Orden y patria: el viaje de Lagos a Europa

Patricio Navia

La Tercera, jueves junio 6, 2001

 

La primera frase del himno de los Carabineros resume perfectamente el motivo del nuevo viaje a Alemania y primer viaje a España del presidente, “orden y patria es nuestro lema.” En su tercera gira a Europa, el mandatario tiene dos objetivos muy concretos. Primero, demostrar que después del affaire Pinochet, los civiles tienen el control tanto del gobierno como del poder. Segundo, al viajar junto a empresarios de distintos sectores del quehacer nacional, el presidente quiere indicar que las diferencias ideológicas internas entre el gobierno y el empresariado han sido superadas. Orden (institucional, democrático y de control civil sobre los militares) y Patria (gobierno y privados unidos en la gran tarea de llevar a Chile por la senda del crecimiento económico sostenido) son los dos grandes mensajes de esta nuevo viaje.

 

Las giras al extranjero tienen un fuerte componente comunicacional para consumo interno. Este no es una excepción. Por eso el avión presidencial va lleno de periodistas chilenos y desde Santiago informan con celeridad al mandatario la cobertura que el viaje recibe en los principales medios del país. Lagos va Europa en parte porque quiere que se le escuche en Chile.

 

Si el arresto del General Pinochet provocó tal sorpresa en el país que algunos medios se negaron incluso a utilizar la palabra “detención,” en Europa la noticia no fue menos novedosa. La aplicación del principio de extraterritorialidad de la ley (sobre todo cuando se trata de juzgar a ex gobernantes) y de la doctrina que las violaciones a los derechos humanos no prescriben, provocó un sentimiento generalizado de autocomplacencia en Europa a un costo mínimo. Aunque Pinochet injustificadamente se ganó el título del más sanguinario de los dictadores latinoamericanos, la Constitución del 80, las leyes de amarre, la ley de amnistía y la propia permanencia de Pinochet en la Comandancia en Jefe fueron motivo suficiente para que muchos en el viejo continente creyeran que, como tan brillantemente lo dijera The Economist, los civiles en Chile estaban en el gobierno pero no en el poder. Por eso, aunque en Chile se pensara lo contrario, el arresto de Pinochet lo celebraron en Europa como positivo para la democracia chilena.

 

Hoy Lagos llega a Europa con las manos llenas de buenas noticias respecto al predominio del poder civil. Pinochet ha sido desaforado y está a punto de ser fichado. Un número sin precedente de militares ha sido procesado por violaciones a los derechos humanos. El presidente está próximo a nombrar a los nuevos comandantes en jefe, y aún en el peor de los escenarios, la Constitución será reformada al menos para eliminar a los senadores designados, modificar las atribuciones del COSENA y mejorar los mecanismos de control civil. El fin de la censura, la nueva ley de prensa y el fin de la pena de muerte son también logros que el presidente lleva a Europa para mostrar que nuestra democracia se consolida a pasos agigantados.

 

Es cierto, Lagos también querrá hablar del saludable estado de las cuentas nacionales, de la confianza generalizada que tiene la banca internacional en las políticas económicas del gobierno y de las anunciadas reformas al mercado de capitales que harán a Chile más competitivo para atraer inversiones. Pero los europeos ya saben que Chile es una isla de estabilidad macroeconómica en una región donde se han sucedido las crisis económicas y sociales. En ese sentido Lagos va a predicar a los ya conversos. La Unión Europea quiere estrechar aún más los lazos comerciales con Chile. En particular España ha realizado inversiones ambiciosas en el país. No es nuestra salud económica lo que preocupa en Europa—aunque si inquieta que Chile pueda verse afectado por la inestabilidad que hoy vive Argentina—sino la consolidación democrática y el débil control civil sobre las fuerzas armadas lo que genera desconfianzas en el viejo continente. No es el desempleo de 9.1% lo que intranquiliza a una Europa acostumbrada en años recientes a tasas de paro bastante superiores, sino la excesiva influencia de los militares en el gobierno nacional.

 

Pero el presidente también quiere enviar un mensaje a Chile sobre la economía y en particular la generación de empleos. Lagos quiere mostrar que gobierno y empresarios han aunado voluntades para acelerar la reactivación económica. Unas mejores expectativas sobre un tratado de libre comercio con la Unión Europea tendrán más efecto en Chile que en España o Alemania. Respecto a la promoción de la reforma al mercado de capitales, el viaje a Nueva York que paralelamente realice el ministro Eyzaguirre probablemente sea más importante que la gira del presidente. Pero Lagos viaja porque necesita que la confianza que tiene Europa en Chile contagie a la opinión pública nacional. Lagos lleva empresarios chilenos a Alemania y España para que se impregnen de la visión positiva que allá existe sobre el futuro de nuestro país. En ese sentido, el presidente continúa su tradición de reunirse con importantes hombres de negocios de los países que visita (lo hizo en Silicon Valley y en su reciente viaje a Francia) con la esperanza de que esta vez si logre producir el espaldarazo de confianza que hace tiempo busca en un empresariado nacional que se siente confundido por las contradictorias señales a menudo enviadas desde el palacio.

 

En la política y los negocios las percepciones son a menudo tan importantes como la realidad. En esta nueva gira el presidente tendrá que combatir la percepción prevalente en Europa que la democracia chilena dista mucho de la plena consolidación. Aunque quiera hablar de economía y oportunidades de inversión, también tendrá que responder a interrogantes sobre Pinochet, procesos pendientes, Carmelo Soria, torturadores en las FFAA, Colonia Dignidad y, una y otra vez hasta el cansancio, Pinochet. Pero los pocos cuestionamientos que se planteen sobre los sólidos fundamentos macroeconómicos que hacen de Chile un país atractivo para invertir y un candidato promisorio con quien hacer negocios serán la mejor herramienta que el aparato comunicacional del mandatario podrá utilizar para generar el ambiente de confianza y optimismo que el presidente quiere hacer germinar en el país que se prepara para un nuevo invierno con altas tasas de desempleo.