Del centenario a los chilennials

Patricio Navia

El Líbero, febrero 8, 2019

 

En Del Centenario a los chilennials. 100 años de transformaciones y 25 tendencias que cambiaron Chile (CLAPES UC, 2018), Pedro Dosque y José Tomás Valente hacen un fascinante recorrido por la forma en que ha cambiado Chile entre 1910 y hoy. La lectura de este libro nos permite confirmar todo lo que hemos avanzado, especialmente desde el retorno de la democracia, y todos los desafíos que hoy tenemos por delante. Para todos aquellos interesados en tener datos duros que confirman el enorme progreso de Chile, pero también para los que se dejan llevar por tentaciones autoflagelantes, la lectura de este libro les permitirá confirmar que Chile está hoy mejor que nunca antes en su historia y que, por eso mismo, podemos aspirar a mucho más.

 

El contenido del libro es mucho mejor que su título. De hecho, el título le quita méritos al libro. Hablar de chilennials parece más propio de esos típicos argumentos de marketing, con más punch que contenido. En cambio, en las 272 de este libro bien estructurado y escrito con simpleza y claridad, Dosque y Valente recorren distintos aspectos de la cotidianeidad de los chilenos para mostrar los vertiginosos cambios que ha vivido el país desde 1910, pero especialmente, desde 1990.

 

Cualquier observador objetará que todo el mundo cambió radicalmente en el siglo XX. Luego, sería impensable que Chile no hubiera cambiado. Si bien es evidente que la vertiginosa velocidad de los cambios afectó también a otros países, el libro deja meridianamente claro, al comparar datos de Chile con otros países de la región y con los otros miembros de la OECD, el lugar en el que se encuentra nuestro país. Como líder regional en casi todos los indicadores de bienestar y mejorando con rapidez respecto a los países de la OECD —el club de países desarrollados— los avances y logros de Chile son innegables.

 

Precisamente porque el libro abunda en datos, quiero destacar solo algunos. La mortalidad infantil en 1940 era de 197 por mil nacidos vivos (uno de cada cinco niños nacidos en Chile moría antes de cumplir el primer año de edad). Las cosas mejoraron en décadas posteriores, pero incluso en 1970 la mortalidad infantil llegaba a 82,4 por mil nacidos vivos. Cuando volvió la democracia, la cifra era de 16 por mil. Hoy, alcanza a 7,4 por mil, la segunda más baja en América Latina. En 1970, un 19,3% de los niños sufría de desnutrición, en 2000, esa cifra era apenas de un 2,9%.

 

La calidad de vida, o el bienestar, también se expresan en otros indicadores. El acceso a la educación se ha universalizado. En 2011, el 95% de los niños de 5 años en el quintil de menos ingresos estaba en un jardín infantil, solo marginalmente menor al 97,8% de los niños del quintil de más ingresos. Aunque entre los niños de 3 años, solo un 46% de los niños del quintil de menos ingresos estaba en un jardín, a diferencia del 71,4% de los niños del quintil de más ingresos.

 

El crecimiento económico y el mayor acceso a oportunidades ha contribuido a nivelar mejor la cancha, pero también la reducción en el tamaño de las familias. En 1960, la familia chilena promedio tenía 5,4 personas. En 2017, la familia promedio tiene 3,1 miembros. La reducción en el número de niños que nacen en Chile ha hecho que el peso relativo de los adultos mayores haya aumentado significativamente. Los mayores de 70 años ya superan el 10% de la población nacional. Por cierto, la llegada de inmigrantes que son principalmente jóvenes y que en general tienen más hijos que los chilenos hará que la sociedad chilena sea cada vez más diversa. El país sigue cambiando de forma rápida precisamente porque en muchos lugares de América Latina, Chile se ha convertido en un símbolo de oportunidades e inclusión social que tanto faltan en la región.

 

Aunque muchos chilenos de más edad son todavía nostálgicos del Chile que fue brutalmente destruido después del quiebre de la democracia en 1973, los datos son bastante concluyentes respecto a la mala calidad de vida que tenía la gran mayoría de los chilenos en esa época. En 1970, solo un 50% de los chilenos tenía inodoros en sus hogares.

 

El Chile en el que vivimos hoy es el mejor Chile que ha existido. Es verdad que tenemos muchos desafíos complejos por delante. Es innegable que hay niveles de desigualdad vergonzantes. Pero el país es menos desigual que nunca antes en su historia. Indudablemente podemos hacer mucho más y es un error ser autocomplaciente respecto a todo lo logrado. Pero para saber en qué dirección avanzar y cómo hacerlo, hay que estar muy conscientes de lo que hemos hecho en el pasado. Los chilenos deberíamos estar orgullosos de cómo ha mejorado el bienestar en el país en las últimas tres décadas. Por eso mismo, debiéramos ser también ambiciosos sobre los objetivos que nos podemos plantear para el futuro. En su bien logrado libro, Dosque y Valente nos ayudan a poner los pies sobre la tierra respecto a todo lo que hemos avanzado para así poder aspirar a avanzar todavía mucho más.