El 33% de aprobación de Piñera

Patricio Navia

El Líbero, mayo 28, 2019

 

A pocos días de que entregue su segundo mensaje anual ante el Congreso Nacional y ante el país, el Presidente Sebastián Piñera está atravesando por el peor momento desde que asumió su segundo gobierno, hace 15 meses. Con una economía que no despega, un gabinete que no sabe cómo enfrentar su condición minoritaria en el Congreso y un Mandatario que repite los mismos errores de su primera administración -pero no tiene los mismos logros-, el retorno de la derecha al poder ha sido decepcionante. A menos que el Presidente Piñera acepte que va por camino equivocado y dé señales de que cambiará el rumbo, los próximos meses serán una aventura cuesta abajo para Chile Vamos y para el legado que aspira construir el gobernante.

 

Nunca es fácil gobernar cuando los vientos de la economía internacional soplan en contra. Cuando Piñera era candidato en 2017, las expectativas de su equipo económico eran que la situación internacional sería favorable y que las reformas de pensiones y tributaria que impulsaría el gobierno darían un poderoso empujón a las expectativas y ayudarían a que el país retomara el sendero del crecimiento y del desarrollo sustentable. Pero los vientos internacionales están revueltos y las reformas emblemáticas que quería impulsar el gobierno avanzan a paso de tortuga. Peor aún, si llegan a puerto, deberán incluir más concesiones que las que hasta ahora el gobierno ha ofrecido. El control mayoritario que ejerce la oposición en el Congreso y las insuficientes habilidades negociadoras de los equipos políticos de La Moneda explican el discreto desempeño de la agenda legislativa del gobierno de Chile Vamos.

 

Resulta fácil intentar echarle la culpa a una oposición obstruccionista que aspira a mantener el statu quo que dejó Bachelet después de las reformas de su segundo periodo. Pero esa no es una buena excusa. Más bien, ese era un dato de la causa desde que los chilenos votaron, en noviembre de 2017, por entregarle a los partidos de oposición una mayoría en el Congreso. Cuando la Concertación llegó al poder en 1990, la derecha también estaba interesada en mantener el statu quo, había una constitución llena de leyes de amarre y la mayoría electoral de la centroizquierda estaba bloqueada por la presencia de senadores designados. La diferencia entre el gobierno de Aylwin y el de ahora es que el primero y su equipo trabajaron con las limitantes heredadas, aspiraron a avanzar en la medida de lo posible y lograron articular un diálogo constructivo con legisladores que pensaban de forma radicalmente distinta. La democracia de los acuerdos se construyó precisamente porque la derecha se resistía a aceptar las propuestas de reformas que tenía el gobierno de Aylwin.

 

Por eso, si el gobierno no logra encontrar interlocutores en la oposición con los que negociar, el problema está en el gobierno, no en la oposición. Regularmente aparecen legisladores de oposición que envían señales claras de voluntad de diálogo. Es cosa de saber cómo abrir espacios de negociación. Pero el gobierno de Piñera cree que dialogar es lo mismo que bajar o subir el precio de un producto. A veces dialogar implica bajar el precio, pero a la vez incluir en la negociación otros productos y servicios de tal forma que el negocio termine siendo todavía más grande y así haya espacio y oportunidades para que todos ganen. Para un gobierno que dice creer en el capitalismo, la poca creatividad que demuestra en la forma en que hace negocios hace dudar sobre qué tan capitalistas son los miembros del gabinete cuando pasan de las palabras a los hechos.

 

Pero la principal causa de la baja aprobación del gobierno no está ni en los vientos en contra en la arena mundial ni en la incapacidad del gabinete para negociar con la oposición. La principal razón de que solo uno de cada tres chilenos apruebe la gestión del Presidente está en que el propio Piñera no ha sabido escoger sus batallas. En las últimas semanas, el Presidente se ha obsesionado en defender la legalidad de la inclusión de sus dos hijos varones en la gira presidencial a China y otros países del Asia. Como si no quisiera entender que la polémica se explica por los cuestionamientos éticos a la decisión y por la evidente contradicción que existe entre un gobierno que predica la defensa de la meritocracia, pero practica el amiguismo y el nepotismo, Piñera se ha obsesionado con seguir peleando una batalla perdida. En vez de hacer la pérdida y corregir rumbo, sigue gastando recursos y energía en defender la credibilidad de un argumento que es un barril sin fondo.

 

A pocos días de que el Presidente entregue su segundo discurso anual ante el país, la aprobación presidencial está en 33%, la cifra más baja desde que este gobierno se inició en marzo de 2018. A menos que el Presidente sea capaz de corregir errores y enmendar rumbo, Chile Vamos deberá empezar a acostumbrarse a la idea de que el segundo gobierno de Piñera será todavía más impopular de lo que fue el primero.