Empezar el show antes que llegue el público

Patricio Navia

El Líbero, abril 23, 2019

 

Es comprensible que quienes anhelan ser candidatos a la presidencia estén pensando todo el tiempo cuál es la mejor forma de optimizar sus chances de llegar a materializar sus aspiraciones. Pero igual que un artista que tiene ansias de empezar pronto el show para demostrar sus talentos y medirse ante el exigente público, resulta inútil empezar la performance antes de que éste llegue. Porque la gran mayoría de los chilenos todavía no le está poniendo atención a la carrera presidencial, el retorno efectivo del arduo trabajo de posicionamiento que vienen haciendo muchos aspirantes es desgastantemente bajo.

 

En esta época de exceso de información y fragmentación de las audiencias, la multiplicidad de plataformas que existen para que la gente se informe hace doblemente difícil el desafío de posicionarse como candidato conocido y creíble. Por un lado, la gente tiene tantas opciones de entretenimiento e información al alcance de su mano que resulta difícil lograr que se preocupen de la próxima carrera presidencial 30 meses antes de que se realicen las elecciones. Eso hace que las audiencias, literalmente, todavía no hayan llegado a ocupar sus asientos en las graderías de la arena en la que se producirá la competencia por quién sucederá a Sebastián Piñera en la presidencia de la república.

 

Por otro lado, los aspirantes a candidatos difícilmente pueden competir en este momento con el reconocimiento de nombre que tienen los rivales que ya han participado en elecciones presidenciales anteriores. En cualquier encuesta con pregunta abierta sobre intención de voto, la lista la lideran excandidatos.  Igual que una persona a la que le preguntan dónde planea irse de vacaciones en dos años más, la respuesta estará fuertemente influenciada por las opciones de vacaciones que consideró en los años inmediatamente anteriores.

 

Uno de los grandes errores que comete la clase política es creer que el resto de las personas está tan obsesionado como ellos con lo que informan los medios y con los debates que se producen en los círculos especializados. Para la mayoría de la gente, la disputa política es como el fútbol: le ponen atención en momentos especiales. La selección nacional captura más audiencia cuando va al mundial que cuando juega un amistoso. Por cierto, si se realizara una encuesta indagando por nombres de entrenador favorito para dirigir el equipo, inevitablemente liderarán la lista algunos exentrenadores o técnicos conocidos. Cuando la gente todavía no se dedica a pensar seriamente sobre un asunto, lo más probable es que sus respuestas respecto a sus preferencias estén condicionadas por una perspectiva retrospectiva.

 

Las dinámicas de elecciones recientes en América Latina han dejado en claro que el electorado está en modo castigo. En la mayoría de las últimas elecciones presidenciales, el oficialismo fue derrotado. Si bien algunos hablaron de un giro a la derecha después de las elecciones en Argentina en 2015, Perú en 2016, Chile en 2017 y Brasil en 2018, la victoria del izquierdista Andrés Manuel López Obrador en México confirmó que, más bien, América Latina ha estado votando para castigar a los gobiernos en el poder. El beneficiario de ese castigo ha ido variando de país en país. En algunos países los ganadores fueron candidatos fuera del sistema y en otros ganó el principal partido de oposición. Pero en todos los casos, los ganadores —como suele ocurrir— lograron vender un mensaje de renovación y cambio razonable y positivo.

 

Los aspirantes a candidatos presidenciales en 2021 debieran estar ahora aprendiendo de las experiencias exitosas de los países vecinos más que esforzándose en exceso por atraer la atención de un público que no está todavía interesado en lo que va a ocurrir en las presidenciales de 2021. Es verdad que todos los candidatos necesitan generar suficiente reconocimiento de nombre para ser contendores competitivos en 2021. Pero no se saca nada con empezar el show antes de que el público llegue al estadio. Los candidatos debieran estar ahora abocados a tratar de entender lo que quiere ese público, cuáles son sus miedos y sus sueños.

 

La única forma de sintonizar con un electorado que parece insatisfecho con la forma en que avanzan sus países y que quiere más mejoras y arreglos que refundaciones y revoluciones es privilegiando la capacidad de escuchar y sentir por sobre la de hablar y mostrar el camino. Ya llegará el momento para que los candidatos demuestren que tienen los atributos de liderazgo que la gente quiere ver en un presidente. Por lo pronto, lo importante no es competir por quien ocupa el escenario hoy. Lo importante es estar preparado para que la gente se sienta identificada y representada con el mensaje que los candidatos recién tendrán oportunidad de comunicar cuando la gente empiece a entrar en onda electoral y comience a ponerle atención a la arena en la que se defina el nombre del sucesor de Sebastián Piñera en 2021.