Mala idea esperar un castigo a la oposición bloqueadora

Patricio Navia

El Libero, agosto 31, 2018

 

Aquellos que en el gobierno del Presidente Piñera apuestan a que la opinión pública terminará castigando la estrategia del bloqueo legislativo que parece estar adoptando la oposición olvidan que los chilenos acaban de reprobar en las urnas a la coalición de centroizquierda. Pero esa misma gente votó, en primera vuelta, a favor de un gobierno dividido, negándole a Chile Vamos la posibilidad de tener mayoría en el parlamento. Luego, el único camino que le queda al gobierno es doblegar esfuerzos para encontrar parlamentarios con los que poder negociar acuerdos para el aumento del salario mínimo y para la reforma tributaria.

 

En democracia a menudo resulta difícil entender la voluntad de los electores. Los mensajes que envía el electorado a través de su voto son confusos y siempre hay distintas interpretaciones. Pero no hay dobles lecturas cuando se trata de contar cuántos escaños tiene cada coalición en el parlamento y cuánto pesa cada partido. En la primera vuelta de la elección presidencial de noviembre de 2017, los chilenos votaron para darle una mayoría a la izquierda en ambas cámaras del congreso. Mientras los candidatos a la Cámara de Diputados de Chile Vamos sumaron un 38.7% de los votos —recibiendo un 45.6% de los escaños—, los candidatos de las tres coaliciones de izquierda (Fuerza de Mayoría, PDC y Frente Amplio) recibieron 24.1%, 10.7% y 16.5% de los votos respectivamente, lo que les permitió acceder al 27.7%, 6.9% y 12.9% de los escaños en la Cámara, respectivamente.

 

Para mala fortuna de Chile Vamos, los 72 escaños que posee no le alcanzan para la mayoría de 78 que se necesita en la Cámara para pasar la reforma tributaria o una ley que aumente el salario mínimo. La suma de los 43 escaños de Fuerza de Mayoría, los 14 del PDC y los 20 del Frente Amplio —77 diputados— tampoco alcanza. En cambio, y para suerte de las tres coaliciones de centroizquierda, los otros 6 escaños que ganaron independientes y partidos menores están más cerca de ellos que de la derecha. Luego, es un hecho indesmentible que la izquierda tiene el control de la Cámara y también del Senado, donde la correlación de fuerzas es de 23 de centroizquierda, 19 de Chile Vamos y un independiente.

 

Los chilenos votaron de tal forma que dieron el control del Ejecutivo a Chile Vamos y una mayoría a la centroizquierda en el Congreso. No se le puede echar la culpa al sistema electoral; después de todo, la coalición que salió más favorecida por el nuevo sistema fue Chile Vamos, que recibió un bono adicional de escaños por ser la coalición más votada. La voluntad popular fue que entre 2018 y 2022 haya un gobierno dividido en el país. Para que el gobierno de Piñera pueda ser exitoso, sus estrategas deben aceptar que tienen apoyo minoritario en el Congreso.

 

El gobierno dividido obliga a que el Ejecutivo y el Legislativo deban, si quieren oír la voz del pueblo, sentarse a negociar. No caben los vetos ni las amenazas de parálisis. La gente quiere que las autoridades sean capaces de entrar dignamente en la tan desacreditada cocina política a negociar acuerdos que permitan al gobierno avanzar sus objetivos y a la centroizquierda defender sus propias prioridades. En las negociaciones nadie se puede quedar con todo el premio. Hay que transar. Los discursos agresivos que desacreditan a los rivales pueden satisfacer a los partidarios más comprometidos, pero no cambian la realidad de un gobierno dividido por voluntad de los chilenos que fueron a votar en primera y en segunda vuelta.

 

Después de fracasar en el intento por dividir a la oposición y lograr que el PDC —o al menos una parte del PDC— cruzara la trinchera ideológica y se sumara al gobierno de Piñera, la única opción que hoy tiene Chile Vamos es promover el diálogo con gente que piensa distinto y tiene una idea distinta del país que quieren construir.

 

Los chilenos ya castigaron a la oposición en diciembre de 2017, negándole la posibilidad de mantenerse en el poder. Lo peor que le puede pasar ahora es que le repitan el castigo en las próximas elecciones. Pero eso equivaldrá a que la centroizquierda se mantenga en el statu quo. En cambio, Chile Vamos arriesga mucho más si los chilenos se sienten insatisfechos con su desempeño. Si no es capaz de construir acuerdos para avanzar en una reforma tributaria y para mejorar el salario mínimo, la gente podrá optar también por castigar al oficialismo, negándole la posibilidad de mantenerse en el poder más allá de marzo de 2022.

 

Como Chile Vamos tiene mucho más que perder, la responsabilidad recae ahora en la centroderecha que deberá doblegar esfuerzos para encontrar legisladores razonables y pragmáticos en la centroizquierda con cuyos votos pueda lograr promulgar una reforma tributaria y un aumento del salario mínimo.