Ganar en primera vuelta

Patricio Navia

EL Líbero, octubre 27, 2017

 

Si bien los resultados de la encuesta CEP muestran que Sebastián Piñera tiene una enorme ventaja sobre sus rivales y está cerca de ganar en primera vuelta, es un error para la derecha alimentar la expectativa de que esta elección se puede decidir el 19 de noviembre. Si la derecha cae en ese error, cualquier votación inferior al 50% transformará el cómodo primer lugar de Piñera en una derrota y en una oportunidad para instalar la vulnerabilidad del ex Presidente. Precisamente porque en la segunda vuelta hay menos espacio para errores, es mala idea arriesgar que el primer lugar que obtendrá Piñera en la primera vuelta se transforme en una derrota simbólica.

 

La divulgación de la Encuesta CEP —que por su carácter de nacional y presencial, y por su capacidad predictiva en elecciones anteriores, se ha convertido en el oráculo de las encuestas— trajo algunas sorpresas. Contrario a lo que sugieren otros sondeos, como CADEM —cuya metodología es menos rigurosa, pero tiene la ventaja de que se realiza todas las semanas—, la CEP confirmó la enorme fortaleza de Piñera y la debilidad de Guillier, que no obstante parece estar firme en el segundo lugar. Las candidaturas alternativas de Beatriz Sánchez y José Antonio Kast aparecen más débiles de lo que muestran otros sondeos, mientras que la candidatura presidencial de Marco Enríquez-Ominami aparece en la pelea por el tercer lugar. SI bien cada campaña siempre interpreta las encuestas de la forma que les resulta más conveniente, no se puede ignorar la incuestionable ventaja de Piñera.

 

Esa ventaja de Piñera ha generado un comprensible —pero poco saludable— optimismo entre simpatizantes del sector. Varios se han animado incluso a especular sobre la posibilidad de que la derecha obtenga, por primera vez en la historia de la democracia actual, una mayoría absoluta de los votos en primera vuelta. Si la votación que reciban Piñera y José Antonio Kast supera el 50% en primera vuelta, el balotaje debería ser sólo un trámite para confirmar el retorno de Piñera a La Moneda. Pero otros se han animado incluso a sugerir que, en solitario, Piñera puede obtener más del 50% de la votación, evitando tener que enfrentar a un rival que una la votación de izquierda en diciembre. Desde que Eduardo Frei obtuvo el 58% en 1993, ningún candidato presidencial ha logrado superar la barrera del 50% en primera vuelta, ni siquiera Michelle Bachelet, que en 2013 era más popular de lo que es Piñera hoy.

 

En 2005, si bien la suma de votos de Piñera y Joaquín Lavín, los dos candidatos de derecha, superó la votación de la abanderada de la Concertación, Michelle Bachelet, la suma de votos de los candidatos de izquierda superó el 50% en primera vuelta, confirmando el mayor apoyo electoral de ese sector. En 2009, pese a que la sumatoria de votos en primera vuelta de los tres candidatos de izquierda superó el 50%, Piñera logró una ajustada victoria en segunda vuelta.

 

Este año, la fragmentación en la izquierda —que tiene cuatro candidatos presidenciales competitivos—ha consolidado la ventaja de Piñera en las encuestas. Pero la presencia de Kast dificulta la posibilidad de que el ex Mandatario supere el 50% de los votos en noviembre. SI bien la encuesta CEP pudiera inducir a algunos simpatizantes de Kast a votar por Piñera, para tratar de evitar tener que volver a votar en diciembre, la existencia de una segunda vuelta pudiera también llevar a algunos votantes de derecha a apoyar a Kast en la primera ronda sabiendo que pueden votar por Piñera en la segunda.

 

Por eso, resulta peligroso que la propia derecha alimente expectativas de que esta elección presidencial se puede decidir a favor de Piñera en la primera vuelta. Si se instala esa expectativa, cualquier votación de Piñera inferior al 50% será interpretada como una derrota. Aunque la ventaja que Piñera le saque a sus rivales sea enorme, si la derecha alimenta las expectativas de una victoria en primera vuelta, la sola necesidad de realizar una segunda vuelta será hábilmente transformada por el candidato que obtenga el segundo lugar en una derrota para las aspiraciones presidenciales de Piñera.

 

Porque no hay nada peor que obtener la primera mayoría relativa de votos y ver que la lectura generalizada es que el candidato fracasó en su intento por ganar en primera vuelta, Piñera debiera combatir la tentación de convertir la victoria en noviembre en el objetivo de su campaña. Es verdad que siempre es mejor ganar sin tener que ir a segunda vuelta, cuando toda la izquierda tendrá oportunidad de unirse detrás de un mismo candidato. Pero resulta mucho más seguro bajar las expectativas que alimentar expectativas que puedan hacer que el primer lugar que obtendrá Piñera sea interpretado por muchos como un fracaso en el intento por asegurar la elección presidencial en primera vuelta.