La participación electoral en segunda vuelta

Patricio Navia

El Líbero, diciembre 5, 2017

 

Parte de la incertidumbre que rodea a la segunda vuelta presidencial del 17 de diciembre se explica porque nadie sabe cuánta gente saldrá a votar. Aunque algunos argumentan que, dado el sistema de voto voluntario, algunas personas que apoyaron a candidatos perdedores en primera vuelta se abstendrán, hay buenas razones para creer que como la contienda es más ajustada y el resultado es incierto, aumentará la participación en el balotaje. De ahí que para la derecha la victoria probablemente dependa más de ganar entre los nuevos votantes —aquellos que no participaron el 19 de noviembre, pero sí irán a votar el 17 de diciembre— que de intentar que quienes dieron su voto a un candidato de izquierda crucen el cerco ideológico y apoyen a Sebastián Piñera en segunda vuelta.

 

De las cuatro ocasiones anteriores en que hubo balotaje, en dos la participación fue superior en primera vuelta. En 2009 votaron válidamente 6.977 millones de personas, pero en segunda vuelta bajaron a 6.958 millones. En 2013, cuando la segunda vuelta se anticipaba como una carrera fácil para Michelle Bachelet, la participación válida pasó de 6.585 millones a 5.582 millones entre ambas votaciones.

 

Pero en las dos contiendas presidenciales anteriores, 2005 y 1999, la participación fue mayor en segunda vuelta que en primera. En 1999, cuando la primera vuelta fue una elección muy cerrada que terminó con una leve ventaja para Ricardo Lagos sobre Joaquín Lavín, la participación fue de 7.055 millones. En segunda vuelta el número de votos válidos aumentó a 7.178 millones. En 2005, cuando la derecha fue dividida en primera vuelta —y las candidaturas de Sebastián Piñera y Lavín lograron sumar un número mayor de votos que los obtenidos por Michelle Bachelet—, la votación en primera vuelta alcanzó 6.942 millones. En el balotaje, cuando Bachelet se impuso con cierto margen de ventaja a Piñera, la participación aumentó a 6.959 millones de votos válidos.

 

Es verdad que a partir de 2013 la inscripción es automática y el voto voluntario, por lo que la decisión de ir a votar depende de las ganas que tengan las personas el día de la elección. Así como nadie está obligado a ir a votar, cualquiera que desee puede hacer uso de su derecho cívico sin tener que inscribirse previamente. Si bien el padrón electoral está inflado —pues hay decenas de miles de personas inscritas que no residen en Chile y varios otros miles que presumiblemente están muertos—, cualquiera de los más de seis millones de personas que, residiendo en el país y estando físicamente capacitadas, optaron por no votar en la primera vuelta, podría ser parte del proceso electoral en la segunda, cuyo resultado aparece más incierto. Por eso, si bien hay razones para creer que se abstendrán algunos que votaron en noviembre por un candidato que ya no estará en la papeleta, también hay razones poderosas para esperar que alguna gente que no votó en primera vuelta se va a animar a participar en el balotaje, precisamente por lo ajustada que se ve la elección.

 

Como suele ocurrir en las segundas vueltas, la presencia de dos candidatos induce a una mayor polarización en el electorado. Los candidatos buscan entusiasmar a sus bases con mensajes que resaltan las diferencias con su rival y, a menudo, con aseveraciones exageradas sobre la dirección equivocada que tomará el país si ellos pierden.

 

En las dos semanas que han transcurrido desde la primera vuelta, Alejandro Guillier y Sebastián Piñera se han esmerado en marcar sus diferencias. Porque sólo obtuvo un 22% de la votación en primera vuelta, Guillier ha buscado transformar el balotaje en un referéndum sobre Piñera. A su vez, porque sabe que genera más rechazo entre la gente con menos probabilidad de votar, éste ha buscado articular un mensaje dirigido a potenciales votantes de derecha que se quedaron en casa en primera vuelta. La declaración de ayer de Piñera, sugiriendo intento de fraude en algunas mesas en la primera vuelta, buscaba entusiasmar a sus bases para que participen como apoderados de mesa el 17 de diciembre. Si bien se excedió en sus dichos, poniendo en cuestionamiento la solidez y fortaleza de las instituciones electorales —y la Nueva Mayoría aprovechó la oportunidad para insistir en su estrategia de que no hay una segunda vuelta, sino un referéndum sobre Piñera—, el objetivo del ex Presidente es promover una participación más alta entre los simpatizantes de la derecha.

 

Porque la contienda del domingo 17 aparece como la más competitiva desde que se realizan segundas vueltas presidenciales en Chile, el nombre del ganador probablemente lo decidirán aquellos que, habiéndose abstenido en primera vuelta, se animen ahora a ir a las urnas para escoger al próximo Presidente entre Sebastián Piñera y Alejandro Guillier.