La familia, la propiedad privada y Tironi

Patricio Navia

La Tercera, 30 de junio de 2002

 

Eugenio Tironi sí que es un ejemplo del Chile de jaguares, de aquellos que son capaces de anticipar y discernir los nuevos escenarios antes que nadie. Gran analista y estratega, exitoso empresario e influyente formador de opinión e ideas, Tironi está en todos los rankings de los chilenos más influyentes. O mejor aún, está en todos los que quiere estar. Además, este doctor en sociología titulado en Francia ha sido pieza clave en las campañas electorales de la Concertación desde el plebiscito. En el imaginario de los consultores políticos, Tironi ocupa el puesto de Pirulete, el legendario jugador estrella de las historietas de Barrabases, que siempre llegaba a salvar al equipo de una derrota inminente.

 

Este militante del MAPU tenía solo 22 años para el golpe de 1973. Pero no por eso se sintió menos partícipe de la derrota del proyecto revolucionario de las empanadas y el vino tinto. En el exilio, tomó decisiones que pusieron en peligro las vidas de sus compañeros de partido para avanzar una causa de la que eventualmente se desengañó. Ya en 1979, a los 28 años, se dio el lujo de escribir un artículo revisionista sobre los errores de la izquierda. Antes de cumplir 40 años, llevaba ya a cuestas la UP, el exilio, la dictadura y el triunfo del No. Tironi sabe de qué se trata el “cambio” porque lo ha experimentado hasta los extremos.

 

El prolífico autor ha sacado un nuevo libro, El Cambio Está Aquí. Para evidenciar su espíritu emprendedor, Tironi optó por La Tercera-Mondadori, el proyecto editorial más reciente en el país.  Tironi tiene el gran mérito de la anticipación, el don de ver antes que muchos cuáles serán los ejes sobre los que se definan los nuevos conflictos políticos y electorales. En la política, Tironi se anota muchas más victorias que derrotas. Su capacidad de anticipación y de diseño estratégico es tal que en un mundo cambiante el estratega hace las veces de un confiable faro que alumbra la ruta a muchos políticos y empresarios.

 

En este libro, Tironi repite muchas ideas que ya delineó en La irrupción de las masas y el malestar de las elites (1999) y en artículos de opinión recientes. Con menos rigurosidad de la que le conocemos (y nos merecemos) y dejando en evidencia que privilegió la entrega rápida del manuscrito a la búsqueda de la perfección argumentativa y demostrativa, Tironi confió demasiado en su ágil y didáctica pluma para enunciar ideas que se merecían una exposición más acabada y un análisis más riguroso. Aún así, basta con un par de provocadoras ideas nuevas para hacer la lectura de este libro un requisito para todos aquellos que quieran saber hacia dónde va el país.  Aún cuando Tironi no está en su mejor momento, lo que escribe Tironi hay que leerlo. 

 

Casi al concluir el texto, Tironi discute el concepto de familia y plantea un desafío que enfrentan los que aspiran a liderar este país después del 2005; una política para apoyar y fortalecer a la familia Después de “Chile, mucho mejor,” y “¡Viva el cambio!”, parece que el nuevo grito de batalla en las próximas elecciones es ¡Es la familia, estúpido!

 

El artículo primero de la Constitución de 1980 establece que la familia, no el individuo, es el núcleo fundamental de la sociedad. Pero aunque la Constitución define ‘chileno’ y ‘ciudadano,’ en ninguna parte define ‘familia’. Los tradicionalistas sugerirían que no es necesario hacerlo, que es obvio. Pero en un país donde uno de cada dos niños nace fuera del matrimonio, donde las familias nucleares (papá, mamá e hijos) son cada vez menos y donde florecen diversas formas de constitución de hogares, la definición cotidiana de lo que constituye una familia es mucho más compleja, diversa y, en muchos casos, preocupante para los conservadores que quieren imponer sus formas de entender el mundo al resto de la sociedad. Resulta difícil, y electoralmente costoso, decirle a una abuela, madre soltera, tía, prima o hermana mayor que el grupo de personas por el que ella lucha para salir adelante no es una familia.

 

En el país hay miles de ex padrastros, ex hermanastros y ex abuelastras que siguen manteniendo una fluida relación familiar con sus ex parientes. Excluirlos a todos ellos de la definición de familia sólo traerá costos electorales. Incluirlos, en cambio, será la forma de ganarse su aprobación y su apoyo. El 2005 va a ganar el más tolerante, el que sea capaz de aceptar y valorar la diversidad de la familia chilena. El que insista en que sólo califican las ‘familias bien constituidas’ terminará espantando a millones de chilenos que por decisión personal o por las circunstancias viven realidades diferentes de la idealizada concepción nuclear de un papá, una mamá, y varios hijos en clases de catequismo. Por su parte, los liberales equivocarán el camino si se dedican a argumentar que perfectamente puede existir una familia bien consolidada con padres homosexuales. Así no se ganaran el apoyo de esos millones de chilenos que no quieren vivir en la frontera del activismo de la orientación sexual, sino que simplemente buscan evitar la discriminación por ser diferentes y sólo aspiran a que el estado reconozca a sus familias constituidas en formas que desafían la imaginación y por motivos tan complejos como el amor.

 

En algo tienen razón los conservadores. Mientras más sólidas y fuertes sean las familias, mejor será la calidad de vida de los chilenos. La gente que vive en familia y que valora a su familia es más productiva, posee más y mejores valores ciudadanos, cumple más las leyes, es mas solidaria y, en última instancia, más feliz. Los conservadores equivocan la definición excesivamente restrictiva y excluyente de familia. Al anticipar el tema de la familia como uno de los campos de batalla de las próximas luchas por el electorado chileno, Tironi nos abre un universo de posibilidades de articulación de mensajes y visiones de país. Los excluyentes, retrógrados y rígidos llevan todas las de perder. Los tolerantes, modernos, dinámicos y flexibles tienen mejores posibilidades de éxito. Así también, los que creen que este es un asunto fundamentalmente de derechos de minorías sexuales quedarán rezagados mientras que los que entiendan que se trata de una cuestión que toca a todos los chilenos, un tema tan simple como poderoso, tan cotidiano como profundamente diferenciador de tolerancia versus exclusión, tendrán en sus manos las llaves de las puertas de La Moneda y tendrán una visión de país que nos haga más preocupados de las familias y más respetuosos de la diversidad.