El desastre de los sastres

Patricio Navia

La Tercera, 7 de septiembre de 2002

 

La evidencia irrefutable de los abusos de poder cometidos por Pinochet es la Constitución de 1980, documento que se mandó a hacer a la medida. Además de asegurarse un periodo presidencial de 8 años, el General se reservó el derecho a ser candidato único para un segundo periodo y, en caso de que perdiera, se aseguró la comandancia en jefe del ejército hasta 1997 y un escaño en el Senado de por vida. Aunque ese exceso parecía no tener comparación posible en la historia nacional, el acuerdo al que aparentemente ha llegado el Senado supera en ignominia al auto-apitutamiento de Pinochet. Después de todo, Pinochet nunca pretendió ser un demócrata, a lo más definió lo suyo como ‘dictablanda.’ En el Senado, en cambio, se esmeran en acompañar el título de Honorable, con epítetos como demócratas y republicanos. Hasta los designados (sinónimo de apitutado en jerga legislativa) firman como Honorables.

 

El negociado al que aparentemente han llegado los senadores de la Concertación y la Alianza para reemplazar a los designados demuestra que en abusar del poder, Pinochet no pasará solo a la historia. Actualmente hay 19 circunscripciones senatoriales. A esos 38 senadores hay que sumar 9 designados y uno vitalicio. Ahora que hay consenso para eliminar a los designados, y considerando que se necesitan unos 50 senadores para que ese cuerpo funcione bien, se escucha con fuerza el rumor que se crearán 6 nuevas circunscripciones binominales para quedar así con 50 senadores electos.

 

Estas nuevas circunscripciones estarían en las regiones Metropolitana (2), Cuarta, Quinta, Sexta y Octava. Después de abandonar el principio de igual representación para cada región con las reformas constitucionales de 1989, esta nueva reforma crearía distorsiones en el tamaño de las circunscripciones que nos mantendrán alejados del ideal de un hombre, un voto. Los votos en la Cuarta Región pesarán más que en la Segunda, y el voto en la Metropolitana seguiría pesando menos que en la Sexta o Séptima. Más que tratar de ajustar las circunscripciones al tamaño de cada región, estas circunscripciones serán creadas para acomodar las aspiraciones de algunos el 2005. En Santiago Poniente, Andrés Zaldívar no quiere disputar su cupo con Guido Girardi. En Santiago Oriente, Alejandro Foxley preferiría no competir contra Carlos Montes. En la derecha, ni Bombal quiere disputar su cupo con Lily Pérez ni Jovino Novoa quisiera verse las caras con Sebastián Piñera. Los senadores parecen querer que en Santiago haya 4 circunscripciones binominales para que todos sean senadores sin tener que competir. 

 

El sistema binominal obstaculiza la competencia y casi garantiza el empate. De las 47 elecciones de senadores que ha habido desde 1989, en 43 casos los escaños se han distribuido uno para la Concertación y uno para la derecha. En los cuatro casos restantes, la Concertación se quedó con los dos senadores. Pero tres de ellos fueron en 1989. Desde 1993 hasta ahora (28 elecciones a nivel de circunscripción) se ha producido un solo doblaje. Para el 2005, si todo sale como se anticipa, el Senado quedará empatado a 19 por lado, independientemente de quién gane la elección, en el Senado siempre habrá empate. Saldría más barato tirar una moneda al aire para definir las leyes. 

 

En la práctica, el binominal sólo permite competencia al interior de cada coalición. Pero el 2001, la derecha inauguró la modalidad de los distritos calados. Al presentar solo un candidato de verdad en 7 de las 9 circunscripciones, la camarilla política de la UDI y RN, con Lavín y Piñera incluidos, designaron a los senadores de su sector. Si la Concertación sigue el ejemplo el 2005, tendremos dos candidatos en cada circunscripción compitiendo por dos puestos. A la farsa del sistema binominal con los distritos calados, se suma ahora la idea de acomodar a los diputados emergentes que quieren llegar al Senado. Creando nuevas circunscripciones binominales, el Senado se mantiene como un cuerpo colegiado donde los partidos nombran a los miembros y donde los que llegaron primero tienen preferencia para seguir ahí.

 

La vergonzosa pretensión de crear 6 nuevas circunscripciones senatoriales donde todos los que busquen la re-elección tengan un puesto asegurado convierte a los honorables en interesados sastres del diseño institucional. Todos los senadores que buscarán la re-elección el 2005 se deberían comprometer a ir en distritos donde tengan alguna posibilidad real de perder. Intentar quedarse con distritos calados demuestra solo el insaciable deseo de poder, el miedo a la competencia electoral y el desprecio por la democracia, sistema donde la gente y no los senadores deciden quién va al parlamento y quién se va para la casa.  Cuando de diseño constitucional se trata, entregarle el trabajo a sastres interesados sólo en vestirse a sí mismos sólo lleva a resultados mediocres. Por más compromiso con el país que puedan tener los senadores Andrés Zaldívar, Viera Gallo, Foxley, Moreno, Novoa, Cantero, o Bombal, su comprensible preocupación por asegurarse sus pegas no los dejará ver más allá de la preocupación por mantener sus escaños. Al final, todo el país tendrá que pagar las consecuencias del desastre de los sastres.