Lagos te da sorpresas
Patricio Navia
La Tercera, abril 5, 2003

Cuando parecía listo para tirar la toalla, el presidente Lagos sacó una magistral jugada bajo la manga. Bastó un solo nombramiento para que el presidente pudiera volver a dormir tranquilo y sintiera nuevamente la satisfacción de saberse en control de la agenda política.

La nominación de Vittorio Corbo como consejero del Banco Central fue un golpe a la cábala. Lagos despejó el debate sobre el sucesor del renunciado Massad al nombrar a un economista de intachable reputación técnica y reconocida moderación política.  Su decisión fue vitoreada por los mercados. Incluso en la derecha  sólo hubo elogios para el presidente. Pablo Longueira, el combativo líder de la UDI, no supo por qué reclamar. Hasta la siempre crítica senadora Evelyn Matthei (que en pro de la transparencia debería evitar opinar por estar casada con un consejero del Central), celebró la decisión presidencial. Los medios de prensa de oposición desempolvaron sus guantes de seda para alabar la altura de miras y liderazgo presidencial. En la Concertación, sólo voces aisladas expresaron su rechazo al nombramiento. Por eso, al nombrar a Corbo, el presidente se anotó varias victorias y pagó costos mínimos.

 

Después de ser ratificado por el senado, Corbo representará una valiosa contribución. Mientras mejor la calidad técnica y la independencia intelectual de sus consejeros, más fortalecida resultará esa institución. Es más, incluso los que prefieren una política más redistributiva tendrán mejores argumentos para pedirle al presidente que nombre a un respetado economista con ideas opuestas a las de Corbo cuando toque reemplazar a Jorge Marshall a final de año. Con economistas de calidad que piensen distinto, el Central podrá deliberar mejor sobre cómo mantener mejor la estabilidad macroeconómica y fortalecer una economía más dinámica que de oportunidades a todos.

La renuncia de Massad había desatado una nueva lucha partidista por el nombramiento del sucesor. Mientras en la derecha insistían que ahora les tocaba, del PDC exigían que se nombrara a uno suyo. Al igual que en el directorio de TVN, el oligopolio derecha-Concertación defiende con el mismo ahínco la repartija que luego sus candidatos denuncian frente a las cámaras. Al dejar de lado las consideraciones partidistas mal habidas, Lagos se invistió de una prestancia de estadista incluso mayor que cuando se ciñe la banda presidencial. Como un equipo de fútbol que supera la confusión y vuelve a jugar magistralmente, esta movida de Lagos ayudará a devolver el entusiasmo a los que creen que la Concertación todavía tiene un papel imprescindible en la conducción del país. La derecha habla de gobernar con los mejores. Pero cuando estuvo en el poder, más que reclutarlos para gobernar, la dictadura se dedicó a exiliar y matar opositores. Y si Lavín promete gobernar con los mejores, Lagos demuestra que él sí lo hace. No hay mejor activo electoral que el recuerdo de un buen gobierno.

Al nombrar a Corbo, Lagos también marca distancia de los nombramientos de su predecesor. En 1995, en vez nominar a un economista conservador de brillante trayectoria, Frei oyó el consejo de su ministro de hacienda Eduardo Aninat y nombró a alguien que fuera a hacer poco ruido: la inexperta e intelectualmente deslucida María Elena Ovalle. Sabiendo que la mejor forma de anular a un organismo autónomo es nombrando gente que carece de la calidad técnica para hacer bien la pega, Frei olvidó su obligación de fortalecer las instituciones.  Luego en 1996, al renunciar Roberto Zahler, Frei nombró a su ministro de salud, Carlos Massad, quien ya había sido presidente del Central con Frei padre. En 1999, Frei respetó el cuoteo y nombró a Jorge Desormeaux, dejando de lado candidatos conservadores más capacitados y reputados. Lagos en cambio nombró primero al respetado José de Gregorio para reemplazar a Pablo Piñera. Y ahora nombró a Corbo. Sus nombramientos han fortalecido y consolidado la independencia y autonomía de Central. Con este último nombramiento, Lagos busca sepultar la lógica del cuoteo partidista, que data desde que la dictadura dio autonomía al Banco Central poco antes de dejar el poder. Las ideas, y la diversidad, deben pesar más que la militancia política en ese organismo y otros entes estatales autónomos.

Pero los beneficios para el presidente llegan más allá de la macroeconomía. Lagos ha recuperado el control de la agenda política, ha dejado sin tema a la oposición y se ha elevado por sobre las disputas partidistas pequeñas. Aunque el capital político de las victorias no dura para siempre, esta decisión vuelve a poner a La Moneda en la cabina de control. Pero lo que es mejor, demuestra que el presidente puede lograr buena sintonía con una mayoría del país, privilegiando políticas e ideas que mezclen innovación, creatividad y saludable moderación. Más que evidencia de popularidad presidencial, esta decisión es evidencia de un buen gobierno. Eso le había venido fallando a Lagos en los últimos meses. Seguir haciendo un buen gobierno es el único camino que llevará a Lagos a coronar su sexenio con la entrega de la banda presidencial el 11 de marzo del 2006 a una cuarta administración de la Concertación.