La Tercera, Reportajes, 25 de junio, 2001

El senado estadounidense, fast-track y Chile
Los tres mosqueteros: Baucus, Biden y Dodd

El nuevo control demócrata del Senado Estadounidense complica las aspiraciones chilenas de llegar a una pronta aprobación del "fast track" para que el presidente Bush negocie con Chile un Tratado de Libre Comercio. Ahora la iniciativa debiera volcarse a no esperar todo de la Casa Blanca y fortalecer los lazos con el Capitolio, donde tres senadores demócratas, Max Baucus, Joseph Biden y Christopher Dodd jugarán un rol clave en las tratativas con nuestro país.

Patricio Navia (*)

 

El martes 5 de junio, los demócratas pasaron a controlar el Senado estadounidense al formalizarse la renuncia a la bancada republicana del senador de Vermont, recién reelecto para un periodo de 6 años, Jim Jeffords. Aunque otros senadores han renunciado a sus partidos en el pasado (en 1995 dos senadores demócratas se cambiaron de bando), el terremoto político que generó Jeffords fue particularmente dañino para Bush pues hizo perder a su partido la agenda legislativa. Las repercusiones llegaron hasta Santiago, donde se fueron al piso las expectativas de una rápida aprobación del "fast track" (ahora llamado Trade Promotion Authority-TPA) para que Bush pudiera negociar en propiedad con Chile, y otros países, un tratado de libre comercio sin temor a que el Congreso después enmendara el acuerdo. El nuevo control demócrata del Senado le puso una lápida al TPA y Chile se quedara, una vez más, por el momento, sin TLC con Estados Unidos. Aunque todos reconocen a Chile como líder en la apertura de los mercados y defensor del libre comercio, y pese a que el gobierno chileno es, hoy por hoy, el referente más serio y confiable en Sudamérica, el nuevo y vergonzoso impasse en el esfuerzo de eliminar barreras comerciales entre los dos países se podría haber evitado.

El Senado estadounidense, compuesto por dos miembros por estado, se renueva en un tercio cada dos años. Aunque cada estado es representado por dos senadores, sólo se elige uno a la vez por mayoría simple. El 2002, 33 estados elegirán senadores. Diecinueve de esos escaños están actualmente en manos de republicanos y sólo 14 en manos demócratas. Además de cumplir sus funciones legislativas, el Senado confirma por mayoría simple a jueces de la Corte Suprema y juzgados federales, al gabinete, subsecretarios, embajadores y muchos directores de servicios. Ya que el presidente no controla la agenda legislativa, el senado también establece las urgencias de las iniciativas de ley. Un Senado adverso puede generar muchos dolores de cabeza. Bush padre se vio forzado por el Senado a aumentar los impuestos, renegando así de su promesa electoral.

La civilidad que históricamente caracterizó las relaciones del Congreso con la Casa Blanca terminó con el escándalo de Watergate y se enfriaron aún más cuando los republicanos retomaran el control de ambas cámaras en 1994. En su campaña, George W. Bush habló de ser un unificador, no un divisor. Pero intentó pasar su ambiciosa y conservadora agenda legislativa como una aplanadora. La movida de Jeffords ha permitido a los demócratas levantar una muralla casi infranqueable que el presidente deberá sortear con negociación, tacto, habilidad y muchas concesiones. La aplanadora ya no sirve.

En esta nueva división de poderes, los dos comités claves para Chile son Relaciones Internacionales y Finanzas. Mientras el primero además de aprobar nombramientos de embajadores y de funcionarios del Departamento de Estado, discute la política exterior estadounidense (incluida la venta de armas y los informes sobre derechos humanos), el Comité de Finanzas (en particular el Subcomité de Comercio Internacional) debe aprobar el TPA para el presidente. Si las iniciativas de ley no pasan el comité, no llegan a votarse en el Senado.

Estos dos comités también cambiaron de presidentes. En Relaciones Internacionales, el republicano por Carolina del Norte Jesse Helms (que no buscará la re-elección el 2002) entregará el control al demócrata por Delaware Joseph Biden (que buscará la reelección el 2002). Ambos llegaron al Senado en 1972 (Biden nació en 1942, Helms en 1921) y hace años se enfrentan en el Comité sobre temas como el control de armas, Irak, Cuba, Bosnia y más recientemente, China. Mientras Helms es un conservador anticomunista acérrimo (visitó Chile durante la dictadura y alabó la cruzada anticomunista de Pinochet), Biden es un liberal moderado. El diminuto estado de Delaware (800 mil habitantes, 1.221 km2) vive de la industria y de las corporaciones que oficialmente se constituyen allí por las facilidades impositivas y burocráticas que ofrece el gobierno estatal. Aprovechando lo pequeño de su circunscripción, Biden ha logrado consolidarse como líder en su partido y, de lograr una fácil re-elección el 2002, será uno de los demócratas que buscarán la nominación presidencial de su partido.

En el subcomité de Asuntos Hemisféricos, el nuevo líder será Christopher Dodd (1944), un demócrata de Connecticut electo en 1980. Dodd, que habla español y estuvo en el Cuerpo de Paz en República Dominicana en los 60, presentó en marzo del 2001 una propuesta de ley que otorgaba PTA a Bush sólo para negociar con Chile. Dodd se ha opuesto públicamente al nombramiento del cubano-americano, anticomunista acérrimo y ex lobbysta de Lockheed Martin (la empresa que fabrica los F-16) Otto Reich como secretario asistente para asuntos hemisféricos del Departamento de Estado. Si Bush no retira la nominación de Reich, las relaciones con este sub-comité empeorarán sustancialmente. El republicano de Rhode Island, Lincoln Chafee (1953) es el líder de la minoría en este subcomité. Nombrado para reemplazar a su difunto padre en 1999, Chafee ganó la re-elección en noviembre del 2000 y desde entonces se ha posicionado como uno de los republicanos más moderados, tanto así que muchos han rumoreado que él también podría dejar el partido del presidente.

En el Comité de Finanzas, la presidencia pasó del veterano republicano de Iowa Chuck Grassley (1933) al demócrata de Montana Max Baucus (1941). Mientras Grassley, que llegó al Senado en 1980, representa a un estado agrícola, Baucus, senador desde 1978, representa a un estado tremendamente despoblado, donde la producción forestal, agrícola y el turismo son las principales actividades económicas. Aunque Baucus ha dicho apoyar un acuerdo de libre comercio con Chile, Jordania y Vietnam, él lideró el envío de una carta a Bush firmada por 61 senadores el 7 de mayo condicionando los acuerdos comerciales al respeto de la legislación anti-dumping y a las leyes laborales estadounidenses.

Aunque el terremoto en Washington haya puesto fin a las expectativas de que Bush obtenga del Senado el TPA este año, Chile no debería desperdiciar la oportunidad de forjar alianzas que nos permitan salvar exitosamente las dificultades que produzcan los realinamientos políticos y electorales en Estados Unidos. Deberíamos comenzar por estrechar relaciones con el Senado y no depender exclusivamente de las iniciativas de la Casa Blanca. De partida, y para evitar sorpresas futuras, Chile debería gestionar visitas oficiales de los líderes, de ambos partidos, de los Comités de Relaciones Exteriores y de Finanzas.

El nuevo gobierno de Fox en México pudo comenzar a recomponer relaciones con el Comité de Relaciones Exteriores y su (ex) presidente Jesse Helms (cuyas declaraciones pasadas sobre México eran hasta insultantes) gracias a una visita oficial que llevó a dicho Comité en pleno a la capital azteca. Bien pudiéramos nosotros asegurarnos que, pase lo que pase en las elecciones del Congreso del 2002 y sea cual sea la fortaleza del presidente Bush y su posibilidad de obtener TPA en el futuro, nuestros aliados en Washington estarán tanto en el Capitolio como en la Casa Blanca. Así, el avance en la integración comercial con Estados Unidos no dependerá de los conflictos políticos locales. Un país acostumbrado a los terremotos debería estar también preparado para no tener que sufrir los efectos colaterales de terremotos políticos que ocurran en nuestros socios comerciales.

(*) Investigador del Center for Latin American and Caribbean Studies, New York University.