¿Nación estrella o cometa del nuevo milenio?

Patricio Navia

La Tercera, abril 16, 2001

 

El presidente Lagos llamó a hacer de Chile la nación estrella del nuevo milenio. Nuestra cambiante estrategia de integración comercial y estratégica durante su primer año de gobierno nos asemeja más a un cometa. Los bloques Mercosur, Unión Europea, APEC y ahora último ALCA han visto como Chile llega, con bombos y platillos, a anunciar integración comercial, cultural, social e incluso estratégica, para luego emprender vuelo y anunciar lo mismo al siguiente bloque. Es cierto que la integración comercial con unos no excluye a otros, pero hay un cierto espíritu de Madame Bovary (el personaje de Flaubert que pasaba de los brazos de un amante al otro sin saber con quién realmente prefería estar) que indica la falta de una visión de integración política y estratégica a largo plazo.

 

Mientras tanto, el trato bilateral con Bolivia sigue estancado. No tenemos todavía relaciones diplomáticas oficiales y las cumbres presidenciales no logran derribar un siglo de desconfianzas y resentimiento entre los pueblos. Chile está mucho más cerca del Japón y Canadá que del altiplano. La demanda boliviana de una salida soberana al mar es inaceptable para Chile, pero de Santiago tampoco salen contraofertas innovadoras para La Paz. ¿Qué sentido tiene una misma alianza económico-estratégica, Mercosur, albergue a dos países sin relaciones diplomáticas bilaterales? Con Perú las relaciones son mejores. Pero mientras por un lado la Concertación evidenció sus diferencias internas en su apoyo a Toledo y Flores—más allá de lo vergonzoso que es para la DC apoyar perdedores—, la Armada veta cualquier intento de devolver el Huáscar. El retorno de ese botín de guerra haría más por reducir el anti-chilenismo en Perú que cualquier misión diplomática o comercial. Las inversiones chilenas en ese país estarían agradecidas, se abrirían nuevas avenidas de diálogo y florecerían más oportunidades de intercambio. La resistencia de un agotado nacionalismo insultante obstruye el avance de la integración bilateral.

 

Este desorden y falta de innovación en nuestra política exterior se ha evidenciado también en nuestro esfuerzo por lograr un tratado de libre comercio con Estados Unidos. El anuncio realizado en diciembre de 2000 fue más bien un intento de inyectar energía a un alicaído empresariado y opinión pública nacional que una estrategia diseñada para aprovechar una posible aprobación del tratado por parte de Estados Unidos. Después de haber esperado inútilmente por 7 años que el Congreso otorgara la autoridad de ‘fast track’ (vía rápida) al presidente, Chile presionó para negociar de todos modos. Clinton aceptó porque no implicaba costos, estaba por irse. Aunque Bush anunció que solicitaría autoridad para negociar al Congreso, su empecinamiento en lograr su impopular ley de reducción de impuestos y otras medidas que no hacen honor a su promesa de buscar consensos bipartidistas han enturbiado sus relaciones con el Congreso. Ya que varios senadores han mostrado sus diferencias con el presidente, la débil mayoría republicana difícilmente puede ser considerada como leal a Bush. Sin fast track, las negociaciones son un saludo a la bandera. El Congreso—con sus 435 diputados, cien senadores, miles de asesores, lobbyists y grupos de interés que siguen atentos lo que hacen sus representantes—siempre modifica los proyectos de ley enviados desde la Casa Blanca. Sea con el presupuesto, la reforma tributaria, las políticas de salud o los acuerdos internacionales, el Congreso ejerce entusiastamente su mandato constitucional de ‘hacer’ y no sólo ‘aprobar’ leyes. Es iluso esperar que el texto acordado por los equipos negociadores resista, de no mediar fast track, incólume el escrutinio de los miles de asesores legislativos que rondan en el Capitolio.

 

Aún así, de acuerdo a las proyecciones iniciales, las negociaciones bilaterales debieran concluir en diciembre de 2001. Si éstas se extienden a mayo del 2002 (fecha estipulada por los cancilleres americanos para iniciar la negociación de ALCA), ¿continuará Estados Unidos negociando bilateralmente con Chile y multilateralmente con el resto (incluido Chile)? ¿Resulta más conveniente para nosotros negociar bilateralmente o es preferible esperar hacer fuerza junto a Brasil, Argentina o Colombia para presionar a Estados Unidos a flexibilizar su política anti-dumping y proteccionista de sus productos agrícolas? Muchos han defendido la tesis que negociar solos es más fácil y, en el caso de Chile, más conveniente. ¿Pero cuáles son los costos frente al resto de Latinoamérica que se prepara ya para la negociación en doce meses y que recordará que Chile prefirió buscar bilateralmente un acuerdo más conveniente? ¿Lograremos, por ejemplo, concitar el apoyo de Brasil, Argentina o Bolivia para discutir temas como el vino y el salmón?

 

El que mucho abarca poco aprieta. La Dirección de Comercio Exterior (DIRECON) cuenta con equipo de negociación de calidad internacional y reconocido profesionalismo. Pero, ¿están en condiciones de negociar paralelamente con la UE, EEUU, APEC y a la vez prepararse para forjar alianzas desde ya para la negociación de ALCA? ¿Puede mantener la calidad y la eficiencia una DIRECON obligada a defender los intereses nacionales en tantos frentes de negociación simultáneos?

 

La Cancillería prefiere concentrarse en el impacto nacional de sus decisiones más que en las repercusiones internacionales. La advertencia a Rusia sobre la posible caída de la MIR en territorio nacional, por ejemplo, buscaba sólo captar la atención de la opinión pública nacional. Esto porque la timonel de RREE está mas preocupada de sus posibilidades presidenciales que de una integración internacional a largo plazo. Los desafíos que enfrenta Chile hoy y la necesidad de desarrollar una política internacional innovadora, inteligente y ambiciosa que le permitan ser más influyente que lo que supondría el tamaño de su economía requieren una visión que llegué más allá del 2005 y una estrategia diseñada para ganar adeptos en el mundo más que en el electorado nacional. 

 

El presidente Lagos inicia una corta pero significativa gira internacional el 16 de abril. Su capacidad de liderazgo regional y altura intelectual hacen que en su encuentro con Bush, nuestro presidente pueda expresar de igual a igual las preocupaciones y las visiones de nuestro pequeño país. Sus exitosas visitas a Wall Street, Silicon Valley, la cumbre de la APEC y sus encuentros con empresarios de talla mundial demuestran que los líderes del mundo le presta atención a lo que nuestro presidente tiene que decir. Por eso, una política exterior innovadora con objetivos claros, con visión de estrella más que de cometa, hará que nuestro país pueda posicionarse como actor clave en el desarrollo económico y social futuro de América Latina. La debilidad interna de algunos de nuestros vecinos y la falta de liderazgo, visión y prestigio de otros, hacen que hoy sólo Chile y México estén en posición ventajosa para consolidarse como líderes regionales. El presidente Fox y su ministro Jorge Castañeda se han lanzado a posicionar a México como líder regional enarbolando con inteligencia y audacia las banderas de los derechos humanos, la integración comercial y la consolidación democrática. Nosotros no deberíamos quedarnos atrás.