Entre Longueira y Zaldívar

Patricio Navia

La Tercera, mayo 17, 2003

 

Si esto fuera un partido de ajedrez entre la UDI y el PDC, las últimas movidas de Pablo Longueira tienen a la UDI a punto de hacerle un jaque mate al partido que tan belicosamente preside el senador Adolfo Zaldívar.

 

Luego que capitalizara el malestar DC después de la debacle electoral del 2001 al convertirse en presidente del partido diferenciándose del gobierno de Lagos, muchos bien intencionados militantes DC creyeron que Zaldívar venía a rescatar al partido. No entendiendo que la lealtad con La Moneda es el mejor activo para un partido de gobierno que busca ganarse la confianza de los electores, Adolfo Zaldívar se obnubiló con la estrategia explotada por algunos sectores PS y PPD durante el sexenio de Frei Ruiz-Tagle y convirtió a la DC en partido de gobierno que hace oposición.

 

Mientras algunos diputados PPD hicieron carrera política denunciando las políticas y decisiones del presidente Frei, los presidentes del PPD y el PS durante todo el sexenio fueron leales con el gobierno. Mientras Girardi—que entonces no presidía el PPD—y Ávila denunciaban al gobierno, el abanderado presidencial PS-PPD era un leal ministro de Frei. La lealtad del PS y del PPD quedó demostrada en innumerables oportunidades. Desde la aceptación del archivo de los pinocheques por razones de estado hasta la decisión de Frei de buscar el inmediato retorno del ex dictador Pinochet, el PS y el PPD se tragaron gigantescos sapos políticos que causaron indigestión y profunda molestia entre sus militantes. Pero la responsabilidad de ser gobierno en ocasiones obliga. Los cancilleres Insulza y Valdés, ambos PS, se dedicaron exclusivamente a lograr el retorno de Pinochet durante los últimos 30 meses del gobierno de Frei. Aunque militantes y legisladores de ambos partidos hayan sacado provecho de jugar a la oposición de vez en vez, la lealtad institucional del PS y del PPD con Aylwin primero y Frei después fue absoluta y disciplinada.

 

Pero el presidente DC decidió hacer oposición al gobierno de Lagos. Desde que se la jugó exitosamente para doblarle la mano al presidente en la Ley de Rentas Municipales II, que era fuertemente apoyada por alcaldes de gobierno y oposición, la estrategia Zaldívar ha sido demostrar que la DC tiene poder de veto en La Moneda. Además de sus infundadas y mesiánicas aspiraciones presidenciales, Zaldívar se ha dedicado más a crear divisiones que ha construir alianzas. Incluso al interior de su partido su liderazgo no es unificador, sino avasallador. Aunque no lo digan públicamente, honrando una vieja tradición falangista, no pocos líderes DC se sienten marginados y pasados a llevar por su combativo líder. Pero Zaldívar cuenta con el apoyo de las bases DC y sobre ellas ha construido su plataforma de militante oposición al presidente Lagos. Si en su momento los socialistas y PPD hubieran actuado con la misma irresponsabilidad, la mayoría de los militantes de esos partidos de izquierda hubieran estado de felices de abandonar el gobierno de Frei. Pero en el liderazgo socialista de Escalona primó la responsabilidad de ser partido de gobierno y apoyar a su presidente más que el interés por mezquinas ganancias de popularidad al interior del partido.

 

Así y todo, la estrategia de Zaldívar casi funciona. El líder colorín podría haber logrado reposicionar a su partido con esa estrategia. Pero Zaldívar no contaba con el chapulín colorado de Lagos: Pablo Longueira. El presidente DC no consideró en el diseño de su plan de batalla que Longueira, que hace años viene decidido a posicionar a la UDI como un partido político de centro, se anticiparía magistralmente su estrategia. Desde que se la jugó por darle apoyo político a un alicaído presidente Lagos en enero del 2003, Longueira ha buscado demostrar que la UDI es más leal con la Concertación que la DC. Mientras la UDI da señales de responsabilidad política y gobernabilidad, el presidente DC insiste en torpedear iniciativas legislativas, debilitar la Concertación y pelear por nombramientos para la secuela de mediocres aliados que tiene en el partido.

 

Es cierto que la UDI está llena de personajes que causan animosidad política al electorado moderado. La cercanía de ese partido con ciertos grupos económicos que parecen empecinados en apoderarse de las pocas empresas estatales que quedan, la poca falta de autocrítica por el rol colaboracionista que muchos UDI tuvieron en la dictadura y el silencio que guardaron ante las violaciones a los derechos humanos y lo retrógrado y peleador de algunos de sus combativos senadores dificultan la marcha hacia el centro político del presidente UDI. Pero al demostrar menor lealtad hacia el gobierno que la propia UDI y mayor disponibilidad para quitarle el piso a las iniciativas de Lagos, Adolfo Zaldívar está facilitando el trabajo de Pablo Longueira. La disputa por el electorado moderado de centro no la va a ganar el que entusiasme a más militantes de partidos, la ganará aquel que logre convencer al público de poseer mayor responsabilidad política para gobernar y mayor capacidad de construir consensos y llegar a acuerdos. En eso, en los últimos meses, Longueira ha demostrado mucha más habilidad que Adolfo Zaldívar.