Se busca: partido de centro

Patricio Navia

La Tercera, domingo 23 de diciembre de 2001

 

La noche del domingo 16, los que no pudieron encontrar ningún dato que los compara favorablemente a elecciones anteriores se alegraron por no haber perdido demasiado. Pero lo cierto es que las elecciones son como los partidos de tenis, sólo puede haber un ganador aunque no de lo mismo si se gana en 3 o 5 sets. El domingo hubo sólo un ganador: la Concertación.

 

Cuando la victoria resulta más difícil y reñida, la celebración a menudo es más entusiasta. Por eso que el presidente Lagos celebró hasta con un improvisado baile. Pero el resultado de una elección sirve para anticipar futuras tendencias. Así, el ambiente en La Moneda la noche del domingo era más parecido al de un castillo acorralado que resiste un día más el sitio del enemigo que de un ejército victorioso en campo de batalla.  Los símbolos pesan. Las decenas de simpatizantes que llegaron al Palacio de La Moneda cupieron perfectamente en el Patio de los Naranjos. Los entusiastas seguidores de candidatos triunfantes del PPD que llegaron con sus banderas se mezclaron con los ministros, subsecretarios y jefes de servicio a escuchar al primer mandatario. Si el encargado de política comunicacional es un organizador de eventos, lo menos que se esperaría es que se decidiera de ante mano si iba a ser algo privado o multitudinario. La improvisación reinó esa noche en palacio.

 

En el Patio de los Naranjos, algunos parecían estar en otro país. Líderes del PS celebraban eufóricos su aumento de 11 a 12 diputados y sus cuatro senadores (uno más que en 1993). Pero el PS bajó en votos respecto a 1997 y su líder Camilo Escalona se fue a refugiar al distrito seguro de Lota mientras sus coroneles y tenientes daban la pelea en los distritos difíciles. Eso es como si Longueira hubiera sido candidato por Las Condes. Lo que no logró la DINA y la dictadura lo va a lograr Escalona, hundir al PS. El partido de Allende debe dejar de predicar a los conversos y salir a conquistar nuevos votos. Con mayor justificación, el PPD celebraba sus 22 diputados y 3 senadores, aunque apenas aumentó en votos respecto a 1997.

 

Los rostros DC eran de desencanto. Algunos sacaban cuentas brujas: “si comparamos los resultados a los del plebiscito del 88 multiplicado por el logaritmo natural de los resultados del 2000 menos la diferencia entre el 97 y el 93, ganamos”. Con el 19% de los votos, la DC se quedó con 23 escaños, el 19% de la Cámara.  La brusca caída respecto a 1997 se debió a que, al perder la hegemonía frente al bloque PS-PPD-PRSD (R por resucitado), entregó escaños ‘subsidiados’ al PPD, que con el 12% de los votos se quedó con el 18% de los curules. Los errores en la inscripción de candidatos, la campaña, la resurrección de Aylwin, los apitutados e ineficientes ministros hijos de sus papás y los negociados de siempre—¡la gente quiere tolerancia cero contra la corrupción!—más que el desempleo o los malos candidatos, hicieron caer a un partido que está perdiendo el rumbo y la sintonía con la clase media.

 

Pero en Chile las mayorías en las elecciones no las gana la derecha, sino que las pierde la Concertación. El 44% de los votos no es una victoria. Pinochet, 13 años antes había logrado lo mismo. Entonces el ministro Sergio Fernández también argumentó que los perdedores eran ganadores: el 44% del Sí tenía una ideología común, al 56% del No sólo lo unía el antipinochetismo. 13 años después seguimos en lo mismo. Con los votos PH, PC e independientes, el “antipinochetismo” sigue siendo mayoría. Pero a diferencia de 1988, hoy no se puede gobernar con el objetivo de recuperar la democracia. Aunque la Concertación logró mayorías sólidas entre 1989 y 1997, su apoyo ahora se tambalea sobre la cuerda floja del 50%. Así, el 2005 no se gana. La UDI celebraba eso la noche del domingo. Lavín fue a visitar a RN a su lecho de muerte y desde ahí divisó la tierra prometida de La Moneda. La derecha todavía no saca mayoría en una elección post 1973, pero cada día está más cerca. Los que creían que el voto de Lavín en 1999 era una anomalía irrepetible, despertaron de sus sueños.  Pero eso no significa que Lavín tenga asegurada la victoria el 2005.

 

Lo que viene en los próximos cuatro años es una competencia desatada por el apoyo y voto de centro. El que gane esa pelea, gana el 2005. Corriendo primero va la UDI, y su candidato. Pero la UDI tiene que terminar de enterrar su pasado pinochetista y consolidarse como un partido razonable, abierto a gente nueva y dedicado a proponer y construir, no un grupo de gremialistas aferrados a las leyes de amarre de democracia protegida de la Constitución de 1980. Para ganar, la UDI todavía tiene que conquistar a decenas de miles que siguen votando por la Concertación. Por su parte, su sujeción absoluta al proyecto Lavín 2005 sacan a RN de la contienda por ser el eje del centro.

 

Después del nuevo llamado de atención, la DC puede aprovechar su paso por el quirófano para reinventarse y retomar el control del centro. Pero tendrán que pasar a retiro a los viejos tercios y buscar nuevas banderas de lucha, combatir la corrupción y hacer una reingeniería en el partido. De lo contrario, la DC irá a donde van a morir los elefantes. Dada de la compulsiva obsesión del PS por revindicar la izquierda dura y no buscar el caudal mayoritario de votos de centro—salvo Montes, Letelier y otros pocos—la única otra carta de la Concertación para conquistar el centro es el PPD. Envalentados por su aumento en número de escaños más que en votos, el PPD tendrá que combinar el liderazgo público de sus grandes figuras con un proyecto de país simple y directo—aunque sea tan ambiguo como el “viva el cambio” de la UDI—y con una disciplina partidaria como la que tiene la UDI, privilegiando los intereses del partido y no de los caciques locales.

 

Insisto, los próximos cuatro años verán una gran pelea por el voto de centro. Eso abre una ventana de oportunidad para que la oposición y el gobierno busquen consensos en algunos temas, pero también para que se diferencien respecto a otros. La carrera para el 2005 no la va a ganar el que pegue más posters o contrate más brigadistas, va a ganar el que sepa escuchar y hablar con la gente, y el que represente adecuadamente los ideales y los sueños de esa gran mayoría de chilenos que hoy caminan con un letrero en sus espaldas: busco partido de centro, razonable, de principios e ideales, tolerante, eficiente y que combata la corrupción. Pago con banda presidencial.