La verdadera victoria frente a Bolivia

Patricio Navia

El Líbero, octubre 2, 2018

 

Si bien la sentencia de la Corte Internacional de La Haya es satisfactoria para Chile y tranquilizadora para aquellos que defienden el estado de derecho, resultaría iluso creer que la demanda de Bolivia por una salida soberana al mar desaparecerá. Como este país jamás renunciará a su esfuerzo por terminar con su mediterraneidad, los chilenos deberemos optar entre prepararnos para tener una relación hostil con nuestros vecinos o bien tomar nosotros la iniciativa y buscar una solución que muestre nuestra capacidad de ser creativos, innovadores y líderes positivos en una región que por años ha carecido de líderes de talla mundial.

 

Ahora que La Haya falló a favor de Chile, la reacción natural inmediata de muchos chilenos es refregarle esta derrota en la cara a Bolivia, y en especial a su personalista presidente Evo Morales. Hay buenas razones para sentirse especialmente nacionalista. Las provocaciones del Presidente Morales hacia Chile han sido numerosas e injustificadas. Después de convertirse en el primer presidente indígena de su país e inaugurar un periodo de democratización y crecimiento económico, el Mandatario boliviano se ha convertido en un líder autoritario e irrespetuoso de la voluntad popular. Si bien una mayoría de los bolivianos votó a favor de limitar los periodos de reelección presidencial, Morales ha impuesto su postura a favor de la reelección presidencial indefinida. Esta posición terca y obstinada refleja su falta de compromiso con la democracia. Después de todo, para aquellos que creen que la voz del pueblo es la voz soberana resulta incomprensible que un presidente democráticamente electo recurra a artimañas legales para desacatar un claro mandato popular que pone límites a la reelección presidencial indefinida.

 

El Presidente Morales ha usado la bandera nacionalista de la demanda por acceso soberano al mar para avanzar su propia agenda política doméstica. Cada vez que se encuentra con problemas de aprobación, ha recurrido al discurso nacionalista y confrontacional con Chile. La salida al mar para Bolivia es un comodín que usa cada vez que la paciencia de los bolivianos se empieza a agotar. Ya convertido en el líder que más tiempo ha estado en el poder desde la independencia de su país, Morales parece estar atrapado en un personaje con un agresivo discurso de izquierda y antiimperialista que busca la simpatía de una opinión pública internacional que siempre parece querer apoyar al más débil.

 

En fin, hay buenas razones para creer que mientras Morales siga en el poder en Bolivia, resultará imposible superar el impasse actual que se ha producido después de la victoria de Chile en La Haya. Después de todo, la decisión de ir a La Haya fue del propio Morales. Esta derrota es mucho más suya que del pueblo boliviano.

 

Pero lo cierto es que, con o sin Morales en el poder, Bolivia seguirá siendo vecino de Chile. Por lo tanto, ponernos de acuerdo es algo que le conviene a ambos países. A diferencia de los vecinos de barrio que eventualmente se pueden cambiar de casa, seguiremos compartiendo fronteras. La incapacidad de los bolivianos y chilenos para ponernos de acuerdo en una solución que sea mutuamente conveniente seguirá teniendo costos para ambos países.

 

Ahora que está despejada la duda sobre las obligaciones de Chile —no tenemos ninguna obligación de sentarnos a conversar o negociar nada con Bolivia porque la cuestión territorial está zanjada— la pelota está en la cancha boliviana. El statu quo es hoy todavía más adverso para las aspiraciones de Bolivia que antes de que ese país fuera a La Haya. Si nadie hace nada, todos perdemos. Pero Bolivia pierde mucho más. Por eso, la posición más cómoda para Chile sería mantenerse así.

 

Pero una postura más ambiciosa y visionaria nos debiera llevar a pensar en todo lo que ambos países podemos ganar —en los beneficios mutuos— si logramos encontrar una fórmula mutuamente conveniente para que Bolivia logre su anhelada salida al mar y Chile mantenga su integridad y cohesión territorial. La solución no es fácil. Pero tampoco es imposible. Si bien Chile no pierde mucho con mantener el statu quo, hay muchas oportunidades de más desarrollo, crecimiento, reputación internacional y liderazgo que estaríamos dejando pasar si no tomamos la iniciativa para encontrar un acuerdo mutuamente favorable con Bolivia. Es cierto que, en los próximos meses, Bolivia levantará las banderas nacionalistas y Evo Morales usará el discurso confrontacional para buscar mayor popularidad y asegurarse la reelección. Pero eventualmente, cuando se calmen los ánimos, Chile debiera tomar la iniciativa e invitar a Bolivia a sentarse a conversar —sin imposiciones ni presiones indebidas— en busca de una solución que sea conveniente para ambos países, que le permita a Bolivia una salida al mar y a Chile defender su soberanía y demostrarle al mundo que somos líderes constructivos en un continente que carece de liderazgos positivos.