Chile, ¿un país de flojos?

Patricio Navia

El Líbero, septiembre 18, 2018

 

Para aquellos que vivimos en el extranjero, esto de que un país se paralice por cinco días con motivo de las fiestas patrias resulta entre pintoresco y preocupante. Si Chile aspira a ser un país desarrollado y próspero, los chilenos deberemos abandonar las costumbres propias de países subdesarrollados y económicamente estancados.

 

En la gran mayoría de los países más desarrollados, la cantidad de feriados nacionales es inferior a los 16 que tenemos cada año en Chile. Incluso en América Latina, hay pocos países que tienen dos días de celebración de fiestas patrias. Cuando se trata de feriados, los chilenos nos olvidamos de los altos estándares que los chilenos exigimos al sector público y privado. Cuando se habla de feriados, nadie quiere parecerse a los países de la OECD.

 

Muchos argumentan que los chilenos necesitamos más feriados porque, después de todo, en el país se trabaja mucho. La jornada laboral es de 45 horas a la semana —5 más que el estándar internacional. El número de horas que trabajan los chilenos es superior a la mayoría de los países OECD.  Si se suma a eso la cantidad de tiempo que toman los chilenos para llegar de sus hogares al trabajo, se podría entender que la gente esté cansada y que necesiten más días de descanso. Pero esos argumentos no cuadran con la realidad. Es verdad que los chilenos trabajan muchas horas al año, pero la productividad de un trabajador chileno es inferior a la de países en niveles de desarrollo comparables. La gente pasa muchas horas en el trabajo, pero producimos menos de lo que debiéramos. Además, las tasas de licencias médicas —especialmente aquellas asociadas a depresión— particularmente altas, lo que hace pensar que hay muchos abusadores que logran obtener esos permisos para cobrar sueldos sin trabajar.

 

Es innegable, además, que la lógica del feriado largo afecta la productividad en los días inmediatamente anteriores y posteriores a los feriados. Me tocó estar en Santiago el viernes 14 de septiembre. Además de las numerosas actividades de celebración de las fiestas patrias que se organizaban en las empresas y reparticiones públicas —lo que en la práctica implica sumarle horas adicionales al feriado largo en que la gente no se dedica a su trabajo— el tráfico en la hora de punta fue sustancialmente inferior a lo que normalmente se ve los viernes de tarde. O sea, mucha gente se retiró antes de sus trabajos. Si consideramos que esa misma semana muchos otros también se habían ido antes de la pega —para evitar la violencia que se produce en algunos barrios producto de un nuevo aniversario del 11 de septiembre— se debe sumar una cantidad de horas perdidas en los trabajos a las que implica tener feriado el lunes 17, martes 18 y miércoles 19 de septiembre. Como muchas personas decidieron tomarse la semana completa, la productividad del país caerá sustancialmente en el mes de septiembre.

 

Es verdad que no todo en la vida puede ser trabajo. Es bueno que haya feriados y que la gente pueda pasar más tiempo con sus familias. En Estados Unidos, por ejemplo, el fin de semana del día de acción de gracias, a fines de noviembre, es un feriado largo que, para muchos, empieza el miércoles y termina el domingo. Pero en Chile, los fines de semana de 4 o 5 días son cada vez más recurrentes. Sin ir más lejos, ya que son feriados el jueves 1 y viernes 2 de noviembre, los chilenos tendrán ocasión de gozar un nuevo fin de semana largo. La celebración del Día de Todos los Santos —un feriado religioso que honra una fecha del calendario católico— es una tradición en el país. Pero ya que la gente es cada vez menos religiosa, tal vez correspondería disminuir el número de feriados católicos que se observan en Chile. La conmemoración del día de las iglesias protestantes y evangélicas es un sinsentido. Promulgado bajo el gobierno de Bachelet como un reconocimiento a las iglesias evangélicas, el día no es celebrado ni siquiera como feriado en los países protestantes del mundo. Pero en Chile, dada nuestra adicción a los fines de semana largos, optamos por darle lecciones de valoración del protestantismo incluso a los países protestantes.

 

Si además sumamos que la actividad laboral será marcadamente menor el lunes 24 y el lunes 31 de diciembre de este año, resulta difícil contraargumentar cuando alguien nos acusa de ser adictos a los feriados. Cualquier observador internacional, ante la cantidad de fines de semana largos que logramos disfrutar los chilenos, fácilmente pudiera plantear que, tal vez, uno de los problemas que frenan la transición de Chile para convertirnos en un país desarrollado es, lisa y llanamente, que los chilenos, después de todo, somos flojos.

 

Como estamos en el medio de un fin de semana largo, habrá muy poca gente que lea esta columna. Afortunadamente entonces, muy poca gente se enterará de que califico de flojos a mis compatriotas. Y los chilenos disfrutarán de otro fin de semana largo mientras la gente en el resto del mundo trabaja.