Guerra, errores y oportunidades

Patricio Navia

La Tercera, marzo 22, 2003

 

Aunque la mayor cantidad de los chilenos creía que era mejor intentar evitar la guerra, de poco sirve llorar por la leche derramada. Al adoptar una posición contraria a la guerra, el presidente Lagos ganó puntos en el rating político, pero Chile incurrió en costos en su relación con Estados Unidos. Por eso, ahora que la guerra comenzó, Chile debe cambiar de estrategia para ofrecer decidido apoyo a Estados Unidos en la reconstrucción de Irak. Esto no significa cambiar de posición respecto a la guerra. Sólo se trata de resaltar la unidad de propósitos de Chile y Estados Unidos por lograr convertir a Irak en una democracia sólida y próspera con oportunidades para todos sus habitantes. Después de asumir los conocidos desacuerdos entre Washington y La Moneda, ésta es la ocasión para establecer una relación carnal de apoyo a Estados Unidos apenas caiga derrocado el régimen de Sadam Hussein.

 

No hay que engañarse. La decisión de Chile de votar contra Estados Unidos en el Consejo de Seguridad acarreará costos. Dichos costos no serán ni tan altos como argumentan la oposición ni tan triviales como asegura La Moneda. Habrá TLC porque el libre comercio es la piedra angular de la política estadounidense para América Latina. Por más molesto que esté Washington, Estados Unidos no va a abandonar una política regional sólo para castigar a Lagos. Pero tampoco saldrá gratis al presidente chileno anunciar su rechazo a Estados Unidos horas antes de que no se votara la resolución. Como el suegro que, decepcionado con el novio de su hija, anuncia su oposición a un matrimonio que igual no se iba a realizar, La Moneda mostró sus cartas sin necesidad de hacerlo.

 

La propuesta del presidente Lagos imponiendo cinco condiciones a Hussein fue una buena idea. El rápido rechazo de Washington no significaba una derrota inmediata. En un contexto dinámico de negociación, la Propuesta Lagos tenía posibilidades de ser acogida si hubiese sido más explícita en incluir el ultimátum a Hussein que buscaba Washington y más flexible con relación al plazo de tres semanas. También hubiera ayudado que la propuesta hubiese sido presentada junto a otros países indecisos del Consejo de Seguridad. Al plantear la propuesta en solitario, Lagos debilitó lo que podría haber sido un gran logró en política internacional.

 

La decisión del presidente Lagos fue comprensible dado el contexto doméstico. Después de una semana de lamentables errores en el manejo del caso Corfo-Inverlink, el presidente tuvo una inmejorable ocasión para que la prensa olvidara temporalmente el escándalo que llevó a la renuncia de su yerno por la pérdida de 100 millones de dólares del conglomerado estatal. Pero no hay que equivocarse, el conocido protagonismo del presidente probablemente lo hubiera llevado a hacer las cosas de la misma forma que las hizo aún de no haber existido el escándalo Corfo-Inverlink. No es que Lagos haya querido tapar un escándalo doméstico con una arriesgada maniobra de política internacional. No, el presidente se entusiasmó con la idea de ser un actor internacional relevante y potenció más su lucimiento internacional y doméstico que la posibilidad de éxito de su propuesta. Es cierto que de haberse opuesto activamente al nombramiento de familiares en puestos claves de gobierno, el presidente no habría cometido los errores que cometió en el affaire del jarrón. De haber tomado una posición mucho más dura contra el nepotismo (tanto en nombramientos como en confirmaciones), Lagos no habría sentido la necesidad de salir a defender la labor del padre de sus nietos. Los errores comunicacionales en el caso Corfo-Inverlink fueron solo agravados por el parentesco de Lagos con Gonzalo Rivas. Pero la razón primordial es el excesivo protagonismo presidencial, avalado por un grupo de asesores que parece mucho más interesado en los niveles de aprobación del mandatario que en la unidad de la coalición de gobierno.

 

Pese a los costos ya incurridos, una vez iniciada la guerra, el rechazo de Chile a una resolución que nunca fue votada y la frustrada propuesta realizada por Lagos hace 8 días son parte del registro histórico. La política internacional es dinámica y la relación con Estados Unidos no tiene por qué quedar eternamente circunscrita a esos malos recuerdos.  Chile puede aprovechar la oportunidad que se nos abre para componer las relaciones con Washington. Un apoyo decidido al esfuerzo por reconstruir Irak es la mejor estrategia que puede adoptar La Moneda. Los beneficios de largo plazo que el país puede obtener son innumerables. Más que buscar ganar puntos en el rating político de corto plazo, el gobierno debiera doblegar sus esfuerzos para lograr demostrarle a Estados Unidos que son muchas más las cosas que nos unen que las que nos separan. En vez de querer mejorar los niveles de aprobación de un presidente que no puede buscar la reelección y que no se la ha jugado por recomponer la unidad en su alicaída alianza de gobierno, el equipo de La Moneda debiera actuar rápida y decididamente para volver a convertirnos en el mejor amigo de Estados Unidos en Sudamérica.