Jose Miguel I, rey del primer piso

Patricio Navia

La Tercera, marzo 1, 2003

 

No sorprende que haya un cierto gusto a poco después del cambio de gabinete anunciado ayer. Después de meses de discutir cada posible combinación de relevos, era inevitable la sensación del ‘se podría haber hecho mucho más.’ Esperar tres meses para realizar el anunciado cambio irremediablemente llevaría a muchos a hablar de gatopardismo. Pero sin duda fue mejor esperar para enmarcarlo en el contexto del comienzo de la segunda mitad que haber realizado el cambio en el peor momento de los escándalos de corrupción y coimas.

 

Así y todo, el presidente nuevamente evidenció poca disponibilidad para asumir riesgos políticos. Igual que los empresarios a quienes veladamente fustiga por querer ganancias seguras y no atreverse a asumir riesgos, Lagos sólo cambió 7 ministros y trajo pocas caras realmente nuevas. Para un gobierno peligrosamente discreto, incluso con atisbos de mediocridad, esta renovación efectivamente es poco intrépida. Con falta de creatividad y audacia será difícil dar el impulso necesario para hacerle perder el sueño a Lavín el 2005. De acuerdo, las elecciones se ganan en las campañas después de escoger candidato. Pero nadie podrá decir que el 28 de febrero del 2003 se comenzó a gestar la exitosa segunda mitad del periodo Lagos.

 

Al diseñar el cambio de gabinete, el presidente necesitaba abordar tres desafíos. Primero estaba la necesidad de renovar algunas caras claramente desgastadas. La salida de Aylwin en educación, Gómez en justicia, Artaza en salud y Fernández en Presidencia respondió a esa necesidad. La salida de Pérez en Mideplan y Muñoz en SeGeGob se explica por otra lógica. Mientras Pérez pasó a Sernam, Muñoz va a la banca a esperar un nuevo recambio. Como Pérez Yoma con Frei, Muñoz es de los que seguirán junto al presidente hasta el 11 de marzo del 2006.

 

El segundo desafío tenía nombre y apellido: Adolfo Zaldívar. El belicoso senador colorín quería poner a su gente, pero muchos de sus candidatos eran mediocres o no calzaban con el estilo del presidente. Al final Zaldívar sólo logró el ingreso de Pedro García en Salud. Aunque ganó Mideplán, al perder educación la DC salió para atrás. Peor aún, Zaldívar sabe que no puede contar con la lealtad del nuevo chascón ministro de Mideplan. Al final del día, el eficiente y capaz Andrés Palma será mucho más leal con el presidente Lagos que con el presidente de la DC.

 

El tercer desafío era qué hacer con Insulza. Por semanas se consideró su salida condición sine qua non para un cambio de verdad. Pero el ministro del Interior no solo se mantuvo, sino que consolidó posiciones en La Moneda. Francisco Vidal, su subsecretario de desarrollo regional, pasó a Secretaría General de Gobierno. A Vidal lo reemplazó otra leal a Insulza, Adriana del Piano. Con el ingreso de Francisco Huenchumilla a Presidencia, Insulza deja en claro que él manda en el primer piso en La Moneda. Nunca desde el retorno de la democracia había tenido La Moneda un residente tan poderoso. En junio del 2003, Insulza pulverizará el récord de 4 años del triunvirato Boeninger-Correa-Krauss. Insulza deberá cuidarse de usar su poder para lograr victorias, además de contener crisis, y tendrá que trabajar duro para no alimentar las desconfianzas que naturalmente aparecerán en el segundo piso contra el hombre fuerte del gabinete.

 

El presidente optó por no tocar al equipo económico. Con la incertidumbre sobre el futuro de Carlos Massad en el Banco Central y la necesidad de nombrar a un reemplazante para Jorge Marshall en el directorio de ese organismo antes que termine el año, Lagos prefirió dejar cualquier ajuste en el equipo económico para más adelante.

 

Los presidenciables Alvear, Bachelet y Ravinet también mantuvieron sus puestos. Mientras Ravinet tendrá que luchar para lucirse más desde Vivienda y Urbanismo, Bachelet tendrá que maniobrar bien para reformar el arcaico sistema de pensiones militares como el inverosímil subsidio que otorga Codelco a las compras de armas. Alvear tendrá que navegar las difíciles aguas del Consejo de Seguridad de la ONU buscando mantener la postura chilena en pro de la paz sin contrariar ni ofender al ahora belicoso Washington. Si en cambio cede a las presiones de la Casa Blanca, Alvear tendrá que votar en la ONU para legitimar la guerra estadounidense contra Irak. Así y todo, Lagos sabe que en Alvear, Bachelet y Ravinet tiene sus mejores cartas sucesorias y en este ajuste actuó en consecuencia.

 

El lunes, cuando jure el nuevo gabinete, el presidente dará oficialmente por iniciada la segunda mitad de su periodo. Con muchas menos expectativas que el 11 de marzo del 2000 pero con un desafío mucho mayor, Ricardo Lagos insistirá en la misma estrategia que utilizó durante los primeros años, la presidencia omnipresente. Pese a que se acabarán los conflictos en los ministerios políticos, Lagos tendrá que bregar para construir una relación de cooperación con el ahora molesto presidente de la DC. Así  y todo, aunque los nuevos ministros lleguen con energía y entusiasmo, la renovación anunciada por La Moneda parece mucho menos ambiciosa de lo necesario y menos energizante de lo que creían aquellos que pensaban que este nuevo gabinete duraría más que el que acaba de ser reemplazado.