Patas de los caballos

Patricio Navia

La Tercera, sábado 8 de marzo de 2003

 

El período de dos años que Chile estará en el Consejo de Seguridad se está convirtiendo en un verdadero dolor de cabeza para La Moneda. Como una familia que decidió irse a unas tranquilas vacaciones y terminó pasándolo pésimo, el gobierno de Ricardo Lagos, aunque no lo reconozca públicamente, se pregunta cuándo decidió competir por un escaño en ese organismo de la ONU.

 

Es difícil pensar en un peor momento para estar en medio del ‘gallito’ diplomático que hoy tienen Estados Unidos y Gran Bretaña por un lado y Francia, Alemania, Rusia y China por el otro. De esos, sólo Alemania no es miembro permanente del Consejo. Bulgaria y España apoyan la resolución presentada por Washington. Siria y Pakistán, no apoyarán a Bush por diferentes razones. La presión recae sobre los 3 africanos y los dos latinoamericanos: México y Chile. Sin ellos, Estados Unidos no tiene los 9 votos necesarios para pasar una resolución. Y aún con ellos, Francia igual podría ejercer su derecho a veto.

 

Después de otro ambiguo informe entregado ayer por Hans Blix, el jefe de los inspectores de armas, Estados Unidos presionará para se vote la nueva resolución. Después de advertir que no necesita autorización de la ONU, Washington igual presionará a ese organismo para que autorice el uso de la fuerza para derrocar a Hussein. Chile encerrado entre dos posturas, apoyar a Estados Unidos, apoyar a Francia (absteniéndose o votando contra USA), ha optado por una arriesgada tercera vía, seguir exhortando a los grandes a ponerse de acuerdo.

 

Apoyar a Estados Unidos significa ir contra la voluntad mayoritaria del pueblo chileno. Socialistas y democratacristianos se habrían opuesto a un bombardeo estadounidense para derribar a la dictadura de Pinochet. Por otro lado, aquellos que deberían defender en público la postura estadounidense, no lo hacen. Ni los más interesados en el TLC con Estados Unidos ni los que comparten la visión derechista integrista religiosa de Bush se atreven a defender a la Casa Blanca. ¿Alguien sabe cuál hubiera sido la postura de Lavín de haber sido presidente? ¿Podría haberse escudado en el ‘este no es un problema real de la gente’? ¿O es que debemos suponer que de ser presidente, Lavín renunciará a involucrarse en las grandes ligas de la política internacional? Aunque uno pudiera entender que el país se beneficiaría económicamente al hacerlo y que, después de todo, Estados Unidos va a atacar igual, Chile no apoya a Washington porque la poca visión estratégica de largo plazo de política internacional del gobierno es solo menos patética que la nula visión de política internacional de la oposición de derecha.

 

No apoyar a Estados Unidos implica costos igualmente altos. Antes de buscar entrar al Consejo de Seguridad, cualquier país latinoamericano debería primero tener claro si se animará alguna vez a votar en contra de la postura de Washington. Si el país no se va a atrever a hacerlo, es mejor quedarse fuera del Consejo.  Aunque nos perdamos una oportunidad de codearnos con los grandes, Chile debe entender que Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos. Peor aún, para oponerse a la guerra, hay que tener una postura por la paz coherente con la defensa de la democracia y de los derechos humanos. Por ejemplo, no se puede condenar las violaciones a los derechos humanos en Cuba pero no en Irán.

 

El presidente Lagos se la ha jugado de lleno por la tercera opción: exhortar al consenso a los 5 miembros permanentes. Pero si los 5 grandes se deben poner de acuerdo, ¿qué sentido tiene que haya países chicos en el Consejo? Es más, aún cuando sea razonable la postura llamando al consenso, de no darse tal consenso, el presidente necesariamente tendrá que optar por un Plan B. Ahí las opciones son solo dos: apoyar a Estados Unidos o no hacerlo. Si bien es cierto el presidente Lagos ha sido sensato al esperar para tomar una posición definitiva, a la espera que Tony Blair logre negociar un acuerdo con Francia, la urgencia de Bush por iniciar la guerra pudieran forzar a Chile a “poner sus cartas sobre la mesa.”

 

Como si la situación ya no fuera lo suficientemente compleja, ahora resulta que la Misión chilena ante la ONU estaba siendo espiada por la inteligencia estadounidense. En vez de sugerirle al espionaje estadounidense que se dedique a perseguir a potenciales terroristas, el gobierno se complicó. Exasperado, el presidente repitió seis veces el pasado jueves que “el Gobierno va a hacer lo que corresponde hacer.” Pero nadie sabe muy bien qué corresponde hacer, y por lo tanto no se ha hecho nada.

 

Al final esto pudiera ser el típico caso de mucho ruido en pocas nueces. Decidido a atacar, Bush derrocará a Hussein. La ONU luchará por seguir avanzando en establecer un orden mundial y, si las cosas salen bien, esta guerra no ocupará grandes páginas en la historia. Si en cambio las cosas se complican, con altos costos en vidas y daños económicos, entonces los revisionistas de siempre empezarán a buscar culpables y allí la forma en que vote Chile será objeto de sesudos análisis. Entonces, peor que haberse equivocado al buscar consolidar la democracia y la paz mundial, habrá sido no haber sabido qué hacer en el Consejo de Seguridad.