Las vulnerabilidades de Piñera

Patricio Navia

El Líbero, agosto 15, 2017

 

Aunque su camino a La Moneda aparece cada vez más despejado, el ex Presidente Sebastián Piñera tiene vulnerabilidades evidentes que dotan de un grado de incertidumbre a la segunda vuelta del 17 de diciembre. Si bien es improbable que alguno de sus rivales logre constituirse en amenaza en el balotaje, él ya ha dado señales de que puede constituirse en su propio peor enemigo. A menos que controle sus flancos débiles, el retorno de Piñera a La Moneda podría terminar complicándose mucho más de lo que ahora presagian las encuestas.

 

Al igual que en 2013, la campaña presidencial de este año tiene un claro favorito y el ex Presidente domina ampliamente en las encuestas. Pero a diferencia de la elección anterior, cuando Bachelet mostraba altos niveles de aceptación, Piñera tiene altos niveles de rechazo. Hay un porcentaje importante del electorado decidido a no votar por él. Si en Chile la votación siguiera siendo obligatoria, el rechazo pudiera ser suficiente para provocar su derrota en la segunda vuelta. Pero como las personas pueden ejercer su derecho a no votar, a menos que los que rechazan a Piñera crean que hay una mejor alternativa, el ex Presidente de todos modos podrá salir victorioso.

 

Como uno de los últimos sobrevivientes de la generación de la transición, Piñera es uno de los políticos más conocidos del país. Sus niveles de aceptación y rechazo no van a variar mucho en lo que queda de campaña. Es improbable que haya algo que pueda hacer para cambiar la opinión que de él tiene la mayoría de los chilenos. Aunque cuando Piñera se sale de libreto con alguno de sus malos y ofensivos chistes, mucha gente lo critica, es improbable que eso provoque que sus votantes lo abandonen. Los que votan por él conocen muy bien sus fortalezas y debilidades.

 

Pero esas salidas de libreto sí tienen un efecto sobre aquellos que rechazan a Piñera. Esos chilenos que no ven con buenos ojos al ex Presidente, los errores de campaña y los comentarios desafortunados que siga realizando pueden tener efectos significativos sobre la decisión de voto de esas personas en segunda vuelta. Ya que los rivales de Piñera no han logrado entusiasmar a sus bases —y mucho menos a los votantes poco involucrados en la política—, la única posibilidad que tienen de ganar la contienda presidencial a fin de año es que el voto anti-piñerista se vuelque masivamente a las calles para apoyar a cualquiera sea el candidato que lo enfrente en segunda vuelta.

 

La estrategia de polarización que promueve el Gobierno de Bachelet en torno al eje autoritarismo-democracia probablemente no va a funcionar, en tanto son cada día menos los chilenos que definen sus preferencias políticas a partir de la división que marcó al país a fines del siglo XX. Pero la estrategia de convertir la segunda vuelta en un referéndum sobre Piñera bien pudiera funcionar. Especialmente si lo único que hoy parece unir a los distintos candidatos de centroizquierda es su decidida oposición al modelo neoliberal que él representa.

 

Es verdad que ese modelo es similar al que en su momento promovieron los Gobiernos de la Concertación, aunque posiblemente tenga menos elementos de una economía social de mercado. También es cierto que la mayoría de los chilenos apoyó con entusiasmo el modelo implementado en las dos décadas doradas de gobiernos concertacionistas. Pero de poco sirve defender hoy un modelo que la gente rechaza por viejo más que por su contenido. Si bien los chilenos gustan de la hoja de ruta de moderación y pragmatismo que permitió a Chile convertirse en el país más desarrollado de la región, no quieren volver al pasado. Luego, para conquistar el corazón y la imaginación de la gente, hay que presentar el mismo mensaje de antes en un nuevo envoltorio. Como Piñera, con sus 67 años de edad y 30 años en la vida pública, no puede representar una renovación en el discurso, la estrategia oficialista será asociarlo con lo viejo y buscar convertir al candidato que lo enfrente en segunda vuelta en sinónimo de lo nuevo.

 

Es cierto que la gente pudiera rechazar lo nuevo si cree que Chile va a seguir por la misma errada senda que ha avanzado en el segundo cuatrienio de Bachelet. Un candidato continuista no será exitoso. Pero uno que prometa avanzar para lograr que el país alcance sus aspiraciones de reformas —como el acceso igualitario a educación de calidad para todos los chilenos sin que tengan que endeudarse— puede tener éxito. Hasta ahora, ninguno de los candidatos de centroizquierda ha logrado dar con el tono adecuado en el mensaje. Pero todavía queda tiempo. Y, lo que resulta todavía más preocupante para Piñera, es que los errores no forzados que comete en su campaña nos recuerdan las enormes vulnerabilidades electorales del hombre que hoy tiene la mejor opción para convertirse en el próximo Presidente de Chile.