Una hoja de ruta para la derecha

Patricio Navia

El Líbero, abril 30, 2021

 

Ahora que parece haber finalmente quedado en claro que el gobierno del Presidente Piñera ya se acabó, la pregunta que reina en el ambiente es cuál es el norte que ahora guiará a los partidos de derecha. Después del rotundo fracaso del intento por construir un proyecto exitoso a cargo de Piñera y alejada del legado de Pinochet, la derecha chilena se encuentra sin líder. Mientras algunos proponen una travesía hacia el centro, otros creen que bastará con buscar a un candidato medianamente popular para salvar el desafío de las elecciones presidenciales y legislativas de 2021. Pero la necesidad de plasmar una visión de país en el proceso constituyente que prontamente se iniciará obliga a la derecha a una inmediata introspección que le permita definir cuáles son las características de la sociedad que aspira construir.

 

Después de haber quedado atrapada por casi dos décadas en el complejo legado de reformas de mercado y violaciones a los derechos humanos cometidos por la dictadura, la derecha chilena finalmente logró una victoria en la contienda presidencial en 2009, de la mano de Sebastián Piñera, un empresario de derecha que se opuso a la continuación del régimen militar en el plebiscito de 1988. Aunque gobernó por dos periodos, Piñera no logró construir un nuevo modelo de derecha para Chile. Tanto en su primer gobierno como en el segundo careció de un proyecto de país que pudiera atraer a un número lo suficientemente amplio de personas. Su foco más centrado en el crecimiento que en el desarrollo —y los datos más bien discretos de desempeño económico— terminaron por diluir la promesa de la derecha construiría un mejor país que el que había logrado construir la coalición centroizquierdista de la Concertación. Al final, Piñera terminó siendo una mala copia de lo que fueron los primeros cuatro gobiernos concertacionistas.

 

Pero, aunque abundarán los estudios sobre las razones del fracaso del proyecto político liderado por Piñera, la derecha tiene hoy una tarea más urgente e importante. Para poder ser competitiva en las elecciones de noviembre y diciembre —la contienda para elegir a los miembros de la convención constitucional ya está demasiado encima como para evitar que sufra un castigo por la impopularidad del presidente Piñera—, la derecha necesita tener un norte sobre el país que quiere construir y una hoja de ruta simple y atractiva sobre cómo poder llegar a ese objetivo. Es más, precisamente porque el proceso constituyente obligará a todos los partidos a dejar muy en claro el país que quieren construir, el ejercicio que debe hacer la derecha es todavía más urgente. Si bien en una elección presidencial los partidos pueden esconder su falta de ideas detrás de una candidatura popular, si la derecha llega sin un proyecto de país a la convención constitucional, la nueva Constitución será una sinfonía de las utopías de izquierda a favor de un estado gigante benefactor que dirija los destinos y la economía del país.

 

En un contexto de malas noticias y amargas experiencias, hay una buena noticia para la derecha. El modelo de sociedad basado en mercados competitivos es mucho más popular en Chile que las propuestas de una economía donde el Estado es el actor principal. Es cierto que los chilenos quieren más derechos sociales y una red de protección social más robusta. Pero la gente gusta de su condición de consumidores. Solo quieren que, para poder disfrutar plenamente al ser consumidores, haya un sistema bien regulado que combata los abusos y garantice los derechos individuales. Después de 30 años de economía social de mercado que no funcionó tan bien como debiera, los chilenos siguen prefiriendo una sociedad de mercado que las opciones difusas de sociedades estatizadas que ofrece la izquierda. Incluso en el intenso debate sobre las pensiones, la gente naturalmente enarbola la bandera de los derechos de propiedad para justificar el cuestionable retiro anticipado de fondos que debieran ser usados para financiar sus jubilaciones.

 

Qué duda cabe que este no es el mejor momento para la derecha. Desde la insensata decisión de los partidos este sector de apoyar el continuismo de la dictadura en 1988 y, por lo tanto, hacerse parte de la derrota histórica de Pinochet, la derecha nunca estuvo en una posición de tanta debilidad como hoy. La sensación de derrota en el sector es innegable. Piñera no logró perfilar al sector más allá de su gobierno, ni en 2013, al finalizar su primer periodo, ni hoy. El sector solo puede evitar un vergonzoso y humillante traspié en las elecciones de la constituyente gracias a la insensatez de la izquierda, que se presenta dividida en esta elección. Pero aunque no haya podido todavía encontrar su norte o su hoja de ruta, el sueño de país que tiene la mayoría de los chilenos sigue estando más cerca de los postulados de la derecha que de lo que quiere hacer la izquierda. Por eso, aunque el presente se vea oscuro, el futuro de la derecha parece más promisorio que el de la izquierda en Chile.