Triple Mano Blanda

Patricio Navia

La Tercera, noviembre 2, 2002

 

Por más que uno busque responsabilidades compartidas, el único culpable de la ola de corrupción actual es la Concertación. El origen del problema se encuentra en la tibia respuesta de Aylwin a los escándalos destapados en su administración y, lo que es peor aún, su quieta aquiescencia a la inaceptable condición de la dictadura de introducir una ley de amnistía de facto a la corrupción ocurrida entre 1973 y 1990. Ese esmero por ayudar a tapar la corrupción dictatorial envió dos señales potentes. Primero, el retorno a la democracia estaba condicionado por la amenaza de Pinochet (“el día que toquen a uno de mis hombres, se acaba el estado de derecho”.)  Segundo, y más importante aún, al aplicar un perdonazo a la corrupción dictatorial, Aylwin dejó muy en claro sus prioridades. De acuerdo, el presidente demostró sus altos valores morales al oponerse a echarle tierra a las violaciones de los derechos humanos. Pero hacer la vista gorda ante la innegable evidencia de corrupción ocurrida particularmente en los últimos años de la dictadura también demuestran que Aylwin no entendió el terrible daño que hacía a la consolidación democrática al enviar la señal que la desaparición de recursos fiscales, no de personas, pasaba piola. Aylwin, con su excesivo cuidado en no inquietar al belicoso Pinochet, sentó un precedente que lenta pero decididamente se convirtió en patrón de comportamiento en la Concertación.

 

La administración Frei profundizó la tesis de no indagar en casos de corrupción pasados, incluyendo los de la propia administración Aylwin. Los escándalos de Codelco, Pinocheques, refinerías y otros, comidilla de los pasillos de la política nacional, fueron simbólica o literalmente archivados por razones de estado. Pero Frei también profundizó otra práctica común de la administración Aylwin, la contratación de familiares y amigos en puestos de confianza. Uno puede argumentar que en Chile todos son parientes y que los mejor capacitados resultan siempre ser los amigos y familiares, pero la gran mayoría de los chilenos, los que no están emparentados con los gobernantes ni son amigos de los que toman las decisiones, no se creen el cuento. Aylwin y Frei no hicieron esfuerzos por transparentar los nombramientos ni tomaron una posición decidida contra el nepotismo y los pitutos. De acuerdo, la dictadura también se llenó de parientes y amigos, pero se suponía que el retorno de la democracia conllevaría el fin de toda las prácticas deleznables de la dictadura. Los gobiernos de Aylwin y Frei equivocadamente creyeron que ésas se limitaban a los derechos humanos.

 

La llegada de Lagos a La Moneda representó un desafío particularmente difícil. Después de 10 años de gobierno concertacionista, muchos que habían estado metiendo las manos ya habían perdido el pudor inicial. Las pasadas de sombrero para financiar campañas se pusieron menos cuidadosas y la presión por conseguir fondos para financiar cuatro campañas consecutivas entre 1999 y el 2001 terminó por estirar tanto el elástico que en algunos casos se terminó por romper. Pero fue también el sentimiento de la ceremonia del adiós que motivó a unos a apurar el tranco y a otros que nunca habían metido las manos a comenzar a hacerlo. De acuerdo, muchos concertacionistas son convencidos y encomiables servidores públicos. A su vez, no todos los que fueron parte de la dictadura robaron o violaron los derechos humanos. Pero así como los logros de la dictadura quedaron inevitablemente marcados por su ignominioso récord de violaciones a los derechos humanos, los grandes avances de los gobiernos concertacionistas quedarán desteñidos por los casos de corrupción, amiguismo y nepotismo.

 

La decida posición de Lagos contra la corrupción representa un cambio sustancial respecto a Frei y Aylwin, pero el presidente tampoco tenía muchas otras opciones. Es más, la evidencia respecto al nepotismo y al ‘pituto’ no dejan bien parada a su administración. Desde la familia en el círculo íntimo presidencial hasta los nombramientos de ineficientes protegidos y familiares de caudillos políticos, y amigos personales, la evidencia es incontrarrestable. La administración Lagos profundizó aún más la vergonzosa práctica iniciada por Aylwin y consolidada por Frei de privilegiar el ‘a quién conoces’ por sobre el ‘qué sabes.’

 

El presidente Lagos se encuentra con una profunda crisis de credibilidad y confianza en el gobierno y en las instituciones (por los escándalos que afectan a la iglesia y al ejército.) Pero toda crisis puede ser una gran oportunidad, especialmente para un presidente que se perfila como uno de los mandatarios más importantes en la historia del país. Lagos puede ahora echar las bases de su gran legado histórico. Su firme declaración de ‘mano dura’ contra la corrupción debe llevar a abrir todas las puertas del infierno. La iniciativa debe incluir una lucha decidida contra el amiguismo y el nepotismo y una actitud resuelta por investigar todos los casos de corrupción ocurridos en los últimos 25 años, caiga quien caiga. ¿Por qué 25 años? Para evitar que se transforme en una disputa partidista. En los últimos 25 años, la derecha y la Concertación gobernaron por 12,5 años cada una.