Las primarias de Unidad Constituyente

Patricio Navia

El Líbero, agosto 20, 2021

 

Las primarias de Unidad Constituyente (la vieja Concertación, sin el PC), a realizarse el sábado 21 de agosto, reflejan vívidamente la dramática situación en la que se encuentra la que otrora fue la coalición política más exitosa en la historia de la política chilena. Porque abandonó la moderación y el pragmatismo en un peregrino intento por competir con el PC y el Frente Amplio por posiciones más radicales, el bloque formado por el PDC, PS, PPD y PR ahora no tiene domicilio político, no es capaz de enorgullecerse de su historia y, por lo tanto, tampoco sabe qué puede ofrecer de forma distintiva y clara a un electorado que aspira a construir una sociedad más justa sin destruir todo lo que ha logrado el país. Por eso, independientemente de quién gane la nominación de esa coalición, el gran desafío que tiene es mostrar una hoja de ruta que la distinga de las posiciones más radicales de la izquierda y del discurso marcadamente concertacionista que ya ha adoptado el candidato de la derecha Sebastián Sichel.

 

El desafío de Unidad Constituyente se parece al que han enfrentado en el pasado empresas exitosas como Nokia, Sony (con su Walkman) y la tienda de video Blockbuster. Por dos décadas, la Concertación dominó el mercado político electoral en Chile. La imbatible coalición ofreció un producto que mezclaba cambio y continuidad en un contexto donde la derecha estaba demasiado cerca de la dolorosa y polémica herencia de la dictadura y donde la izquierda más radical estaba demasiado golpeada por la derrota de los socialismos reales y el desplome de la Cortina de Hierro. Pero como la arena política siempre cambia y las recetas que antes funcionaban dejan de funcionar, cuando la derecha se democratizó y se deshizo de la herencia autoritaria y la izquierda más radical encontró nuevas banderas de lucha, el mensaje de moderación y pragmatismo de la Concertación ya dejó de ser atractivo. En buena medida, la Concertación fue víctima de su propio éxito.

 

En el segundo gobierno de Bachelet, la coalición centro-izquierdista se corrió decididamente hacia la izquierda, renegando de muchos de los valores y principios que defendió durante sus primeros 20 años en el poder. En 2017, aprovechando la izquierdización de la Nueva Mayoría, Chile Vamos logró ganar con relativa facilidad la elección presidencial —pero no una mayoría en el Congreso. Sin querer aceptar que no podía impulsar su agenda de forma unilateral, el presidente Piñera enfrentó la obstrucción de un Parlamento que hizo valer su mayoría centro-izquierdista. Después del estallido social, el gobierno de Piñera efectivamente se acabó y el control de la agenda cayó en manos de una mayoría ad hoc de izquierda que promovió la refundación del sistema político y del modelo económico a través de un proceso constituyente.

 

Así las cosas, la Concertación —ahora denominada Unidad Constituyente— fue sobrepasada por los hechos. El modelo que había defendido y exitosamente implementado ya no era una opción. La coalición vio cómo se multiplicaban las opciones a su izquierda y cómo la derecha se reubicaba como defensora de las posiciones que anteriormente habían sido la base de la plataforma concertacionista.

 

Después de haber desastrosamente fallado en su intento por participar en las primarias de julio de 2021, UC tardíamente intentó corregir rumbo organizando una consulta alternativa que se realizarán mañana. Pero como nunca terminó por abordar su verdadero problema de no tener un mensaje coherente y diferenciador, la campaña para las primarias del 21 de agosto terminó siendo un concurso de popularidad entre tres candidatos que, lamentablemente para la coalición, carecen del carisma necesario para suplir la falta de contenido de una agrupación que ya no sabe qué ideas defiende.

 

Por eso, el resultado de la elección no será suficiente para que Unidad de Constituyente se posicione como una alternativa creíble y atractiva para la elección de noviembre. Es cierto que si los candidatos ya en carrera Gabriel Boric y Sebastián Sichel cometen demasiados errores no forzados, la candidatura de Unidad Constituyente pudiera pasar a segunda vuelta y eventualmente llegar a la presidencia en marzo de 2022. Pero el problema de la ausencia de una hoja de ruta seguirá haciendo inviable el futuro de la otrora coalición más exitosa en la historia de Chile. De hecho, por eso, la gran duda que se despejará en la contienda de mañana no es el nombre de la persona que asumirá la candidatura de Unidad Constituyente sino la cantidad de votantes que se tomen la molestia de participar en esta primaria triste y sin emoción.

 

Mientras el país del futuro se gesta con muchas dificultades, incertidumbres y amenazas en la convención constituyente, el país de ayer se desvanece con rapidez y sin emoción. Las primarias de la Unidad Constituyente son un estertor más de esa república concertacionista que comenzó a morir cuando la propia coalición renunció a su pasado al adoptar el nombre de Nueva Mayoría sin ser capaz de definir una hoja de ruta viable y sostenible que pudiera atraer a la misma estable mayoría que le dio su apoyo desde las elecciones de 1989 hasta 2005.