El cambio de gabinete

Patricio Navia

La Tercera, diciembre 14, 2002

 

Aunque se sienta tentado a alargar la merecida celebración del acuerdo de libre comercio con Estados Unidos, el presidente no debiera dejar de atender la preparación de lo que será la señal más poderosa del inicio de la segunda mitad de su gobierno. Mientras el TLC representa un gran final para la difícil primera mitad de su mandato, el nuevo gabinete será la primera señal sobre qué esperar en los próximos tres años y sentará las bases de la estrategia presidencial para abordar el más importante de los desafíos que le esperan: la elección presidencial del 2005.

 

Un año duró la vida útil del gabinete anunciado en enero del 2002. Mezcla de enroques y unas pocas caras nuevas, esos cambios terminaron siendo insuficientes para enfrentar la nueva coyuntura política. Al no anticipar la grave amenaza a la unidad de la Concertación que representó la elección de Adolfo Zaldívar en la DC, el ajuste no le dio mayor fluidez al liderazgo político del gabinete ni redujo el excesivo protagonismo cotidiano presidencial. 

 

Ahora que el presidente debe comenzar a amarrar su legado, si ajusta su gabinete para darle a la Concertación una razón de ser con miras al 2005, pasará a la historia como un grande. Si en cambio insiste en gobernar con la lógica de 'después de mí, el diluvio', la historia será menos bondadosa. De ganar Lavín y desaparecer la Concertación por agotamiento y balcanización, Lagos quedará con el estigma del gerente de una gran empresa que llegó solamente a administrar su disolución. Aunque la historia le reconozca sus logros, Lavín podría ser el presidente que recoja los frutos de la integración comercial por la que batalló Lagos.

 

Pese a que Lagos podría esperar hasta marzo del 2003, la posibilidad de que este gabinete llegue intacto al discurso presidencial del 21 de mayo es remota. Los candidatos a salir son todos menos uno: Nicolás Eyzaguirre.  Hay otros intocables que de salir del gabinete, seguirían activos en política: Insulza, y los presidenciables Alvear, Bachelet y Ravinet. Por eso, aunque quisiera a Alvear o Ravinet en La Moneda, deberá ser extremadamente cauto para evitar inconformar a sus presidenciables. Por otro lado, ya sea porque el presidente quiera un triunvirato político de verdad o porque simplemente el ministro del interior quiera irse, la salida del poderoso Insulza es posible. Es más, será difícil que los otros dos ministros políticos logren tomar protagonismo si Insulza sigue. Pero sin él, el riesgo de nuevos desórdenes y de una presidencia todavía más monárquica sería una amenaza cierta. Lagos entiende que no puede dañar las posibilidades de sus presidenciables.

 

La dupla política Muñoz-Fernández tuvo menos vida frente a Insulza que el dueto Huepe-García. Por un lado el poder del Ministro del Interior ha seguido aumentando, pero también los desafíos de Muñoz y Fernández fueron más difíciles que los de sus predecesores. Así y todo, Muñoz es demasiado laguista como para ser un puente efectivo con el PPD y pese a su correcto desempeño, se siente tan incómodo de vocero como un buen zurdo jugando por el sector derecho. Fernández, en cambio, simplemente no dio el ancho. Incapaz de evitar sus controvertidas declaraciones (se definió como el hombre de la iglesia en el gobierno y como militante DC antes que ministro de Lagos), el “Peta” jamás se ganó la confianza del presidente ni de Adolfo Zaldívar. Por eso, ha sido el primero en la lista de prescindibles entregada por el presidente de la DC a La Moneda.

 

Ahora, Lagos se debate entre armar un gabinete de estrellas—lo que debió haber hecho en marzo del 2000—o simplemente meter un par de pesos pesados, proteger a los presidenciables y realizar algunas concesiones a Zaldívar. Aunque dada la mediocridad intelectual, mediática y profesional de los candidatos a ministro del colorín, éste tendrá que contentarse con militantes DC de otras tendencias que no le despierten demasiada animosidad y que lleguen al gabinete a sumar energías concertacionistas más que a preparar una campaña presidencial que cada día se parece más a la de Frei Bolívar.

 

Pero si Lagos no quería ser opacado en marzo del 2000, y prefirió un gabinete de estrellas menos luminosas que si mismo, no es de perogrullo suponer un cambio demasiado radical para la segunda mitad de su gobierno. Más preocupado de su propia re-elección el 2009, el presidente Lagos parece haber desahuciado definitivamente a la Concertación. O bien se la encomendó a los propios partidos, lo que equivale a esperar que un agnóstico pida un milagro.

 

De que habrá cambio, qué duda cabe. Pero están demasiado confiados los que esperan que el presidente finalmente incorpore un equipo de estrellas para realizar una gran segunda mitad, condición que todos entienden como esencial para aspirar a una victoria el 2005. Lagos finalmente pudiera simplemente resignarse a la tarea de administrar el país a la espera del retorno de la derecha a La Moneda diecisiete años después del abrazo de Lagos y Alwyin la noche del plebiscito del 5 de octubre. La señal más poderosa de los próximos meses se dará cuando el presidente anuncie su nuevo equipo. O evidencia un diseño para ganar el partido, o se la juega por mantener el resultado actual hasta el final.