Durmiendo con el enemigo

Patricio Navia

La Tercera, 3 de marzo de 2002

 

Desde que se quedó un mes en Chile que Fidel Castro no lograba estar tan metido en la política nacional. Pero a diferencia de 1972, esta vez Fidel entró de la mano de un alcalde que nació bajo las alas protectoras de uno de los anticomunistas más acérrimos de América Latina. A Fidel le da lo mismo, él busca desafiar el embargo estadounidense y si para eso tiene que sentarse a cenar con Lavín, lo hará gustoso. Es más, después que Lavín se apoderó de la estrategia de Allamand, lo único que hace Fidel es ajustar su estrategia de apoyar al abanderado de la derecha chilena.

 

Lavín es a la derecha lo que la renovación fue al socialismo en los 80. Así como hoy muchos se impresionan del viaje a Cuba, en los 80 otros se sorprendieron cuando los ex UP hablaron de las bondades del mercado. Hay diferencias, es cierto. Los socialistas pidieron perdón por sus errores. Lavín no ha pedido perdón por su cómplice silencio ni ha logrado que la derecha pida perdón por apoyar a una dictadura que mató y torturó. El PS realizó su peregrinación ideológica en grupo, Lavín la está haciendo casi en solitario. Pero en la esencia, la comparación es válida. Así como el PS dejó sus posturas marxistas, Lavín quiere que la derecha deje sus posturas antidemocráticas. Con Pinochet políticamente muerto, es hora de dejar de lado las divisiones de ayer. Después de un homenaje a Allende, otro a Pinochet y un agradecimiento a la Concertación, Lavín parece decir ‘ahora déjenme a mi tomar las riendas de este país.’ La derecha recalcitrante está que arde, la Concertación desconcertada y la opinión pública fascinada, aunque justificadamente molesta con el doble discurso de la UDI. Para no ser políticos tradicionales, Lavín y la UDI maniobran tan bien como el viejo PR, ni de izquierdas ni derechas, sino todo lo contrario.

 

En su primer viaje como estadista, Lavín logró opacar la gira presidencial. Mientras Lagos anda buscando la Tercera Vía y fomentando alianzas comerciales, Lavín fue a Cuba a ver funcionar las clínicas populares. Parece el mundo al revés, el socialista buscando oportunidades de negocio, el capitalista aprendiendo de la salud estatizada. Pero la contradicción es sólo aparente. Aunque impresione a la opinión pública, el viaje no alteró el valor de las acciones de Isapres porque nadie cree que Lavín vaya a irse contra la salud privada. Además, Lagos es presidente y debe actuar con visión de país, Lavín es un candidato que busca desesperadamente seguir vigente hasta el 2005. Los candidatos pueden tener deslices populistas, los presidentes no. Al votar por el populista, arriesgamos decepcionarnos si éste no se viste con ropas de estadista en La Moneda. En el peor de los casos, terminaríamos convertidos en la República Guzmaniana de Chile. Pero recurrir a una campaña del terror es mala estrategia para la Concertación. El 2005 va a ganar el que proponga ideas más innovadoras y liderazgos más probados, con o sin el apoyo de Fidel. Al entrar al juego de la campaña negativa, la Concertación se transforma en la derecha del 88 y al ser positivo, Lavín encarna lo mejor de la Concertación.

 

El viaje a Cuba se diseñó para enfatizar sólo el tema de la salud. Ya que la Concertación no ha logrado avanzar bien en esa área, Lavín quería anotarse un gol con una propuesta innovadora. Pero la política da sorpresas, y Lavín se encontró en medio de una confrontación diplomática porque los terroristas fugados en 1996 pasaron por Cuba antes de reactivarse en Brasil. El gobierno chileno reclamó, la UDI recordó la conexión con el asesinato de Guzmán y el viaje de Lavín se politizó. En el diccionario de Lavín, ‘política’ es sinónimo de cáncer. Por eso para evitar contagiarse, consideró suspender el viaje. Pero el alcalde sabe que no puede llegar a La Moneda sin fumarse un cigarrillo de vez en cuando. 

 

Sólo que mientras él charlaba con Fidel, sus lugartenientes denunciaban a Castro. La opinión pública puede ser desatenta y olvidadiza, pero no es tonta: desconfía de los dobles discursos. Cuando uno jala para el centro y el otro para la derecha, no se avanza. Para ser líder de Chile, Lavín necesita primero ser líder de la derecha. Para poder convocar al país a un proyecto de desarrollo creíble, Lavín precisa poder primero convocar a sus compañeros gremialistas. De no hacerlo, arriesga una contraofensiva de aquellos que arden de rabia cuando ven destruidas sus esperanzas de tener un nuevo dictador autoritario, antimarxista e irrespetuoso de los derechos humanos. Pero también arriesga perder La Moneda por falta de credibilidad. La experiencia de México, donde la popularidad de Vicente Fox ha caído verticalmente por su incapacidad para alinear a su partido detrás de sus iniciativas legislativas es poco conocida en Chile, pero si tenemos muy arraigada la intuición de que no sirve para gobernar un líder incapaz de alienar a su gente.

 

Se necesita un Nixon para ir a China, decían en 1972 cuando Richard Nixon fue a visitar a Mao Tse Tung. Ya que Nixon daba garantías a los republicanos conservadores, nadie dudó que sería firme con Mao. Lavín no da las mismas garantías a la derecha dura. Pero tampoco necesita hacerlo. Después de aplastantes derrotas entre 1988 y 1997, la derecha estaba peor que la selección de fútbol en las últimas eliminatorias mundialistas. Llegó Lavín y ahora los tiene a las puertas de La Moneda. La derecha necesita a Lavín, no al revés. Por eso que ahora él se puede dar el lujo de salir a platicar con Fidel. Mientras el avejentado dictador toma y fuma, Lavín lo escucha con un vaso de agua mineral y una Biblia en el bolsillo. Puede no tener la presencia de Fidel, pero su simpleza y cercanía generan votos. La UDI, desconociendo que su líder anda entregándole regalos a Castro, ha caído en la incongruencia de pedir un enfriamiento de las relaciones con Cuba. Como cuando se oponen al divorcio pese a estar anulados, muchos en la derecha quieren quedar bien con dios y con el diablo. ‘Una cosa es dejar que Lavín haga campaña para ganar la presidencia, la otra es que nosotros nos movamos al centro político,’ parecen pensar. El ‘Affaire Cuba’ ha dejado en evidencia la profunda diferencia de concepciones de mundo entre la derecha y su candidato presidencial. Al visitar a Fidel, no es Lavín quien duerme con el enemigo, es la derecha que descubre que su candidato echa mano de todo lo que ellos trataron de destruir durante la dictadura.