiscito de 1988. Después de tres años de esfuerzos para lograr el retorno inmediato de la democracia, la oposición se convenció que no podría obligar a Pinochet a dimitir. Eso la ayudó a concentrarse en construir la Concertación y prepararse para ganar el plebiscito y acceder al gobierno en las elecciones de 1989. Algo similar ocurre hoy. Después de varios meses de tambalear en el poder, el gobierno se ha afirmado. Ya nadie duda que el presidente terminará su mandato y que la derecha debe colaborar con el gobierno y prepararse para las municipales del 2004 y las presidenciales del 2005, donde tiene, hoy por hoy, la mejor opción de triunfo.

Así como Pinochet sobrevivió al atentando en 1986, Lagos sobrevivió al escándalo generado por los casos coimas y Gate. Aunque muchos se tentaron con la posibilidad de ver caer antes de tiempo al segundo presidente socialista, hoy Lagos se beneficia de la bonanza social, política y, aparentemente, económica. El legislativo está aprobando leyes importantes, la muy necesitada reforma constitucional avanza y hasta el TLC con Estados Unidos, donde muchos predijimos complicaciones por la negativa chilena a apoyar la aventura bélica de Bush en Irak, está próximo a ser aprobado por el congreso norteamericano.

Es cierto que el gobierno de Lagos sigue cometiendo errores innecesarios. La firma del TLC fue opacada por el debate sobre nuevos impuestos. El gobierno no solo no aprovechó de sacarle el jugo al monumental acuerdo con Washington sino que inició desordenadamente la discusión sobre las cuentas fiscales. Desde la responsabilidad atribuida por el ministro de salud a las vacas por el aparentemente inexistente déficit de leche en los consultorios hasta el inexplicable ‘secuestro’ de algunos empresarios en el Centro de Estudios Públicos minutos antes del arribo del presidente Lagos, el gobierno pareciera querer desviar la atención pública sobre la falta de unidad y carencia de proyecto común que existe en la Alianza. Pero pese a los errores, el presidente Lagos está mucho más firme y cómodo en La Moneda hoy que antes del 21 de mayo.

Aunque las comparaciones entre dos momentos históricos nunca pueden ser perfectas, hay similitud en el ambiente político de hoy con el que se instaló después que Pinochet salvara ileso del atentado. Así como después de 1986 la derecha entró en crisis por las diferencias sobre qué estrategia seguir para defender y prolongar el legado de la dictadura, los partidos de la Concertación difieren profundamente sobre como enfrentar las elecciones del 2005. Tal como entonces no había consenso para escoger al candidato que mejor pudiera representar a una derecha renovada, hoy no existe un candidato que logre entusiasmar a los concertacionistas. Igual que como Pinochet no quería entender que debía buscar un candidato civil para el plebiscito de 1988, Lagos hoy pareciera no querer entender que de nada sirve una alta popularidad presidencial si no hay un candidato ni una coalición ordenada que pueda beneficiarse de ella.

Cuando se hacen estas comparaciones se corre el riesgo de creer que la historia siempre se repite igual. A su vez, muchos intentan destacar las diferencias que existen entre los diferentes momentos históricos. Pero la analogía sirve para explicar el nuevo ambiente político que se instaló después de que el parlamento aprobara la ley de modernización del estado y la ley de financiamiento de la política. Después de la crisis de confianza y gobernabilidad de los últimos 8 meses, el país entró en un periodo de inesperada calma. La oposición entiende, como entendió la naciente Concertación después de septiembre de 1986, que la colaboración con el gobierno es la mejor estrategia para maximizar sus posibilidades de ganar las próximas elecciones. El gobierno a su vez puede trabajar con la oposición para mostrar una imagen de recambio y un nuevo estilo de hacer las cosas que permita transformar la anticipada derrota en un posible triunfo. Así como Pinochet se vistió de civil para enfrentar el plebiscito y la dictadura se apresuró en aprobar una serie de leyes que hicieron menos traumático el retorno de la democracia, el gobierno de Lagos se ha abocado en avanzar leyes sobre las que se puede construir un consenso amplio.

Pero si no quiere repetir el mismo desenlace negativo (para aquellos en el poder) del proceso iniciado después del atentado de 1986, el presidente Lagos debe entender que su hora comienza a pasar y que es momento de privilegiar a los posibles candidatos presidenciales que puedan ayudar a evitar que Lagos sufra después de las municipales del 2004 la misma sensación de derrota incuestionable que vivió Pinochet en 1988 y que ayuden a la Concertación a no repetir la experiencia de desunión y confusión de la derecha en diciembre de 1989. El gran error final de Pinochet fue no entender en 1988 que debía dejar paso a otros. El presidente Lagos no debiera cometer hoy el mismo error.