Cruz de Lagos

Patricio Navia

La Tercera, febrero 22, 2003

 

Mucho más que los diputados desaforados, el Gate-gate es el escándalo que más dolores de cabeza le ha generado a La Moneda. Para empezar, se le dio un trato muy diferente a los involucrados. Si con los desafueros se estrenó la frase del 'caiga quien caiga', apenas se concretó su detención en Capuchinos, La Moneda autorizó la visita de ministros y hombres de confianza presidencial a Carlos Cruz. Una de las razones que llevó a La Moneda a tratar los dos casos con estrategias tan diferentes es la relación directa que por años tuvo el ex ministro Cruz con el presidente. No sólo trabajaron juntos en Obras Públicas cuando Lagos era ministro, sino que Cruz fue el encargado de seguir adelante con la visión estratégica del ministro Lagos: construir una infraestructura adecuada para un país que quiere llegar al selectivo club de naciones desarrolladas. Al cuestionar las acciones del ex ministro Cruz indirectamente se pone en tela de juicio la eficiencia y transparencia del plan de concesiones, legado de Lagos como ministro de obras públicas.

 

Es injusto suponer la culpabilidad de los acusados antes que se dicten sentencias. Las personas son inocentes hasta que se pruebe su culpabilidad. La premura con que muchos han dictado sentencia antes que lo haga la justicia es un atropello a los derechos de los acusados. Aquellos involucrados que salgan absueltos en los casos coima y Gate igual tendrán que vivir con el estigma de haber sido implicados en los escándalos más conocidos de corrupción en el periodo post dictadura.  Pero la forma en que se complicó el caso GATE para La Moneda bien pudiera representar el ABC de lo que no hacer al responder a crisis ocasionadas por acusaciones de corrupción.

 

Pero no es solo eso. Los orígenes del caso Gate pueden encontrarse en la forma en que el presidente Lagos nombró ministros al tomar el poder en marzo del 2000.  Al seleccionar al primer equipo de ministros, los presidentes deben estar pensando en la sucesión presidencial. Como no se sabe hacia dónde soplará el viento y cuáles serán las coyunturas que definirán las próximas elecciones, los presidentes recién electos 'echan a correr varios caballos' sin saber cuál de ellos podrá llegar en condiciones de competir cuando empiece la próxima campaña presidencial. De acuerdo, los presidentes deben, además, nombrar hombres y mujeres idóneas, capaces de cumplir los desafíos y retos que se les presenten. No basta con nombrar buenos técnicos ya que los ministerios son puestos esencialmente políticos, aunque si los políticos tienen habilidades técnicas, sus posibilidades de éxito son mucho mayores. Pero por sobre todo, los presidentes deben entender que el mejor seguro para evitar el tipo de situaciones como la que tiene tan cuestionado a Obras Públicas es nombrar ministros con aspiraciones políticas propias. Si Carlos Cruz hubiera tenido intenciones de ser senador o incluso presidente, habría sido mucho más cuidado al autorizar el tipo de contratos que se realizó con la empresa GATE. Alguien que aspira a ser presidente o senador no va a tomar decisiones administrativas que más adelante puedan dañar su carrera. Sería impensable que el ministro Ravinet o el mismo alcalde Lavín hicieran negocios con una empresa como Gate. Ambos tienen aspiraciones políticas que los llevan a tratar de evitar por todos los medios ese tipo de errores administrativos. Es más, cuando Ricardo Lagos fue ministro de Obras Públicas, no existió este tipo de desórdenes. Lagos sabía que una gestión brillante e intachable en su ministerio sería su mejor carta para llegar a La Moneda. Como Carlos Cruz aparentemente no aspiraba a una carrera política posterior, fue menos cuidadoso. Sus lamentables declaraciones sugiriéndole a la gente levantarse más temprano para no ser afectados por el alza de los pasajes del metro respondieron a la misma lógica. Alguien que espera obtener sus votos no demuestra tan poca simpatía por las preocupaciones económicas de los más pobres.

 

El error inicial, independientemente de las responsabilidades legales del ex ministro Cruz, fue que el presidente Lagos nombró en el mismo ministerio que lo llevó a él a convertirse en candidato presidencial exitoso a un hombre que no tenía aspiraciones políticas personales. De haber escogido al entonces alcalde Ravinet o al también socialista Jaime Estévez, por mencionar algunos de los nombres que circulaban como candidatos a fines de enero del 2000, Lagos se habría evitado tener que lidiar con la secuela de acciones judiciales, titulares de periódicos y tensiones al interior del gobierno que han resultado del Gate gate.

 

A esta altura no hay mucho más que hacer sino aguantar el temporal. Salvo que se hace evidente que el presidente prepara un cambio de gabinete para los próximos días. Para lograr evitar escándalos similares que puedan enlodar al gobierno durante los últimos meses de su administración en un par de años, el presidente debiera aceptar que, por los propios incentivos estructurales de la política, nombrar presidenciables en ministerios claves no sólo permite a los candidatos comenzar a hacer sus campañas desde ya, sino que además sirve como efectivo seguro contra el tipo de errores administrativos que hoy tienen con tantos dolores de cabeza a La Moneda.