Bolsonaro y el camino de Lula en 2003

Patricio Navia

El Líbero, octubre 23, 2018

 

Si se cumple lo anticipado por las encuestas y Jair Bolsonaro gana las elecciones del 28 de octubre, el próximo presidente de Brasil debiera seguir el ejemplo de su principal enemigo político, Lula, y hacer lo mismo que hizo el líder del Partido de los Trabajadores (PT) cuando ganó las elecciones de 2002. Porque los presidentes exitosos son capaces de unir al país, Bolsonaro debería aprovechar el beneficio de la duda que le está dando el pueblo brasileño y —abandonando su pasado de líder polarizador e intolerante—convertirse en el presidente modernizador y razonable que desesperadamente necesita Brasil para retomar el camino del desarrollo.

 

Hay buenas razones para estar preocupados de lo que pueda pasar en Brasil. En sus 28 años como legislador, Bolsonaro ha tenido actitudes racistas, misóginas, homofóbicas e intolerantes. Su desempeño legislativo ha sido entre discreto y mediocre. Habiéndose cambiado de partido al menos 8 veces en sus 7 periodos legislativos, el candidato del Partido Social Liberal ha sido incapaz de trabajar en equipo y construir alianzas. En numerosas ocasiones, su temperamento explosivo lo ha llevado a reaccionar agresivamente.

 

Incluso para los que valoran el foco en reformas económicas de su programa, Bolsonaro es un converso reciente —y posiblemente solo de forma oportunista— a las políticas de libre mercado. Aunque los mercados ponen su confianza en Pablo Guedes, el más probable ministro de Hacienda, Bolsonaro y él se conocen desde hace poco. En el mejor escenario posible, esa relación evolucionará como la de la Presidenta Michelle Bachelet y Andrés Velasco (2006-2010). En el peor escenario, Guedes y Bolsonaro se llevarán como lo hizo Bachelet con Rodrigo Valdés en el gobierno que terminó en marzo de 2018.

 

Bolsonaro probablemente se convertirá en presidente porque una amplia mayoría de los brasileños ha optado por darle una oportunidad —o bien simplemente porque cree que es el mal menor. El voto de rechazo al PT, y a lo que ahora simboliza el expresidente Lula, representó una barrera demasiado difícil de superar para Fernando Haddad, el tecnócrata y ex ministro de Educación escogido por el líder del PT para ser el abanderado de su partido. Por eso debiera aprovechar la posibilidad y, en vez de repetir su polémica trayectoria de líder polarizador y autoritario, seguir el ejemplo de su némesis político. Cuando ganó en 2002, Lula generó temor por su pasado como líder sindicalista, su discurso populista y sus posturas anti-mercado y críticas del modelo capitalista. Cuando quedaba claro que ganaría las elecciones, los mercados comprensiblemente se asustaron. No faltaron los que anticipaban que Lula seguiría el camino izquierdista radical que entonces propiciaba el líder venezolano Hugo Chávez. Las referencias al populismo de izquierda abundaban en los medios internacionales que hablaban de lo que sería un posible gobierno de Lula.

 

Pero apenas ganó la segunda vuelta electoral, Lula sorprendió gratamente a los mercados y a la comunidad internacional al demostrar que sería un presidente constructor de consensos, unificador, moderado, razonable y pragmático. Si bien se comprometió con los más necesitados al impulsar el programa de Hambre Cero (que después devino en Bolsa Familia) y mantuvo algunas posturas tradicionalmente izquierdistas, demostró una loable capacidad de ser pragmático, razonable y moderado en sus 8 años al mando del país más importante de América Latina. Si bien hoy el legado de Lula, y de los 14 años de gobiernos PT, está en entredicho —y los escándalos de corrupción han destruido la impecable reputación que antes tenía el líder político más importante de Brasil en las últimas décadas— es innegable que el país progresó y se desarrolló durante sus años en el poder.

 

Aunque ha hecho carrera política denunciando el legado del PT, Bolsonaro debiera aprender una lección clave de lo que hizo Lula al llegar al poder. Porque para ser exitoso se necesita ser un unificador, constructor de consensos y pragmático, el próximo Presidente de Brasil debiera seguir el ejemplo de Lula y avanzar hacia la moderación después del 28 de octubre.

 

Es verdad que Bolsonaro deberá también cumplir algunas de sus promesas. Parece razonable que el próximo gobierno implemente políticas decididas y efectivas para disminuir el crimen y la violencia.  Pero en lo que respecta a cómo avanzar en su desafío de lograr que Brasil vuelva a crecer de forma sostenida y sustentable, Bolsonaro debiera entender que se llega más lejos gobernando por el centro que por los extremos.

 

Hoy mucha gente está comprensiblemente preocupada por el futuro de Brasil. Pero la historia ya nos demostró en 2002 que los presidentes electos de ese país son capaces de sorprendernos para bien. Si Bolsonaro repite la estrategia de Lula de gobernar desde el centro y la moderación, podrá construir un mejor Brasil.