Mis razones para decir que no (X): convención constitucional y campaña presidencial paralelas

Patricio Navia

El Líbero, marzo 6, 2020

 

Durante la segunda mitad de 2021, cuando la Convención Constituyente esté en la recta final de la redacción de la nueva constitución, los chilenos también estaremos inmersos en una campaña presidencial y legislativa. Es una mala idea discutir el contenido de una nueva constitución cuando hay candidatos en campaña realizando promesas electorales. Porque los procesos constituyentes —que de por sí son inusuales— en general se realizan después de una elección, Chile entrará en territorio desconocido al hacer correr en paralelo el proceso constituyente y la próxima campaña presidencial.

 

Si el 26 de abril gana la opción Apruebo, se iniciará un proceso constituyente que terminará recién en marzo de 2022. El 25 de octubre votaremos por los miembros de la Convención Constituyente (o por la mitad de sus miembros, si es que en el plebiscito se impone la opción de Convención Mixta). La Convención Constituyente comenzará a sesionar una vez que el Tribunal Electoral declare oficialmente a los candidatos ganadores. Suponiendo que eso ocurre en 30 días, la Convención Constituyente debería estar comenzando a sesionar a fines de noviembre de 2020.

 

Como el acuerdo le da 9 meses de plazo (extensibles por 3 meses más), la propuesta de nueva constitución debiera estar para fines de noviembre de 2021. Ahora, como deberá discutir el contenido de cada artículo de la constitución, la Convención pudiera no completar su trabajo en 12 meses. Dado que el poder constituyente recae en la propia Convención, no parece imposible que ésta se arrogue la potestad de ampliar el plazo para terminar su trabajo. Considerando la lentitud con la que se legisla en Chile —las leyes toman en promedio más de un año para ser promulgadas—, parece razonable suponer que la nueva constitución no se redacte en menos de 12 meses.

 

Además, ya que las reglas del proceso constituyente apuntan a que la Convención deberá llegar a acuerdos que requieran mayorías de 2/3, los procesos de negociación serán arduos e intensos. Si tomamos como precedente que los debates legislativos en los últimos meses han estado marcados por protestas de manifestantes en el Congreso y por interrupciones en las salas de sesiones del Senado y de la Cámara, no es aventurado suponer que las manifestaciones de grupos presión pudieran también hacer más lento aún el debate sobre el contenido de la nueva constitución.

 

Como si eso no fuera poco, a partir del mes de abril de 2021 —apenas cuatro meses después de que se haya iniciado el trabajo de la Convención Constituyente— comenzará la campaña para las primarias presidenciales de 2021. Suponiendo que se mantiene la fragmentación de los partidos de centro e izquierda —la vieja Concertación/Nueva Mayoría—, deberíamos tener varias campañas para primarias presidenciales en las distintas coaliciones. Las primarias presidenciales se realizarán el 4 de julio de 2021. A partir de entonces, las coaliciones ya tendrán sus candidatos presidenciales. Aunque la campaña presidencial no se inicie formalmente hasta agosto de 2021, desde abril habrá abanderados presidenciales que, legítimamente, quieran opinar sobre las decisiones que esté tomando la Convención Constituyente.

 

Una vez iniciada la campaña presidencial, los aspirantes inevitablemente debatirán sobre lo que esté haciendo la Convención Constituyente. A su vez, como sus miembros tendrán afinidad política con distintos candidatos, el debate constituyente estará inevitablemente contaminado por lo esté pasando en la campaña presidencial.

 

De hecho, a menos que la Convención Constituyente termine su tarea antes del plazo, la elección presidencial de 2021 ocurrirá antes de que haya una nueva propuesta de constitución. Luego, los chilenos estarán votando por presidente y legisladores antes de que se sepa qué tipo de división de poderes existirá en la nueva carta magna. En una de esas, la Constituyente propone un sistema unicameral, pero la elección de legisladores de todos modos tendrá que hacerse con el sistema actual de Senado y Cámara —porque, como hay plebiscito de salida, la propuesta de la constituyente necesita ser ratificada por una mayoría de los votantes antes de que pueda ser promulgada.

 

Es verdad que la mayoría de los chilenos no entiende la letra chica de todo lo que se viene. Pero parece importante que, así como la gente se decepciona cuando se da cuenta que firmó por algo distinto a lo que esperaba recibir y reclama porque nadie la advirtió lo que realmente ocurriría después de contratar un servicio, las personas que están considerando su voto para el plebiscito de abril entiendan que, así como está diseñado, este proceso constituyente hará coincidir la compleja tarea de redactar una nueva constitución con la próxima campaña presidencial y legislativa. Cualquier persona razonable —incluso aquellos que llaman a votar por el Apruebo— coincidirán en reconocer que llevar adelante un proceso constituyente en paralelo con una campaña presidencial es una propuesta que implica muchos riesgos.