Pinochet, Piñera, Sichel

Patricio Navia

El Líbero, julio 23, 2021

 

Si Sebastián Sichel logra ganar las elecciones presidenciales de fin de año, el abogado de 43 años se convertirá en el tercer presidente de derecha en Chile en el último medio siglo. Para lograr la hazaña, deberá alejarse tanto de la controversial imagen de Pinochet como del complicado legado del Presidente saliente Sebastián Piñera. Ahora que el sector busca una refundación, Sichel ofrece uno de los dos componentes esenciales para la reinvención: es una cara relativamente nueva. Falta por determinar si logra el otro: ideas frescas que representen los valores de la derecha y que se diferencien claramente del discurso dominante en la izquierda, que pone el centro más en el Estado que en la capacidad de los mercados para generar crecimiento.

 

Las primarias del 18 de julio terminaron siendo sorpresivas en dos de las tres dimensiones que importaban ese día. En primer lugar, votó más gente de lo que se esperaba —una cuestión sorpresiva, considerando que esa ocasión era la cuarta vez que los chilenos iban a las urnas en menos de 12 meses. En segundo lugar, la ventaja de los ganadores fue bastante clara, lo que les permite tanto a Gabriel Boric como a Sebastián Sichel vestirse de una incuestionable legitimidad electoral en sus respectivos sectores. Es cierto que pudo haber gente de derecha que haya votado por Boric para obstruirle el paso a Jadue, así como votantes de izquierda pudieron querer bloquear a Lavín. Pero dada la cantidad de gente que votó, el mensaje del electorado a favor de Sichel y Boric es incuestionable. En una tercera dimensión, hubo menos sorpresas. Votó más gente en las primarias del Frente Amplio que en las de Chile Vamos. Aunque hace cuatro años, las primarias que le dieron la victoria a Piñera tuvieron tres veces más participación que las del naciente Frente Amplio, las expectativas sobre qué tantos votantes lograrían atraer los cuatro candidatos de Chile Vamos a las urnas eran bastante bajas. Si bien nadie en la derecha puede estar satisfecho con el desempeño, la votación lograda por la suma de los cuatro candidatos de derecha representa un aire de respiro para un sector que tiene una carrera cuesta arriba para la primera vuelta.

 

Ahora que es candidato, Sichel asume todos los activos y pasivos de Chile Vamos. La derecha en Chile es bastante impopular. El gobierno del presidente saliente tiene la peor aprobación presidencial desde el retorno de la democracia. Si bien Sichel ganó en buena medida porque era un independiente compitiendo contra los abanderados de la UDI, RN y Evópoli, ahora tendrá que echarse al hombro a los impopulares partidos de su coalición. Peor aún, si bien su discurso renovador apeló a los moderados, la amenaza de que José Antonio Kast entre por la derecha con un discurso que atraiga a la derecha dura hace que Chile Vamos corra el riesgo de perder su base histórica en su intento por conquistar el centro.

 

En buena medida, el problema de Sichel es que necesita hacer dos cosas aparentemente contradictorias. Por un lado, debe convertirse en el candidato de los que se sienten herederos de la tradición de derecha —lo que incluye a los apologistas o relativistas de la dictadura y a los defensores del modelo social de mercado— y por otro debe ir en la conquista del voto moderado de forma similar a lo que hizo Piñera en 2017 —pero intentando ser lo más distinto posible al actual presidente, cuya popularidad ya estaba por el piso antes del estallido social.

 

Como si ese desafío no fuera complejo, Sichel debe evitar alienar a la Convención Constitucional. Si su discurso choca con el discurso dominante en la Convención, de asumir en marzo de 2022 quedará a merced de esta, en tanto los poderes y atribuciones del presidente en el nuevo texto se podrán finalizar hasta julio de 2022. De ser electo presidente, Sichel deberá mostrar sus cartas antes de que la convención constitucional decida qué poderes y atribuciones tendrá el próximo Presidente de la República.

 

Siempre es mejor tener los problemas del ganador que los dolores y recriminaciones de los perdedores. Por eso Sichel se ha visto con una loable energía en sus primeros días como abanderado presidencial de la derecha. Habiéndose unido hace pocos años a esa coalición, para Sichel no debería ser ningún costo intentar sepultar las figuras de Piñera y Pinochet. Pero para darle coherencia a su mensaje de renovación, Sichel deberá intentar buscar los mejores valores y principios de ambos predecesores y por aquellos que, no habiendo sido emblemas de la derecha hasta ahora, puedan convertirse en banderas de lucha de ese sector, como la demanda por más competencia, más meritocracia y una cancha pareja.

 

En las semanas que se vienen, Sichel terminará de definir su mensaje. En la medida que logre articular un mensaje que ponga el crecimiento y un sano balance entre el Estado y el mercado al centro, logrará cuadrar el complejo círculo que implica querer ser el tercer presidente de derecha en Chile en los últimos 50 años.