Celebrar el gol antes de anotarlo

Patricio Navia

EL Líbero, junio 25, 2019

 

Han transcurrido diez meses desde que el gobierno del Presidente Sebastián Piñera anunció el envío de una reforma tributaria, por lo que parece especialmente peligroso que La Moneda vuelva a alimentar expectativas sobre la posibilidad de revertir la realizada por el gobierno de Michelle Bachelet que desintegró el sistema tributario. Lo más razonable, y la mejor estrategia política, es avanzar sigilosamente en las negociaciones y hacer anuncios rimbombantes solo cuando la reforma tributaria logre salvar su primer obstáculo al salir de la Cámara de Diputados. Porque nunca es bueno celebrar el gol antes de que la pelota entre al arco, el gobierno debería evitar subirle, precisamente ahora, el costo a los diputados DC de apoyar el acuerdo negociado entre el Ministro de Hacienda y el presidente del partido Fuad Chaín.

 

Hace dos años, cuando era el candidato favorito para quedarse con la nominación de Chile Vamos, Sebastián Piñera ya anunciaba que una de sus prioridades sería reintegrar el sistema tributario. Aunque solo un par de años antes una amplia mayoría de los legisladores de RN y UDI había votado a favor de la reforma de Bachelet, la importancia que le daba Piñera a reintegrar el sistema hacía pensar que, de llegar a la presidencia en marzo de 2018, se abocaría a lograr esa reforma. Después de todo, desde la perspectiva del Presidente daba la impresión de que la desintegración del sistema era una de las principales responsables de la caída en la tasa de crecimiento tendencial que venía experimentando el país.

 

Pero después que Chile Vamos no lograra alcanzar una mayoría de escaños en ninguna de las cámaras en primera vuelta y ante la negativa del PDC de formar una coalición ad hoc con los partidos de derecha para ejercer control de ambas cámaras, quedó claro que el gobierno de Piñera debería salir a buscar votos entre parlamentarios moderados para lograr cumplir esa promesa de campaña.

 

Cuando La Moneda anunció, en agosto de 2018, que enviaría una reforma tributaria al Congreso, hubo varias críticas desde el empresariado por lo poco ambicioso que les parecía. Desde el Poder Legislativo, las críticas fueron a la escasa disponibilidad para negociar que había tenido el gobierno en el trabajo prelegislativo. Esa molestia de los legisladores se hizo patente en la lentitud con la que la Cámara de Diputados tramitó dicho proyecto. De hecho, ya casi a un año de su ingreso, el proyecto todavía no completa el primer trámite legislativo. Todavía falta que la reforma pase por el Senado y, como es posible anticipar que va a haber comisión mixta que dirima las diferencias entre ambas cámaras, faltará todavía un tercer trámite legislativo antes de que la reforma llegue al escritorio del Presidente Piñera para su promulgación.

 

En ese contexto de tramitación excesivamente lenta y poco avance en las negociaciones, el gobierno pareció especialmente interesado en demostrar algo de éxito al anunciar, el domingo, la concreción de un protocolo de acuerdo con el Presidente del PDC, el ex diputado Fuad Chaín, que destrabaría la reforma y lograría su aprobación —presumiblemente con votos de Chile Vamos y del PDC— en la Cámara. Después del anuncio, algunos senadores de este partido —y un par de diputados— se apuraron en destacar que ellos no habían firmado el protocolo de acuerdo. Otros legisladores DC, ante las críticas de algunos colegas de partidos de izquierda, aclararon que deberían leer el contenido de las indicaciones a las que se comprometió el gobierno antes de decidir su voto final. O sea, se anduvieron echando para atrás.

 

No sería la primera vez que un protocolo de acuerdo se cae cuando toca votar en el Congreso. La política es dinámica. Las circunstancias cambian y los partidos modifican sus posturas por cambios en la coyuntura. Además, siempre está la excusa de que lo que se prometió no es igual a lo que finalmente se materializó en las indicaciones. Pero por eso mismo, resulta poco conveniente celebrar los acuerdos como si fueran victorias legislativas.

 

Es verdad que el gobierno se anotó un punto importante al firmar el acuerdo con el PDC el domingo. Pero no había necesidad de acelerarse y comenzar a celebrar antes de tiempo. Porque ya han pasado demasiados meses de espera y porque hay fundadas dudas de la capacidad del gobierno para construir acuerdos con la oposición —especialmente cuando una buena parte de la oposición está más interesada en obstruir que en dialogar— parece más razonable esperar a que el proyecto logre sortear el primer trámite legislativo antes de empezar a celebrar. Igual que lo que ocurre en el fútbol —especialmente ahora que el video-arbitraje (VAR) permite revertir las decisiones originales del árbitro— parece más razonable, saludable y conveniente esperar que la pelota entre al arco y no haya reclamos de irregularidades antes de empezar a celebrar el gol.