La disyuntiva del voto de derecha

Patricio Navia

El Líbero, septiembre 24, 2021

 

Cuando quedan menos de dos meses para la primera vuelta de la elección presidencial, los votantes de derecha en Chile enfrentan una difícil coyuntura. Por un lado, Sebastián Sichel parece tener más posibilidades de pasar a segunda vuelta y ser competitivo contra la alternativa de izquierda. Por otro, José Antonio Kast ha defendido con más vehemencia los valores y principios con los que se identifican la mayoría de los votantes de derecha. La disyuntiva para un votante de derecha es si apoyar al que tiene más posibilidades de ganar o al que es más de derecha.

 

Aunque las encuestas no tuvieron buena capacidad predictiva en las primarias presidenciales de julio, parece razonable sugerir que Sichel marca considerablemente más intención de voto que Kast. Es cierto que en algunos estudios de opinión Kast ha subido un poco y Sichel aparece más estancado —o incluso cayendo. También es verdad que más de la mitad de los electores todavía no decide a quién apoyar. Por ello, es un error aseverar que Sichel ya tiene un cupo seguro en la segunda vuelta. Las campañas importan, como lo demostró Sichel en la propia campaña para las primarias de julio, cuando sorpresivamente derrotó al favorito en las encuestas, Joaquín Lavín. Pero, hoy por hoy, Sichel sigue siendo el candidato de derecha mejor posicionado en ellas. Por eso, muchos votantes de derecha pudieran pensar que apoyarlo a él es ir por la carta más segura.

 

El argumento a favor de votar por Kast responde a consideraciones más doctrinarias que electorales. Después de que el gobierno del Presidente Piñera abandonó su programa de gobierno e impulsó reformas políticas que han puesto en riesgo la supervivencia del modelo social de mercado que logró que Chile se convirtiera en el país más desarrollado de América Latina, hay mucha gente de derecha que cree que el país se corrió demasiado hacia posturas que inevitablemente nos llevarán por el sendero del déficit fiscal, promesas de derechos sociales incumplidas y el crecimiento del estado al punto que se convierta en un ogro filantrópico que ahoga la actividad económica privada. Ante ese oscuro escenario, sería importante defender principios y valores, independientemente del resultado electoral.

 

Es más, hay otros que argumentan que la única forma que tiene la derecha de volver a ganar elecciones es mostrando una alternativa distinta a la que ofrece la izquierda. Como la gente siempre prefiere el original que la copia, en tanto los candidatos de derecha se presenten como centristas o apolíticos, el electorado afín a la derecha no se molestará en ir a votar. Además, para que la democracia funcione, los electores necesitan tener alternativas diferentes. Si todos prometen lo mismo, no existe alternativas de distintas hojas de rutas entre las que poder elegir.

 

Las dos consideraciones que hoy enfrenta la derecha —el deseo de optimizar la posibilidad de ganar y la necesidad de defender sus valores y principios— hacen que muchas personas estén dudando sobre cómo votar en la primera vuelta de noviembre. El desafío de Kast y Sichel en las semanas que se vienen es despejar esas dudas. Por un lado, Kast debe mostrar que su intención es ganar y no solo defender las ideas de derecha. Para eso, debe buscar sumar votos de personas que no comparten sus posiciones más duras. Si París bien vale una misa, la posibilidad de llegar a La Moneda debiera ser suficiente para que Kast adopte en algunos asuntos —como su apoyo a la dictadura militar o sus valores morales extremadamente conservadores— posiciones que muestren pragmatismo. Aunque siempre es importante defender algunas banderas importantes para el sector, Kast puede optar por los temas de seguridad ciudadana y estado de derecho y alejarse de aquellos que la gente quiere mantener en la esfera de la decisión personal —como el aborto o matrimonio igualitario.

 

Por su parte, Sichel debe entender que, para ganar, necesita sumar con fuerza la votación de derecha. No basta con buscar a los moderados si no eres capaz de ganarte la confianza de tu propio sector. Debe ir más allá de su oposición al cuarto retiro de las pensiones. Para ser un candidato de derecha, no basta con defender el modelo económico en una dimensión que lleva a mucha gente a creer que en realidad está defendiendo al sector empresarial o a las odiadas AFP (más allá de si ese odio es justificado). Sichel no puede aparecer como una iteración de lo que fueron los gobiernos de Piñera. Esa versión de la derecha chilena ya no atrae votos ni en la propia derecha ni en los votantes moderados.

 

Como suele ocurrir en cada elección, la gente termina aceptando que no hay candidatos perfectos y vota por la persona que mejor refleja los valores y aspiraciones que guían a cada votante. La decisión que tomen los votantes de derecha en noviembre reflejará qué tan capaz fue Kast de crecer desde sus posiciones sólidamente derechistas hacia un electorado que se ubica en posiciones más moderadas y qué tan hábil fue Sichel para poder ir a la conquista del votante moderado sin dejar abandonado a la base más derechista de su coalición.