A caballo regalado

Patricio Navia

La Tercera, domingo 16 de diciembre de 2001

 

La votación de 215-214 con que la Cámara de Representantes aprobó otorgar Trade Promotion Authority (TPA) al presidente Bush puede entenderse literalmente como un regalo caído del cielo. Una decena de congresistas republicanos abandonó sus posturas proteccionistas y votó a favor motivados por la declaración de guerra contra el terrorismo después de la caída de las Torres Gemelas el 11 de septiembre. “No se puede votar contra el presidente cuando el país está en guerra”, confidenció un Representante republicano de Carolina del Sur que no obstante se aseguró que la Casa Blanca prometiera adoptar medidas proteccionistas contra las exportaciones de textiles del Caribe, Centroamérica y los países andinos.

 

Un viejo político estadounidense, Tip O'Neill, acostumbraba a decir que “toda la política es local.” La forma en que se aprobó el TPA el pasado 6 de diciembre no fue una excepción. Nada tuvo que ver el minúsculo esfuerzo de lobbying chileno, las decisiones de los congresistas se basaron exclusivamente en consideraciones locales. Incluso más que preocuparse de los efectos de hipotéticos acuerdos de libre comercio, los representantes estadounidense querían enviar una nueva señal de unidad.  Aunque es poco probable que el pleno del Senado lo vote antes de fin de año, después del ajustado triunfo en la Cámara y la votación favorable de 18 a 3 de una versión similar en el Comité de finanzas del Senado, el TPA logró subir la difícil cuesta de la Cámara de Representantes y ahora va de bajada por una pendiente tranquila y segura.

 

En Chile la reacción fue cautelosa. No hubo turbas celebrando frente a Plaza Italia, aunque ese voto pueda tener un significado mayor para el país que cualquier triunfo de la Selección Nacional.  Los motivos se entienden. Hace tantos años que estamos escuchando esto del Tratado de Libre Comercio (TLC) que hemos adoptado la política de ‘ver para creer.’ El gobierno tampoco celebró en exceso, porque entendía que no tuvo mucho que ver con la decisión estadounidense y porque hacía tiempo que desde La Moneda y Cancillería insistían erróneamente que sin TPA igual se podía lograr un buen acuerdo.

 

El que haya sido un accidente no significa que Chile no pueda ahora aprovechar la oportunidad. Tal como cuando un árbitro cobra un penal inexistente a favor de un equipo de fútbol, lo que hay que hacer ahora es meter el gol. La arriesgada apuesta del presidente Lagos en diciembre del 2000 de iniciar las negociaciones para un TLC con Estados Unidos, acordada con un presidente que iba de salida y sin tener de por medio el preciado TPA resultó al final ser ganadora. Aunque todavía está pendiente la votación final del senado, lo más probable es que George W. Bush tenga ya en el primer trimestre del 2002 la autoridad para presentar acuerdos al Congreso y forzar a éste a votar sin poder introducir enmiendas.

 

La forma en que se logró aprobar el TPA en la Cámara de Representantes nos enseña que las negociaciones ocurren de todos modos. Sin las concesiones a los productores de textiles, acero y cítricos estadounidenses, la iniciativa del TPA hubiera, una vez más, fracasado. Concesiones similares, o mayores, tendrán que hacer los negociadores chilenos para asegurar que la propuesta de TLC logre pasar el escrutinio de los celotes proteccionistas del Congreso estadounidense. Pero la estrategia chilena no debiera estar definida exclusivamente por las ganancias comerciales que Chile puede tener en el corto plazo. Aquí habrá que estar más preocupado de los costos y beneficios que este acuerdo genere en el largo plazo. Hay que imaginar qué bienes y servicios podrá estar produciendo Chile en 10, 15 y 30 años plazo y cómo podemos establecer hoy un acuerdo que nos permita mañana vender esos productos en el mercado estadounidense.

 

La tendencia natural será a pensar cómo podemos obtener más ganancias hoy. Pero si pensamos en qué productos exportaba Chile en 1980 además de cobre, veremos que contrario a lo que canta Gardel, 20 años es mucho tiempo y pueden cambiar muchas cosas. Hay que obligarse a pensar en las oportunidades y desafíos del futuro desde ya. Las puertas de la economía más grande del mundo están a punto de abrirse. Y eso no es trivial: 280 millones de personas, US $34,000 per cápita anual (en Chile llegamos a US $4,600 anuales), una economía de US $9.600.000.000.000 anuales (136 veces más grande que la nuestra), o sea el sueño del pibe. No podemos sólo pensar en la suerte van a correr las uvas, los salmones o los productos forestales, por más importantes que estos sean.

 

La decisión de amarrarnos al mástil junto a Estados Unidos—de convertirnos en socios de tomo y lomo—despertará la oposición de muchos y la desconfianza de no pocos. Izquierdistas trasnochados de la guerra fría insisten sólo en ver el imperialismo yanqui y no logran reconocer los méritos de una democracia gobernada por civiles por más de 225 años, campeona en la defensa de los derechos humanos en el mundo y poseedora del legendario pero todavía realizable sueño americano. Conservadores decimonónicos desconfían de una nación religiosamente tolerante donde el estado y la iglesia han permanecido separados y donde la autoridad reside en los ciudadanos, el rol de garantes de la democracia en sus instituciones y los militares están supeditados al poder civil. Pero al llevar a Chile por la senda del TLC y la integración comercial mundial, el presidente Lagos podrá pasar a la historia como un nuevo Pedro Aguirre Cerda, un visionario que se adelanta a su tiempo y construye un modelo de desarrollo que genera riqueza, crecimiento y oportunidades por muchas décadas.

 

Igual que en la analogía del partido de fútbol, la tarea inmediata es aprovechar el penal caído del cielo y ponerse al frente en el marcador. Luego hay que manejar el resultado para que Chile pueda firmar un TLC con Estados Unidos a la brevedad. También habrá que rediseñar la posición de Chile respecto al Área de Libre Comercio de las Américas. Con un Brasil menos interesado en las negociaciones, un bloque de países exportadores de productos textiles que querrán obtener concesiones por las pérdidas que ahora sufrirán, Chile debe asegurarse de aprovechar el regalo del cielo sin enemistarse con el equipo contrario ni con el público en las galerías.  Pero eso vendrá después, ahora el presidente Lagos se acerca al punto penal y espera el silbido del árbitro.