Mi voto por Sebastián Piñera

El Líbero, diciembre 8, 2017

Patricio Navia

 

Después de cuatro años de reformas bien intencionadas y mal implementadas que afectaron negativamente el desarrollo económico, Chile necesita de un líder con experiencia y visión que ponga el foco principal en el crecimiento. Sebastián Piñera está mejor capacitado para hacer que el gobierno deje de ser un obstáculo para la inversión, el desarrollo económico y la generación de empleo. Aunque desaprovechó una valiosa oportunidad para demostrar que aprendió lecciones y que no cometerá los mismos errores que en su primer gobierno, una comparación de fortalezas y debilidades de los dos candidatos y de las coaliciones que los acompañan induce a tomar la decisión de votar por Piñera. Porque, a mi juicio, Alejandro Guillier no tiene ni las capacidades para gobernar ni un plan para promover el crecimiento —condición necesaria para poder reducir la desigualdad—, mientras que el Presidente tiene un buen plan y las capacidades necesarias, mi voto el 17 de diciembre será para él.

 

En las elecciones presidenciales, la ciudadanía decide cuál va a ser la hoja de ruta para el país y el piloto encargado de avanzar en esa dirección en los próximos cuatro años. En primera vuelta, hay más opciones para elegir. Pero en segunda, la democracia inevitablemente deviene en una elección entre dos opciones subóptimas. Por eso, mucha gente se siente obligada a escoger el mal menor. Si bien esa caracterización es comprensible, también es injusta. Cada ciudadano tiene preferencias únicas respecto de una multiplicidad de asuntos. Como la democracia consiste en agregar preferencias, tener que escoger entre dos opciones siempre deja un cierto grado de insatisfacción. Pero que las dos opciones de segunda vuelta no se ajusten perfectamente al ideal de cada ciudadano no significa que sean malas.

 

La opción de abstenerse es comprensible cuando hay un candidato favorito para ganar o para aquellos que se sienten igualmente distantes de los dos postulantes. Pero parece difícil que haya personas a quienes les dé lo mismo si el próximo Presidente es Guillier o Piñera. De ahí que todo aquel que tiene un sueño de país debiera decidir si el camino cada candidato se acerca más a ese sueño y votar en consecuencia.

 

Hay numerosas razones para no querer votar por Piñera. Su decisión de buscar un segundo período obstaculizó la renovación en la derecha. En vez de que la campaña se centrara en un debate sobre el futuro, su candidatura hizo que las críticas sobre los errores y omisiones de su gobierno opacaran las propuestas de su programa. Inevitablemente, su campaña ha tenido que dar explicaciones por los casos de corrupción y tráfico de influencias en su administración, el fallido Censo y otras polémicas. Además, Piñera ha caído en los mismos errores de su primer mandato. Su equipo no refleja la diversidad de Chile, ni siquiera la diversidad de la derecha. Los conflictos de interés están al acecho y su gobierno probablemente volverá a ser igual de elitista que la primera vez.

 

Pero también hay buenas razones para votar por él. El ex Presidente tiene credenciales académicas impecables, ha sido un exitoso empresario, fue un destacado senador y es conocedor de la forma en que funciona el gobierno. Es capaz de armar equipos técnicamente capaces y tiene la experiencia de haber sido Presidente, con un legado de más luces que sombras. Su programa de gobierno es razonable, realizable y sensato. Además, es el líder de una coalición ordenada en torno a una hoja de ruta común. Después de la primera vuelta, Piñera también mostró la necesaria sensatez y pragmatismo para escuchar la voz de la gente y ajustar su programa. En cualquier elección presidencial, sería un candidato formidable.

 

En la contienda del 17 de diciembre, Piñera se enfrenta a Alejandro Guillier, un hombre que entró hace cuatro años a la politica y cuya experiencia anterior y trayectoria profesional e intelectual le ayudan poco para enfrentar los desafíos que implica ser Presidente. En la campaña, ha demostrado más debilidades que fortalezas. Además de desconocer cuestiones clave de políticas públicas —sin olvidar que estuvo a punto de no presentar un programa de gobierno antes de la primera vuelta—, Guillier no ha sido capaz de formar equipos estables. Su estilo amable y cordial en campaña ha sido manchado por declaraciones destempladas respecto de los empresarios, las multinacionales e incluso sus adversarios políticos. En los meses que ha sido candidato, no ha logrado mostrarse como un hombre de una sola línea, con una visión clara y una hoja de ruta definida sobre el país que quiere construir.

 

Porque la incertidumbre que rodea a esta elección obliga a tomar partido entre dos opciones menos que ideales, corresponde sopesar las fortalezas y debilidades de los dos candidatos en carrera. Porque creo que Sebastián Piñera está mejor preparado, mejor capacitado y mejor acompañado para realizar un gobierno exitoso, votaré por él y por su programa este 17 de diciembre.