¿Socios o Amigos?

Patricio Navia

La Tercera, septiembre 23, 2001

 

Cuando uno tiene un socio en aprietos, hay que buscar la mejor forma de proteger los intereses personales y los de la sociedad. Pero cuando un amigo tiene problemas, lo que corresponde es ir en su ayuda, decidida e incondicionalmente.

 

Cuando a un amigo le destruyen su casa o le matan a un hijo, uno siente el mismo dolor y rabia que el padre. Cuando se trata de acompañar a los amigos que sufren, no valen las consideraciones éticas o morales. Un buen amigo no saca a colación los errores cometidos en el pasado por el que ahora sufre, ni diserta sobre justicia internacional desde un estrado público cuando los cadáveres de los familiares del sufriente todavía no son enterrados.

 

De acuerdo, un buen amigo tampoco incita a cometer errores y siempre trata de evitar reacciones desmedidas o autodestructivas. Pero los amigos son los primeros en llegar a acompañar a las víctimas. La imagen del abrazo solidario, la demostración de la voluntad de ayudar y de la lealtad a toda prueba se realizan en público. Los consejos sobre  cómo proceder y las sugerencias para evitar reacciones erróneas y actos desmedidos se dan en privado: lealtad incuestionable hacia afuera, honestidad y cordura en el consejo personal y privado. Cuando Eduardo Frei fue a visitar a Carlos Saul Menem, mucha gente cercana al senador vitalicio se preocupó por el daño político que podía causar visitar al ex presidente argentino en su arresto domiciliario. Pero Frei no estaba haciendo consideraciones política, él fue a ver a un amigo.

 

El gobierno de Chile no ha podido definir bien su relación con Estados Unidos. Por un lado queremos negociar bilateralmente un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos más que como socios comerciales, como aliados estratégicos, como amigos. Por otro lado, después de los atentados contra el World Trade Center y el Pentágono canalizamos la demostración oficial de apoyo y solidaridad en el contexto de la Organización de Estados Americanos. O sea que cuando se trata de ir de fiesta, queremos relaciones bilaterales y exclusivas con la doncella. Pero cuando se trata de ir a verla al hospital, ahí no nos atrevemos a ir solos, llegamos en grupo. Y ni siquiera somos capaces de liderar al grupo.

 

La cumbre del 19 de septiembre de la OEA pasó desapercibida en Washington. La declaración de apoyo a Estados Unidos fue un saludo a la bandera, atrasado e insuficiente. Mientras los líderes de los países verdaderamente amigos se apresuraban a llegar a Washington--Tony Blair estuvo presente en el discurso que dirigió Bush al Congreso y a la nación la noche del jueves 20--ningún presidente latinoamericano se apersonó en Estados Unidos para expresar su solidaridad y brindar un apoyo irrestricto a la dolida nación. Una declaración firmada por los embajadores ante la OEA (personeros desconocidos o cadáveres políticos que no justifican sus abultados salarios en esa burocracia con un récord de logros inferior al de la selección venezolana de fútbol) fue lo mejor que América Latina pudo ofrecer como muestra de empatía a un país que pasaba por el peor momento emocional y anímico de su historia reciente.

 

En Santiago todos llevan agua a sus propios molinos. Patético lo de Jovino Novoa y su columna condenando el terrorismo. En el ranking de terroristas responsables de atentados en Estados Unidos, Pinochet y bin Laden están separados por una cuestión de número de víctimas: la bomba que explotó en Washington en septiembre de 1976 sólo cobró dos muertos. Tanto bin Laden como Pinochet recibieron ayuda de la inteligencia estadounidenses cuando había que enfrentar a un enemigo común, pero luego los dos decidieron que Estados Unidos también era un enemigo, o al menos que protegía a enemigos (Israel en el caso de bin Laden, los exiliados en el caso de Pinochet). En ese sentido, Jovino Novoa, funcionario activo de la dictadura pinochetista, vendría a ser un Talibán chileno. Así como los "estudiosos del Islam" que gobiernan Afganistán se esfuerzan para justificar, proteger y defender a bin Laden, los "estudiosos del pronunciamiento militar" hasta hoy tienen problemas para condenar los actos terroristas de la dictadura. Ellos sólo son capaces de ver el terrorismo cuando sale de la izquierda, como si el dolor de las víctimas y sus familias variara dependiendo de la ideología del terrorista.

 

Pero junto a Novoa, muchos en Chile prefirieron recordar a las víctimas inocentes de los bombardeos estadounidenses en el sudeste asiático, en Hiroshima y Nagasaki. Como si el dolor de los estadounidenses hoy pudiera mitigarse por los errores del gobierno de Estados Unidos ayer. Otros, sin entender de qué se trata esto, discutían sobre la posibilidad de enviar tropas. "No nos han pedido nada todavía", "¿de qué sirven nuestros barcos si Estados Unidos tiene un poder militar sin parangón?," decían sin entender que la política internacional está también llena de símbolos. Poner las FFAA chilenas a disposición de EEUU--así como hizo Menem en la Guerra del Golfo de 1991--hubiera representado una señal inequívoca de amistad. Aunque los barcos argentinos nunca fueron utilizados en Kuwait, Washington entendió, y vaya que valoró el gesto de Menem.

 

Una política internacional realista, idealista u oportunista hubiera llegado a la misma conclusión: lo que ahora toca es apoyar incondicionalmente a Estados Unidos. El costo político es mínimo y los beneficios potenciales enormes. Es más, aún si uno sólo quisiera evitar el derrame innecesario de sangre y reducir el número de civiles muertos en la reacción estadounidense que viene, lo que se precisa es estar cerca de Estados Unidos y lograr el respeto y la confianza de Washington. Sólo desde dentro del círculo de poder se puede lograr influir en la respuesta que ahora prepara George W. Bush. 

 

Pero en vez de ser el primero en acudir a Washington para formalizar esta alianza mundial contra el terrorismo, Chile decidió ser cauto y esperar. Cuando se trataba de venir a pedir cosas a Washington queríamos venir solos, sin países acompañantes. Pero cuando el amigo está en el hospital y había que ser el primero en llegar, con un ramo de flores y un cheque en garantía para cubrir los gastos (aunque todos supiéramos que el amigo es mucho más rico que nosotros), entonces no nos atrevimos a llegar solos. Los amigos se reconocen en las dificultades. Después del atentado al World Trade Center y al Pentágono, el gobierno estadounidense sabe que puede contar con Chile como un socio comercial.